Altos de los edificios

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose, Paisaje urbano / Urban Landscape
Pintura acrílica sobre papel figueras ©Rubal

Me he fijado desde muy joven en los altos de los edificios. Muestran una luz que no podemos ver a la altura de nuestros ojos sobre fachadas o bañando las aceras.

Con frecuencia me he andado señalando a la persona de al lado el ángulo de luz y sombra de aquella cornisa o de aquel tejado.

A mi madre le decía que cuando llegaba el otoño, había un momento determinado en el que el reflejo del sol parecía descolgarse del frente de los edificios. Irradiaba un haz de luz blanca, oscilante como el péndulo de un enorme reloj de pared, que en cuestión de minutos se desvanecía. Yo lo llamaba el medallón del otoño. Sentía entonces, por breves instantes una mezcla de euforia y melancolía intensa que, al igual que la luz, desaparecía.

18 comentarios en “Altos de los edificios

  1. A mi también me gusta como escribes, y como aquel que dice, acabo de conocerte. Y sí, es importante contactar con la luz de los edificios, con la que llevamos dentro, me hiciste recordar a mi padre, cuando de niña me llevaba Madrid y me hacía contemplar las alturas de muchos de esos edificios… gracias, amiga. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Julie. La verdad es que no sé responder al halago, pero qué más da. Leyéndote en tu espacio, se siente la sinceridad, y lo que es más una valiosa compañía.
      Los altos de Madrid… Dicen: «De Madrid al cielo», ¡y tanto! Va quedando poco espacio para extenderse a lo ancho y mirar más allá de un cruce, así que mejor mirar a lo alto:) Muchas gracias! Un abrazo.

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      1. Mi padre era un hombre de campo, pero le gustaba mucho la arquitectura, era muy religioso, aunque nunca iba a misa, y me mostraba monumentos preciosos que había edificados sobre los tejados de Madrid, por ejemplo una Inmaculada preciosa en la calle Atocha… etc. Sólo tú me has hecho hoy recordar esas alturas tan lejanas pero que siguen estando ahí… Gracias.

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      2. Espero que sean buenos recuerdos. Yo lo que veo de muchos de los altos de esta ciudad es que si colocaran una placa transversal, paralela al suelo, a la altura de los últimos pisos de los edificios, el panorama sería la de una apariencia de pueblo, de población pequeña y rústica. Algunos áticos y algunas azoteas son auténticas casas rústicas. Me gusta mirarlas y mirarlas en las fotografías, sin ver lo de abajo, porque deja de ser la ciudad metropolitana que es.

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      3. Es cierto lo que dices. Sí, son buenos recuerdos aquellos… Viví seis años en Madrid, lo he pateado, era una ciudad preciosa, creo que lo sigue siendo… viví en lo que era La Guindalera, entonces…
        Trabajé en la calle Alcántara, luego en Aranjuez, más tarde junto a La Castellana… Tengo muchos recuerdos de Madrid… escribía mis versos en el metro y me gustaba mirar, como tú, hacia arriba. Gracias por tu prosa. Un beso.

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      1. Sí, es un podenco que tuve y que, como yo, a su edad, era indomable. Se llamaba Luna, me la regalaron y yo la tuve que regalar a un cazador amigo mío, porque era imposible tenerla en casa. Tengo muchas historias de perros y gatos, me encantan. Pero Luna dejó huella en mi.

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  2. Pingback: Espacio libre/3 — Cartas a un escritor/…a – Olga Rubal

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