Terapia

Dibujo y color / Drawing and Colour, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing
Acuarela, pastel y grafito ©Rubal

Fritz Perls trabajaba sobre la base de que en los sueños cualquier personaje, cualquier objeto y cualquier escenario que aparece, que creamos desde el subconsciente, somos siempre nosotros, cada cual que sueña.

Él decía que somos esa casa que está destruida, o ese avión que no está pilotado por nadie, o esa persona con la que el protagonista, nosotros, hablamos, y que a veces le vemos la cara y otra no, que todo ello somos nosotros. Nosotros confrontándonos a nosotros continuamente. Un diálogo onírico con el sí mismo.

Tenía una práctica a la que la llamaba la «silla caliente» —hablo desde la memoria— que consistía en sentar en una silla a las personas que querían voluntariamente contar algún sueño suyo, porque en teoría buscaban sanarse, ayudarse; esto sucedía ocasionalmente o siempre, no sé, delante del resto de personas que asistía también a la terapia para su propia sanación, beneficio de compartir la experiencia, etc. Entonces comenzaban a contar el sueño y, como es común hablar en tercera persona de una misma, él corregía y les ponía el “yo”, la primera persona en los labios antes de que avanzaran. A medida que progresaba el relato del sueño les hacía preguntas, o más bien les daba pie para seguir, pero en todo momento les decía algo así como: “no, el avión no; yo soy el avión. Yo vuelo; la casa está en ruinas no, yo estoy en ruinas…”. De hecho, captaba la falsedad o la necesidad de zafarse de la persona, o el desafío hacia el terapeuta, y entonces Perls mismo encaraba el asunto apercibiendo o directamente interrumpiendo el ejercicio.

Saco todo esto principalmente del ejemplar que tengo de Sueños y existencia¹, plagado de diálogo, de enfados, de desasosiego. Tremendo cuando se nos pone a hablar en primera persona.

Bien, esto no va de psicología, va de lo siguiente: en mi sueño hoy yo era una mujer que entraba en el local donde yo tenía hace unos años mi negocio, y yo era el local usurpado por otras personas que les parecía mal que me hubiera colado en el local, es decir, en mí misma, cuando ya no me pertenecía, y al parecer no por primera vez. Entonces yo era el local habitado o usurpado, y yo era esos propietarios que me impedían entrar de nuevo y que me miraban por encima del hombro. Y era esa persona, otra vez, que les pedía que me escucharan, que escucharan la intención de haber acudido otra vez al viejo lugar que ya había ocupado yo antes, y yo era esa persona-propietaria —porque de pronto era solo una mujer la propietaria— que se negaba a escuchar las excusas y se marchaba como dándome un ultimátum y con la mirada desdeñosa; y yo era esa que ante la mirada desdeñosa le pedía, no, le rogaba que me esperase, que me escuchase; le rogaba y le rogaba… Mi voz rogaba con un sentimiento que no había sentido jamás en el mundo de lo tangible, y entonces se detuvo, quiero decir, me detuve y escuché, pero ya no recuerdo más.

  1. Sueños y existencia (1974, reimpr. 2012) , Fritz Perls, publicado por la Editorial Cuatro vientos.

Un comentario en “Terapia

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