Me dejé a Homero en el Retiro

Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

Recuerdo que la profesora de Latín de segundo curso de carrera era una doctoranda que andaba a rastras con sus tesis. Se la veía literalmente entrar en clase empapada en sudor y bajo el yugo de alguna clase de migraña que velaba sus palabras al inicio de la sesión. Sin embargo, al cabo de un rato de desempolvar su discurso, lograba transmitir el entusiasmo que aún le producía el contenido de su charla e incluso, diría yo, de su propia tesis. El resultado fue que me leí a Petronio y Apuleyo, como si fueran escritores de novela del siglo XIX —y para mí decir esto ya es algo sustancioso, lo siento por los que creen que es un desfase temporal—. Tuvimos luego una profesora de Griego que además de apoyar al grupo de teatro que se formó en esa época y al que pertenecí por espacio de muy poco tiempo, nos transmitió su admiración por Hesíodo, Aristófanes y en última instancia Homero. No puedo establecer una relación entre estos tres nombres ahora, porque más me parece surgir de un sueño que de una realidad que haya yo vivido, en el caso de los griegos, pero puedo casi asegurar que también leí algo de ellos. De Homero, es posible, pero no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo es que leí sobre mitología, y que me dejé llevar por autores más o menos contemporáneos, como Robert Graves, para llegar a comprender el mundo clásico. Fue una época de pensamiento y sentimiento «decadente». Por «decadente» quiero decir una especie de laxitud de emociones, el abandono a la contemplación de seres etéreos: dioses, diosas, mancebos y mancebas entregados a la ambigüedad de los sentimientos del amor y el odio. También estaba la cercanía de la muerte, el suicidio bello, etc. Una extraña mezcolanza, vaya, para una profana en el asunto. La belleza, la muerte, el éxtasis… ¿Y qué tendría que ver esto con los clásicos? No importa, la cuestión es que sí, si leía a los clásicos. Poco, pero lo hice, y resulta que treinta años más tarde, me dejo un ejemplar de la Odisea en un banco del Retiro, y me temo que en ese momento lo hice adrede. Sí, eso es lo que ocurrió no hace mucho.

Si pudiera consultarle a un psicólogo sin tener que pagarle por una pregunta tan idiota, le preguntaría por qué y cómo he llegado a abandonar una lectura que la mayoría consideran un «debe». Yo solo puedo decir que a medida que lo iba leyendo —y desde luego ya sabía de qué iba la historia gracias a todas sus versiones recontadas— me daba cuenta de que no había nada en su lectura que me atrajera a seguir leyéndola. Pero más que esto, me di cuenta de que me sentía ajena a la historia.

Sería el momento, sería rebeldía contra el canon, sería que me había hecho más vieja y cansada de pronto, sería que solo se hablaba de hombres y hombres y conceptos sobrenaturales de la mujer, qué sé yo… pero todo eso lo sentí y  tuve que dejarlo. En cuanto a lo de la antipresencia de una mujer humana y la omnipresencia del hombre humano, no es algo que me hubiera afectado en el pasado y menos con un clásico —esa es la vida en cuanto a los siglos pasados que ya no podemos cambiar—, pero fue visceral lo que sentí y de hecho me sorprendió. Fue como una bofetada del pasado que ya no puedes cambiar; una bofetada que ya había recibido sucesivamente con otras lecturas, otras lecciones, otras circunstancias donde debía poner mi alma como fabricante de textos donde anidara mi conciencia de ser mujer.

¿Para qué racionalizarlo? ¿Lo de la pregunta al psicólogo, o psicóloga? Pues no sé. Siempre tiendo a creer que me encantaría hacerle una pregunta a un especialista, o quizá un oráculo, ya que estamos; pero ¿se trata de saberlo, de racionalizarlo, de comprender mi reacción?, ¿o solo se trata de justificarme y ante quién? De momento solo hice una cosa y fue deshacerme del ejemplar. La cuestión es que lo metí en mi mochila, me fui al parque más cercano y lo dejé en uno de sus bancos con gran alivio. Ya cuando me distancié un poco le hice la foto que lo certificaba, aunque no la conservo.

Pero aquí estoy, de vuelta a las andadas y con el diablo sobre el hombro. Me hice con un ejemplar de nuevo. Vamos allá.

Necesito un oráculo para comprenderlo.

11 comentarios en “Me dejé a Homero en el Retiro

    1. Thank you, Rubal, for suggesting my articles as a source, in order for someone to find the courage -or the strength to take a look or to read La Odisea.

      To be honest, though, it is much more beneficial for someone to live the life which was given to him as a gift from his two first gods, from his parents (for some people the gift is a constant struggle and pain, on the other hand), and to write his own Odyssey without forgetting to write a few things for the Odyssey of the people who are no more among us, but, nevertheless, their presence had an impact to are own lives.

      Ps 1 : I know this isn’t new to you. I know you have the same thoughts. However, you gave me the opportunity -through your comment and your article- to express myself. Thank you for this.

      Ps 2 : Οδυσσεύς, or Οδυσσέας, actually, means the poor man. I don’t know if you knew this. “Poor” in terms of the struggles he had to go through. On the other hand, he had some wonderful time with some wonderful girls, a divine one. And i have come to the conclusion that the girls, the beautiful women, know better.

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  1. To tell you the truth —I must confess to it—, I find it hard to see poetry in Penelope’s position —I mean her struggles in such circumstances, having to confront such harassment—, and I guess it is out of the question that we are dealing with a classic, a myth, a legend, and so on and so forth, and should take it as the allegory of an individual’s struggle. But you know, there are times and times in the life of a reader. Anyway, what you say is utterly true. I couldn’t agree more. I love what you say about our the people that we can no longer see or have among us; our people and their legacy, our parents, never to be forgotten.
    Your pics are beautiful, and I cannot forget that for some time I got really hooked on the themes of the classics. When I saw the statue in the picture just reminded me of that period of time. Thank you, Outosego, for visiting, for your words and for the memories 🙂

    Ps. I Liked the tip you provided about the real meaning of the name Odysseus: “poor”.
    🙂

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  2. You’ re welcome, Rubal. A last thing i like to mention is the following – i’m sure you’ re gonna throw the book away after you read this one – since you won’t find the following scene or episode in the classic book that we all read (there are more than one book, like the “Epic cycles” :

    Ulysses -despite the fact there are a lot of wonderful women who fall in love with him, and they want to keep him with them, and they are godesses, and they promise they are gonna make him immortal- wants desperately to go back to Ithaca, to his Penelope. And he manages to arrive to Ithaca. We all know about his arrival. But, a few years later, Ulysses dies. Actually, a son of his, a son he has -out of his marriage – with Circe, accidentally kills him. His name is Telegono(u)s.

    Now, Penelope will marry him. And Circe will marry Telemacho(u)s, the son of Penelope with Ulysses. And they will abandon Ithaca ! You’ ll find them at Circe’s island. The place from which Ulysses wanted to escape. Circe made them immortal. And, they are having some wonderful time, still, since they are immortal… lol…

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  3. Pingback: Oráculos y otras suertes/5 — Cartas a un escritor/…a – Olga Rubal

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