Llueve sobre mojado

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry

Please, scroll down to read the English version, below the image.

Llueve sobre mojado.
Mis pies encharcados
caminan por un nido de asfalto.
No hay paja ni tierra.

Me confío a la lluvia,
a su cadencia ingrávida
en la piel de un ser diminuto
que osa volar desde el suelo.

Solo el aire se oye
engarzando nubes de acero
amortiguando mi paso,
acariciando mis labios

Llueve sobre mojado;
sigue lloviendo.
El cielo me cobija.
No puedo caer.

Acuarela ©Rubal

It rains on the wet.
My soaked feet walk
hovering over an asphalt nest.
There is no straw or earth.

I entrust myself to the rain,
to its weightless cadence
from underneath the skin of a tiny being
who dares to fly from the ground.

Only the air is heard
weaving clouds of steel
cushioning my pace,
caressing my lips.

It rains on wet.
Still raining.
Sky shelters me;
I cannot fall.


©Rubal

Comenzar de nuevo

Cruce de caminos / Crossroads

Me alegra formar parte de un nuevo comienzo.

A MI MANERA

 

Vivimos en un mundo en el que, para mal o para peor, aquello que se encuentra en internet no existe, o es como si no existiera, que al fin y al cabo es lo mismo. Incluso figurando en internet, muchas son las cosas que siguen pasando desapercibidas, también como si no existieran. Son, por un lado, aquellas que no se adecuan a los criterios que rigen esta sociedad, la más opulenta que ha conocido la historia de la humanidad al tiempo que la más injusta, una sociedad que acepta como la única posible una realidad ajena a nuestros designios. Por otro –y consecuencia de esto–, lo mismo sucede con aquello que publicamos en nuestros blogs o en cualquier otra plataforma, y más aún cuando lo que publicamos es un libro, sea del género que sea. O tienes detrás una editorial, cuanto más conocida mejor, o date por jodido. No…

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El rastro del caracol

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters

Carta – 11

Querido escritor/a:

Somos como caracoles que dejan su rastro y van tan despacio, pero van.

Este es un lugar para compartir. Es un espacio de blogueros, personas que se deciden a expulsar sus demonios, derramar sus pensamientos y sentimientos, desbarrar y desmadrarse, echarse unas risas o esbozar una simple sonrisa. La mayoría pensamos que queremos abrir una ventana al mundo para mirar a través de ella y poder gritar lo que nos pasa o nos recorre la cabeza sin juicios gratuitos como respuesta; en otros muchos casos, queremos hallar un lugar donde exponer aquello que parece que se nos da mejor hacer; en otros tantos, extendemos entradas a cada cierto tiempo con el fin de tener un terreno asegurado, un camino trazado desde el que poder observar a otros como nosotros, afines o no con nuestro pensamiento, sentimiento o estilo de hacer las cosas. También nos gusta echar la vista atrás y ver todo lo que hemos andado sin apenas darnos cuenta. Pero en definitiva, estoy segura, lo que nos gusta es asomarnos como esos viejos, esos «mayores», que se asoman a la obra de la calle y les parece el pasatiempo más interesante que puede ocurrirles en la vida de momento. Ver una construcción es realmente apasionante y no le concedemos la suficiente atención.

He decidido quitar la sección de comentarios de mis entradas. Yo, como el/la que más, siente muchas veces el impulso de comentar, pero también es cierto que a veces no siento la necesidad, lo cual no significa que me importa menos lo que acabo de ver o leer, o que no me haya conmovido. Es un estado de ánimo. Y es que se trata, en mi caso, de impulsos que me llegan de un estado emocional o una situación personal, o vete tú a saber por qué. He leído muchas cosas que me han emocionado o gustado y solo he hecho un «like», pero un «like» es algo muy valioso; que no se devalúe. Vale para dar tu apoyo, para dar fe de que algo te ha gustado de verdad, o que estás conforme con ello, o una confirmación de la existencia de alguien a quien de manera regular le sigues. Un saludo reconfortante, un saludo de respeto; en definitiva, un «buen saludo».

Y por ser coherente, igual que quito mi sección de comentarios, tampoco haré comentarios en los espacios de los demás, lo que no significa, como ya he dicho antes, que no aprecie o admire lo que hacen. Pero mi «like» sigue siendo real y auténtico. Por otra parte, hay algo que sí me gusta hacer y que seguiré haciendo, y es referir lo que he descubierto, me ha gustado, me ha conmovido, me ha inspirado, en mis propias entradas —aparecen en la categoría de Cruces de caminos—. Con el tiempo lo haré para todo ello. Es el mejor tributo que puedo ofrecerle, por pequeño que sea mi espacio, y con todos mis respetos. También hay una sección de contacto, así que…

Como no se me ocurre qué más añadir ni cómo terminar esta especie de justificación, lo dejo ahí, como un continuará. No es muy literario, pero no me da más de sí.

En cualquier caso, compañera/o, me encanta seguirte.

Con eterno afecto,

Una admiradora


¿Por qué un caracol? No lo sé – Imagen de ©Rubal

Letter – 11

Dear writer:

We are like snails that leave their trace and go so slowly, but they go.

This is a place to share. It is a place for bloggers, people who decide to expel their demons, pour their thoughts and passions, rave and rant, laugh or give a simple smile. Most of us think that we want to open a window to look through it and be able to shout what happens to us or runs in our head without unthoughtful judgements in response. In many other cases, we want to find a place to expose that which we seem to be better at doing.; in many others, we expand posts from time to time in order to have a secured land, a path drawn from which we can observe others like us, akin or not to our thinking, feeling or style on doing things. We also like to look back and see all the road we have walked, hardly being aware of it. But in the end, I am sure, what we really want to do is like the old people, like those «elders» who stop to watch the things under construction in the street and think that it is the most interesting thing that can happen to them at the moment. Watching something being constructed is a fascinating thing and we do not dedicate enough time to it.

I have decided to remove the «Comment» section from the posts. I, like most of the people, feel the urge to comment, but it is also true that I sometimes do not feel the need to do it, which does not mean I care less about what I have just seen or read, or that I was not moved. It is a mood. And the question is that, in my case, that urge was coming from a state of mind or a personal situation, or who knows why. I have read many things that have moved me or I just liked, and I have only given it a «like»; but a «like» is a very valuable thing and it is not to be debased. It serves for providing your support, to uphold your sincere appreciation, or to say that you agree with it, or a mere confirmation of the existence of someone who you follow on a regular basis. A comforting greeting, a greeting of respect; eventually, a «good greeting».

And as I want to be coherent with my actions, as much as I remove my comment section, I will not introduce my comments in others’, which, as I said before, does not mean that I do not appreciate or admire what they do. My «like» is still real and authentic. On the other hand, there is something I have always been into doing and will continue to do, which is to refer what I have discovered, liked, and been moved or inspired by, in my own posts —they appear in the category Crossroads—. With the time I will refer it all. It is the best tribute I can offer to pay, no matter how small my place is, and with all respect. There is also a contact section in the site, so…

As I cannot think of anything else to add nor how to finish with this sort of justification, I will leave it there, with a «to be continued». It is not a very literary way, but I cannot come up with a better one.

Anyway, comrade, I love to follow you.

With eternal afection,

An admirer

Sin comentarios

Decálogos / Decalogues, Dibujo y color / Drawing and Colour
Grafito, lápiz, etc. ©Rubal

La tarea del taller de escritura, o como se llame, era traer algo de eso que sería mi proyecto y exponerlo delante de un grupo de personas a las que, por otra parte, no he visto nunca en mi vida. Llega el momento de presentarnos y de leer ese trocito de proyecto en alto. Cuando acabo de leerlo, la profesora, que no ha dejado de escribir notas en la copia que le he facilitado, pregunta:

(A mí) —¿Cuál es la premisa?

Sin comentarios …

(A todos) —¿Dónde está el foco?

Sin comentarios…

(A mí) —¿Qué intención tenías?

Sin comentarios…

(A todos) —¿Comprendéis a dónde nos lleva?

Sin comentarios…

A continuación, la profesora comienza a darme explicaciones; a decir que el final debería estar en el principio; que en medio estaba ya la clave que debería ir al final; que el final debería ir en medio, o quizá en ninguna parte… Mientras tanto, me va diciendo: «¿Se me entiende?», e insiste, «¿se me entiende?». A la segunda le digo que sí, aunque lo que en realidad quiero es comerme un Werthers de chocolate sin azúcar que acabo de sacar de la mochila disimuladamente.

Eso fue todo. De regreso a casa, ceno un poco con mi pareja, y este me pregunta qué tal. Yo le digo que no sé. Quizá si supiera la premisa, el foco y la intención del taller al que acababa de asistir podría decirle algo. Al final le respondo que no comprendo a dónde me llevan estas sesiones «creativas» y que no voy a volver más.


Decálogos – 2

No crear una premisa.

No buscar el foco.

No perseguir una intención.

Ir a la deriva.

Sin comentarios…

Yo sé que son aurigas, aun así…

Mi poesía / My Poetry, Paisaje urbano / Urban Landscape
Los aurigas, desde la azotea del edificio del Círculo de Bellas Artes, Madrid – Imagen de ©Rubal

Yo sé que son aurigas, aun así quiero contarte:

Cuando veo que el sol se extingue
sobre un mar de cemento, hormigón y ladrillo,
quiero pensar que es Apolo
llevando hasta consecuencias extremas
los últimos rayos de vida
de esta ciudad soterrada
bajo preparativos de alma nocturna.

Seguro que le sigue Artemisa, su hermana melliza,
engañada por el deseo de conocer el asfalto,
lejos de bosques, arroyos y campos,
extraviada y muy cerca de los animales domados,
perros que han olvidado su origen
por cumplir con sus amos.

Sol, noche, perros y amos, a pesar de todo,
¡qué deslumbrante se hace la urbe
como un mar desatado
creando patrones imperfectos,
geometrías que cobijan
todos los formatos!

Panorámica de Madrid desde la azotea del edificio del Círculo de Bellas Artes, Madrid – Imagen de ©Rubal

Y aquí estoy yo, viéndolo todo
desde esta concurrida atalaya,
donde la aguerrida diosa,
aquella que parió de su cabeza
el auténtico supremo de los lares,
reclama su pago más alto.

Minerva, Palas Atenea,
sé piadosa con los diminutos;
contra nuestra estúpida ignorancia,
nunca tomes represalias
y en tu pecho vigoroso
protege siempre las artes.

©Rubal

Palas Atenea-Minerva, desde la azotea del edificio del Círculo de Bellas Artes, Madrid – Imagen de ©Rubal

El alma en tres partes

Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Acuarela ©Rubal

Carta – 10

Querido escritor/a:

He leído esta mañana la preciosa entrada 21 gramos en el blog de Marié, y me ha recordado una insistencia mía desde que recuerdo: el color que veo en mis sueños —a pesar de que se diga que no hay color en los sueños— y la sensación de división de mi interior. Ya no conservo aquellos textos, pero hubo un tiempo en el que recreaba, por escrito, diálogos a tres voces de mi conciencia.

Al cabo de muchos años, pero muchos, o sea hace unos meses, empecé a hacer dibujos sobre los sueños y sobre los colores que había en esos sueños y sobre personajes que se me ocurrían sin fijarme en nada. Escenarios que no encuentro en la realidad exterior, y tampoco sé si existen en el exterior. Lo hago para olvidar, para separarme de una perspectiva muy cercana a las cosas. Tomar distancia, que se dice, o bien entrar dentro de mí; no verme por fuera.

La verdad es que me he hartado de tener que justificar lo que hago escribiendo o dibujando, o siquiera cocinando… Hago lo que me sale realmente del… alma. No quiero pensar en nada que tenga que ver con el análisis de las cosas, y es difícil, lo sé, pero me agota hacer y luego tener que pensarlo. Me gusta trabajar los materiales, usarlos hasta donde me apetece y dejarlo cuando no me apetece. Al fin y al cabo, gracias a ¿Dios?, no me pagan por ello. No es mi salario.

Según mi dibujo, entonces, mi alma es verde y actúa a tres bandas, y con respecto a su peso, si el alma pesa 21 gramos, cada parte de las tres pesará 7 gramos. Intento evitar caer en el análisis, pero es curioso que ambos números hayan tenido siempre su respectiva carga de significado.

Feliz mes de octubre. Arranque de los cursos y los verdaderos nuevos propósitos.

Con afecto eterno,

Una admiradora

Silencios y temas recurrentes

Cruce de caminos / Crossroads, Incapaz de reseñar / Unable to Review

Hace tiempo me castigaba por tener momentos en los que no quería coger para nada el bolígrafo para escribir, así como momentos en los que no me apetecía coger el lápiz para dibujar. Pero un día, y no sé cuándo fue, ocurrió que me dije «basta» y me rebelé contra el degenerado subconsciente que me dictaba desde no sé qué experiencia del pasado, o bien desde la conducta o el hábito mal aprendidos, lo que debería estar haciendo; misteriosa y mágicamente todo supuesto de obligación se disipó. Dejé de hacer por obligación y descansé y disfruté. Me dije: «Como si no me regresa el deseo nunca más. No pasa nada». Y en esos días estoy ahora. De hecho, cuando estoy de ese ánimo, asoma otra actitud, que es la de la lectura y otras actividades que me dan alimento. Leo, observo y contemplo. Me da tiempo para asociar y conectar ideas. Lo decía muy bien Bertrand Russell —y no solo él, estoy segura de ello—. Russell aseguraba —y la referencia se puede encontrar en su obra La conquista de la felicidad— que era en esos momentos de silencio, aparentemente inactivos, donde se resolvían sus problemas. Cuando regresaba al trabajo obtenía el resultado deseado. Algo así como un período de incubación que muchos tratadistas de la Creatividad con mayúsculas ya dan por hecho. Sin embargo, nosotros nos encontramos todavía en los lugares comunes y recurrentes, castigándonos por nuestros silencios creativos, en lugar de descansar e incubar. O puede que las cosas ya estén cambiando…

En cualquier caso, este es mi tiempo de asociar ideas, conectar y divagar. Es el tiempo en el que, en lugar de inventar, practico con lo que se me viene a mano. Tomo apuntes, esbozo, copio formas. Escribo lo que se me viene a la cabeza como si fuera un recordatorio de la compra… Y si el tiempo lo permite, me doy a la lectura, al cine y a las series. Pero, desde luego, es época de asociación de ideas, con pocas restricciones. Luego se van colocando ellas solas, si es que se colocan.

Así, por ejemplo, ocurre que después de realizar algunas lecturas recientes, haya llegado a la reflexión personal que he anotado arriba.


Hace algún tiempo leí el ejemplar de Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes —publicado por la editorial Acantilado—, que compila una serie de ensayos suyos, entre los que se encuentra el que se titula en español «Mi oficio». En él, la autora nos habla en un tono llano e íntimo sobre lo que la escritura significa, o significaba, para ella. No voy a destriparlo. La razón de mencionarlo ahora es porque volví a leerlo ayer noche, y porque al leerlo de nuevo me ha dado pie para reflexionar sobre los temas comunes y recurrentes en las personas. Uno de esos temas, desde luego, es el de comprender para qué estás hecha y qué quieres hacer. A veces se sabe desde el principio y a veces se averigua más tarde. Lo importante es averiguarlo con el fin de ahorrarnos el menor pesar posible en una cuestión tan simple como conocer nuestras destrezas, y también forzarnos lo menos posible a caminar una senda que nos reporta más bien poco.

Lo interesante es que he tenido oportunidad de leer las páginas de «Acerca de» de las personas que sigo en este espacio de WordPress, y veo que en muchos aspectos tienen el mismo tono que leí en Ginzburg. Es ese tono que me hace conectar con ellas y que me hizo conectar con Natalia Ginzburg. El tono que habla de estar construyendo, de ir averiguando lo que hacen sobre la marcha y de cómo sus páginas de «Acerca de» se transforman según avanzan en un sentido un otro.

Hay una lectura, y no es una página de «Acerca de», sino un libro publicado que me ha dejado en algunos de sus pasajes el mismo regusto que el escrito de Ginzburg. Pertenece a Evavill y se llama Primer párrafo. En esta obra hay momentos en el que el personaje protagonista parece reivindicar un lugar en su mundo, en su entorno, y parece encontrarlo en la escritura; aunque no lo haga de una forma evidente, se intuye, se revela.

Hay otra serie de coincidencias bellas entre ambas lecturas, con las que me identifico verdaderamente, pero no es este el momento ni el lugar para contarlas.


Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes

«Cuando escribo algo, suelo pensar que es muy importante y que yo soy una gran escritora. Creo que a todos les ocurre igual. Pero hay un rinconcito de mi alma donde sé muy bien y siempre lo que soy, es decir, una escritora pequeña, muy pequeña. Juro que lo sé. Pero no me importa mucho.»

Natalia Ginzburg, «Mi oficio» en Las pequeñas virtudes.


Paloma Mozo San Juan, Primer párrafo

«Formaba parte de esa construcción de uno mismo tener un objetivo vital, definirse, así nos lo hacían creer desde pequeños cuando nos hacían la odiosa pregunta, al menos para mí, sobre qué queríamos ser de mayores. A lo mejor no resulta una cuestión antipática si sabes con claridad lo que quieres ser o al menos tienes una idea aproximada, pero yo no lo sabía.»

Paloma Mozo San Juan, Primer párrafo.

Decálogos – 1

Bilingüe/Bilingual, Decálogos / Decalogues, Dibujo y color / Drawing and Colour
Lápiz y grafito ©Rubal

Empezar a escribir en una página impar.
No forzar la palabra.
Si algo no inspira, ni intentarlo.
No pensar cuando estoy cansada.
Mirar de frente el impulso sin hacer nada.
Dejar correr el tiempo para comprender ese impulso.


Begin to write on an odd-numbered page.
Not to force the word.
Not even try when something does not inspire.
Not to think when I am tired.
Look straight at the impulse without doing anything.
Let time pass by in order to understand that impulse.

©Rubal

De formatos y necesidades

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Equilibrium (Pastel) ©Rubal

Carta – 9

Querido escritor/a:

Escribimos, dibujamos, pintamos o fotografíamos; unos usamos una forma de expresión, otros cualquier otra. La cuestión es cuánto tiempo dedicamos a expresarnos simplemente y cuánto a pensar en por qué nos expresamos de esta o aquella manera; en si nos bloqueamos, y si ciertas formas están permitidas o se llevan; en si somos buenos o malos en lo que hacemos y si merece realmente la pena dar cuenta de ello…

Sin embargo, esta es la mochila con la que he amanecido esta mañana:

Cuando encontramos la forma de expresión que mejor le va a nuestra forma de ver la vida, de apreciarla o criticarla, de disfrutarla o de dolernos, es un momento realmente mágico y único. Pero lo realmente mágico y único es descubrir que no hay una «única» forma de expresar y que no hay un único formato. Dejemos las categorías para la razón de los filósofos.

Una vez descubramos nuestro «formato», no deberíamos soltarlo; deberíamos correr veloces con ello —no sea que nos atrape la duda— hasta donde nos lleve. Mientras tanto, sobrevolar los escenarios sin descuidar nuestro entorno, sin obviar la vida, sin olvidarnos de respirar y tomar resuello. Porque se trata de disfrutar, y disfrutar de lo que es nuestro, de lo que nos pide la cabeza y el cuerpo. Puede que en algún momento necesitemos silenciar ese «formato» por un tiempo, y será bueno. O incluso puede que queramos silenciarlo para el resto de nuestras vidas, y eso será también bueno, porque será de necesidad que lo hagamos. La expresión es una necesidad; de ella surge y en ella desaparece. No es tan complicado.

Con eterno afecto,

Una admiradora


Letter – 9

Dear writer:

We write, draw, paint or photograph; some use a form of expression, others use another. The question is how much time we spend simply expressing ourselves and how much we think about why we express ourselves this way or the other; whether we block ourselves, and if certain forms are allowed or follow the trend; whether we are good or bad at what we do and if it is really worth showing it at all…

However, this is the backpack with which I woke up this morning:

When we find the form of expression that best suits our way of seeing life, of appreciating or criticizing it, enjoying it or hurting from it, it is a truly magical and unique moment. But the really magical and unique thing is to discover that there is no «unique» way of expressing and that there is no single format. Let us leave categories for the reasoning of the philosophers.

Once we discover our «format», we should not let go of it; we should run fast with it —lest the doubt catch up with us— as far as it takes us. Meanwhile, we should fly over the scenery without neglecting our surroundings, nor desregarding life, nor forgetting to breathe and take a breath. Because it is about enjoying, and enjoying what is ours, what the head and body asks us to do. At some point we may need to silence that «format» for a while, and it will be good. Or we may even want to silence it for the rest of our lives, and that will also be good, because it will be necessary for us to do so. Expression is a necessity: it arises from necessity and it disappears in necessity too.

With eternal affection,

Your admirer

¿De qué va la Odisea?

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour, Incapaz de reseñar / Unable to Review
©Rubal
La ira de Poseidon contra Odiseo después de que este deja ciego a su hijo, el cíclope Polifemo. Este incidente retrasa «un poco» más el regreso de Odiseo a Ítaca.

Poseidon’s wrath against Odysseus after the latter has blinded his son, the one-eyed giant Polyphemus. The return of Odysseus to his home in Ithaca is therefore a little delayed.
©Rubal
Penélope teje y desteja un sudario para el rey Laertes durante veinte años para evitar caer en manos de cualquiera de sus pretendientes. La idea es que no podrá aceptar ninguna propuesta —en ausencia de su marido, Odiseo— hasta terminar dicha tarea. Eso les dice. Fiel a su pareja, desteje el paño a escondidas hasta que el engaño es descubierto. Afortunadamente, Odiseo llega a tiempo…

Penelope weaves and unweaves a shroud for king Laertes to avoid her suitors. The idea being that she will not be able to accept a marriage proposal from any of her suitors —in the absence of her husband, Odysseus— before she gets to finish such task. That’s what she tells them. Loyal to her partner, she undoes the shroud when unseen, but eventually the deceit is disclosed. Fortunately, Odysseus comes in time…

¿De qué va la Odisea? ¿Del viaje o de la espera?

Son veinte años de ausencia y veinte años de espera. Veinte años…

Con frecuencia se cree que la aventura está en el viaje, en la marcha, en la huida, en el distanciamiento. Sin embargo, mientras transcurre el viaje, la marcha, la huida, el distanciamiento, ¿qué ocurre con los que se quedan esperando la noticia del regreso? Son veinte años de fortaleza interior. Las pruebas de trabajo o dolor de una persona que viaja son las mismas pruebas de trabajo y dolor de la persona que permanece.

Entonces, dónde está realmente la «odisea»?


What is the Odyssey about? Is it about the journey or the waiting?

Twenty years of absence and twenty years of waiting. Twenty years…

Adventure is often believed to be in the journey, the leaving, the escape, the distance. However, while the journey —the leaving, the escape or the distance— takes place, what happens to those who are left to wait for a piece of news of the return? It is twenty years of inner strength. The toil and pain of a person who travels are the same as the pain and toil of the person who stays.

So, where is actually the «odyssey»?


This one goes for you, Outosego, who, of all I have met in these whereabouts, is more likely to get a better picture of the Odyssey (and its alternate ending), at least of the wonderful land where the story takes place.

Viento de septiembre

Mi prosa / My Prose, Paisaje urbano / Urban Landscape

CAMBIO

Los wind chimes, o carillones de viento, andaban como locos. El sonido a través de la grabación asemeja una cristalería en «crisis», pero en la realidad, cuando pasaba por la acera donde estaba el puesto era algo indescriptible al oído. Pura magia del aire. Y como no quiero ponerme poética, porque tampoco me lo da el día, prefiero dejarlo en la imagen. Es el viento de septiembre. Es el anuncio de un cambio.

VIENTO DE SEPTIEMBRE
CAMBIO

De la calle de la Alameda a la Cuesta de Moyano

Cruce de caminos / Crossroads, Paisaje urbano / Urban Landscape

No soy fotógrafa, pero disponer las imágenes en este espacio, como en un álbum, da sentido a una jornada y una experiencia que existió la semana pasada. Hacía mucho tiempo que no andaba por el Barrio de las Letras, en Madrid, así que…

Calle de San Agustín. Al fondo, perpendicular a la misma, corre la calle de Lope de Vega. A la izquierda la imagen de Miguel de Cervantes, de cuya cabeza emergen Don Quijote y Sancho Panza.

Mi recorrido se dio por buscar un libro. Desde la calle de la Alameda hasta la calle de la Magdalena. Desde la librería La Fábrica hasta la librería Sin Tarima Cogí el Google Maps y me dejé llevar. No se puede andar por Madrid, por esos lares más antiguos, creyendo que vas a encontrar paralelas y perpendiculares. Es un territorio donde la construcción siguió su propio antojo. Un patchwork de ladrillo y adoquines.

Andando con el móvil en la mano, mirando la pantalla para ver por dónde la lucecita azul, es decir, mi yo virtual se movía y a dónde se dirigía… En fin, me quedé frente a este edificio, poco antes de cruzar la calle de Atocha. Si me dicen que estoy en Toledo o en Segovia, me parecería lo mismo. Sabía que era Madrid porque no había cogido el tren por la mañana. Había llegado andando. Pero por cómo me movía, buscaba y sacaba fotos, parecía una turista.
Por mí, perfecto 🙂

Por supuesto, la lona verde, perteneciente a una obra de fachada, en la parte superior de la izquierda, lo delata todo. No había duda. Estaba en Madrid.


Ya de vuelta de la segunda librería y con el ejemplar en la mano, en la mochila, tiré por la calle de Atocha —una calle que recorrí muchas veces durante mis años de instituto y alguno de carrera— hasta llegar a la Cuesta de Moyano. Era mi territorio en aquella época, hace mucho tiempo.


Te dedico esta entrada, Evavill, ya que fue por buscar tu libro, Primer párrafo, que pude volver a recorrer este camino rememorando parte de mi pasado.

Variaciones sobre un tema

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Variaciones de color naranja sobre fondo marrón ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

1

Cosas que no me interesan:
Mirarme en un espejo muy de cerca
y perder la noción del tiempo.
Borrar los límites de mi contorno
y emborronar el espacio negativo
que no ocupa mi presencia.
Omitir el sonido del discurrir en mi cabeza.
Olvidarme de cerrar los ojos,
parpadear siquiera.

2

Cosas que no me interesan:
En un espejo mirarme

de cerca;

perder la noción del tiempo

y anular

el espacio negativo
que no ocupa mi presencia;

omitir

el discurso de la mente,

y evitar

que los ojos se ensombrezcan.
Ni un parpadeo siquiera.


1

Things I am not interested in:
Looking at myself into a mirror,
very closely, and losing track of time.
Clearing the boundaries of my contour
and blurring the negative space that
my presence does not occupy.
Skipping the rumour in my head.
Forgetting to close my eyes,
or even blink.

2

Things I am not interested in:
Looking at myself into a mirror,

closely;

losing track of time

and removing

the negative space that
my presence does not occupy;

omitting

the speech of the mind,

and preventing

the eyes from darkening.
Not even a blink.

©Rubal

El asistente médico espiritual

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose
Lápiz, grafito, lápiz de color ©Rubal (Septiembre 2019)

X estaba recostada sobre el asiento con los brazos extendidos hacia delante y apoyados sobre la mesa electrónica delante de una caja de pastillas. En la pantalla, el asistente médico espiritual sonreía.

—Lo puedes tomar como un paracetamol de un gramo. A cada seis u ocho horas mínimo. Calculas el tiempo y te da para hacerlo hasta tres veces al día, procurando que no sea durante un tiempo demasiado prolongado —dijo el asistente.

—¿Y si me paso?

—Si te pasas, te acostumbras.

—Pero no sería peor que el duelo.

—No me refiero a que te acostumbres como adicción, sino que deje de hacerte el mismo efecto.

—Pero no puede ser peor que el duelo, ¿no? Quiero decir que habrá una alternativa, un refuerzo…

—Sup…ngo…

—Es cuestión de ver qué compensa al final, ¿verdad? —insistió X.

—Su…png…

—¿Me oyes?

—Ssss…pnnn…ooo…

—¿Me oyes?

Una lluvia de cuadraditos de colores desfiguró la sonrisa del asistente, y al cabo de brevísimos segundos, cubrieron la pantalla entera.

Escrito en octubre de 2018 ©Rubal

Luz

Bilingüe/Bilingual, Mi poesía / My Poetry

Amo la luz, la luz del mediodía,
luz de la tarde, de la mañana, y
por la noche, cuando se marcha,
la quiero, la quiero aún más todavía.

No me importa la noche
que me priva de luz sin permiso.
No me importa el alba
que me devuelve la luz sin rencor.

Me importa que llegue el momento
en que sus motitas luminosas,
sin motivo y porque sí,
no regresen más algún día.


I love the light, the light of noon,
the light of the afternoon, of the morning,
and at night, when it leaves the day,
I love it, I love it even more.

I don’t care about the night
that deprives me of light without permission.
I don’t care about the dawn that repays
me the light with no remorse.

I care about the time when
its luminescent spots,
for no reason and outright,
do not come back one day.

©Rubal

La palabra precisa

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour
Inspirado en las imágenes compartidas por El bosque silencioso ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

Antonio Pavón Leal del blog El bosque silencioso compartió unas imágenes me inspiraron para hacer esta pintura en acrílico sobre papel figueras. Espero que tengáis oportunidad de visitar la entrada donde aparecen porque merecen la pena. La luz, ese azul, esas ramas enredándose en el aire… Gracias, Antonio, por compartirlas 🙂

Aquí dejo unas palabras dedicadas:

La palabra precisa
llega a la tinta.
Tú, aún, en el aire.


The precise word
reaches the ink.
You, though, in the air.

©Rubal

El universo en blanco

Sin categoría

Verónica tenía letra de monja, y como era de esperar, acabó en un convento. Solía blandir el lápiz contra el papel para crear un surco profundo en el margen izquierdo de su diario. De ese modo expandía su deseo sin que nadie pudiera localizarlo.

Abría y cerraba libretas según consumía los sueños que le acosaban en mitad de la noche o del día, como si fueran tickets de compra. Bajo prescripción médica del alma, le aconsejaron que no dejara detalle vivo a la intemperie, que empuñara el grafito toda vez que asomaran a su cabeza, ya fuera que estuviera durmiendo o sufriera de insomnio. Lo esencial atacaba al recuerdo y a la imaginación, y para ambos casos no habría una circunstancia exacta o propicia para la cura. Debía escribir o moriría de depresión nostálgica. Pero hacía tiempo que Verónica no hacía caso del sano consejo del gurú de las letras y los significados. Los pensamientos se arremolinaron entorno a las posibilidades pasadas, y de ese modo, sucumbió a un sinfín de excusas en blanco.

A los dos días de encontrarla en su celda, muerta por un infarto cerebral, la madre priora del convento descubrió el último de los cuadernos que Verónica guardaba debajo de su almohada. Lo atesoró bajo los pliegues de su hábito y esperó una semana para leerlo. Al cumplirse el último minuto de su promesa, sin más demora que un segundo y medio, la madre priora lo abrió por la primera página. Con los ojos secos por el asombro, contempló un infinito universo en blanco tan solo delimitado por una honda zanja de esperanza en el margen izquierdo.

Escrito en algún momento del verano de 2016 ©Rubal

(679) – Emily Dickinson

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Unable to Review

La mayoría de encuentros o descubrimientos con poetas han sido tardíos para mí. Con frecuencia, sin embargo, he oído hablar de Emily Dickinson. Desde luego no en mis estudios de lengua inglesa, porque dependía del profesor que te tocase y de sus gustos —al mío le entusiasmaba Walt Whitman y poco más—, sino más tarde. A pesar de ello, no fue hasta hace poco que me quedé fascinada por la «persona» de la poeta. No sé cuánto de verdad hay en el mito acerca de su vida, de que apenas salió de su casa, de su dormitorio, y de que no editó (a excepción de algún caso) ninguno de sus poemas, y de una serie de cuestiones alrededor de su credo sobre la vida, la escritura de su poesía, que encierran, para mí, un aura mística ligada a la tierra. Esto último es muy propio de la época literaria de parte del siglo XIX en Estados Unidos —es ese movimiento que llaman «Transcendentalism»—, pero en Emily Dickinson se hace patente. Al menos en la figura que nos muestran los manuales y biografías. Vi, además, no hace mucho una película, Historia de una pasiónA Quiet Passion— dirigida por Terence Davies y protagonizada por Cynthia Nixon en el papel de la poeta, que ilustra muy bien la leyenda. El arte de Terence Davies me acercó más aún a las palabras de Emily Dickinson.

De todas formas, agradezco haber descubierto su poesía más tarde porque no creo que hace treinta años hubiera sabido apreciarla de la manera en la que la aprecio ahora.

Sus poemas están numerados, sin títulos.

«(679)

Cuando la noche casi ha terminado
y está tan cerca ya el amanecer
que se vuelven palpables las distancias
es el momento de alisarse el pelo,

retocar las mejillas, preguntarse
si de verdad debió de preocuparnos
esa antigua, borrada medianoche
que una hora antes nos estremeciera.»


El poema en su inglés original:

«(679)

When night is almost done,
And sunrise grows so near
That we can touch the spaces,
It’s time to smooth the hair

And get the dimples ready,
And wonder we could care
For that old faded midnight
That frightened but an hour.
»

Fuente de procedencia de la traducción y del inglés original: Publicación original de la Editorial Renacimiento (2016). Traducción de José Cereijo y María Taibo.

Poetas pequeñas

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Lápiz y lápices de color ©Rubal

A las poetas pequeñas que escuchan,
que se dejan invadir por sus voces,
que no temen al lápiz o a la pluma,
o a la hoja que ensuciar no permite,
y con fuerza acometen los días,
con el acto, la idea o la palabra,
la feroz contienda de sus errores,
sus menudos deseos y esperanzas,
las indómitas treguas y derrotas
de su interior sometido a prueba
a lo largo de sus capaces vidas.
Para todas ellas, que son pequeñas.


To the little women poets who listen,
who let themselves be invaded by their voices,
who do not fear the pencil or the pen,
or the blank sheet that avoids the dirt,
and struggle through the days,
with the act, the idea or the word,
the fierce contest of their mistakes,
their small desires and hopes,
the untamed truce and defeat
of their interior ever on trial
all along their capable lives.
To all of them, who are little.

©Rubal

Poiesis

Incapaz de reseñar / Unable to Review

La «poiesis» es el término griego que comprende el concepto de creación. Esto se lo leí por primera vez a George Steiner en una de sus maravillosas obras, Presencias reales. Aun así, todavía me quedaba la duda de si se refería a la poesía tal y como se ha entendido tradicionalmente (más o menos el género lírico) o si se refería a la creación artística en toda su extensión.

Presencias reales. Escrito por George Steiner y publicado por la editorial Destino (1992)

No fui una estudiante aplicada ni de niña ni de adolescente, por lo que es probable que en algún caso me hubieran hablado de estos conceptos y que yo no les prestara atención. Nunca he profundizado en la poesía que nos enseñaban en el colegio, en el instituto. Y la verdad es que, por lo general, todo se reducía a los cuatro o cinco nombres prominentes; fechas colindantes que marcaban el final y el principio de distintas épocas; una o dos generaciones espontáneas de fenómenos —del resto, si existieron, no importaron—; resúmenes de las introducciones de las sempiternas ediciones críticas (Castalia, Cátedra, Gredos, etc., ¿a quién puede no sonarle?) y una pasable nota después de aprenderme cuatro líneas claves uno o dos días antes del examen, que se inflaban en la hoja gracias a la capacidad de improvisación sin que rezumara demasiado conocimiento. Perorata de papagayos. Todavía no clavo las fechas de los períodos artísticos ni de los autores ni de las generaciones, salvo las que llevan incorporada la fecha —desconozco la plana completa de quienes las integraban—. Pero de la poesía como hecho, como «poiesis», como creación, yo no oía nada. No quiero ser desagradecida; quizá no prestara la suficiente atención, como ya he dicho.

Llegó después la carrera. Me definí como estudiante de Filología por aquello del inglés y porque estaría así próxima a los libros. Poco más razonamiento puedo darle a mi decisión. Tampoco en los años de universidad atisbé signo alguno de la «poiesis». Es cierto que me daba por escribir poesía —ya lo hacía desde antes—, pero era más bien una pulsión. Aparecía cuando no dibujaba, o no leía, o no escribía mis muchos cuadernos de experiencia, o no realizaba mis pinitos en la construcción de pequeñas historias. Sin embargo, no me detenía a observar si cumplía con una métrica determinada —yo no dominaba ese conocimiento—. Me dejaba llevar por un ritmo y a veces, por casualidad, me encontraba con una rima, intentando evitar la que sonaba manida. Pero de ahí a conocer la métrica antigua, la clásica, las derivaciones de ambas, las innovaciones posteriores, las características de la creación poética, sus géneros o variantes, las implicaciones derivadas de distinguir entre poesía y prosa, etc., etc.,… Sobre todo, el conocimiento ampliado de la existencia de poetas —mujeres y hombres—, de evoluciones, de consideraciones contemporáneas acerca del quehacer poético; de todo esto sabía poco o nada. Una total ignorante, que sigo siendo, aunque en menor medida.

Insisto en que no le culpo a nadie. Podría ser desinterés. Pero, ¿cómo se puede sentir desinterés y a la vez escribir poesía, o esa suerte de líneas que juntas en una disposición concreta —en una columna— parece no sonar tan mal al oído? Esto es lo que me ha costado comprender durante mucho tiempo. Hay un misterio encerrado en esta contradicción que puede que se me desvele en algún momento. Esta es mi particular búsqueda últimamente.

En cualquier caso, lo bueno de buscar es la búsqueda misma, y lo más interesante es hallar en las pequeñas, humildes, cosas. Esto es lo que me ha ocurrido al leer Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena Medel.

He leído este ensayo muy lentamente. Ya es el segundo libro publicado por la editorial Ariel que no me ha dejado indiferente —el primero fue Sobre el bloqueo del escritor de Victoria Nelson—; anoto esto como curiosidad solo.

Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena de Medel es una sencilla forma de presentar la evolución de la poesía. Muestra de una forma dinámica y atractiva el repertorio más prominente de autores en este género. De hombres y mujeres por igual, dentro de lo que la historia ha permitido. Destacando los olvidos sin neutralizar lo conocido. No tiene pretensiones de obra magna; es evidente. Pero sí es un catálogo que trata con justicia los elementos de que se compone, abarcando desde los primeros tiempos de que se tienen datos (a.C.) hasta nuestros días. Así he descubierto la poesía cinética, la digital, la ciberpoesía, la del algoritmo, etc. Y aunque el término «poesía» inunda todo el ejemplar de principio a fin, probablemente en el sentido en el que se nos ha dado a conocer, esto es, desde la enseñanza programada del sistema establecido de turno, yo aquí sí he atisbado, por fin, ese concepto de «poiesis» o creación que anega la escritura creativa en todas sus vertientes y no solo la que se refleja en el llamado género lírico, ese que se debate constantemente entre alinearse en una columna o puja por expandirse en un párrafo.

A pesar de la sencillez de esta obra, he encontrado en ella un estímulo para seguir conociendo, y conociendo, además, de una forma ordenada y tranquila. Un estímulo para seguir conociendo y para seguir haciendo, o siquiera solo para seguir leyendo y disfrutando de las enormes posibilidades y variantes de la expresión «poética» o «poesía».

Sigo sin saber si George Steiner, en sus Presencias reales, se refería a la poesía en sí al hablar de «poiesis», o a la creación artística en toda su extensión, pero por lo menos ya tengo una senda por la que empezar a caminar.

Todo lo que hay que saber sobre la poesía. Escrito por Elena Medel y publicado por la editorial Ariel (2018)