De Tarantino

Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

Esto no va exactamente de Tarantino, sino gracias a él.

Cuando estrenaron Pulp Fiction, mis dos hijos todavía no habían nacido. La gente hacía cola para entrar en el cine a verla. Mi marido y yo lo intentamos un par de veces por aquello de no quedarnos atrás merodeando por la tangente de lo popular. En esas dos veces vimos que había demasiada gente esperando para comprar entradas y nos volvíamos. Nunca nos ha gustado hacer cola por nada. Finalmente la vimos en vídeo cuando ya mi primer hijo nació, quizá cuatro años más tarde. Recuerdo a John Travolta y Uma Thurman dando los pasos que recuerdan todos los que la han visto y no visto, aunque sí esa escena. Recuerdo a Samuel L. Jackson predicar antes de pegarle un tiro a alguien. Y recuerdo a Uma Thurman colocada por la cocaína —era cocaína, ¿no?— con un reguerillo de sangre corriéndole desde uno de los agujeros de la nariz y por encima del labio. Los ojos yéndose a blanco. Recuerdo, claro, la pegadiza pieza musical de los Black Eyed Peas «Pump it» que afinca la película en mi memoria…

Pero esto tampoco va de Pulp Fiction.

La última vez que fui a ver una película en el cine con mis hijos fue cuando el mayor tenía doce o trece años y el pequeño siete u ocho; quizá fuera una año después. Me refiero a ir yo al cine con mis hijos, e ir yo al cine en cualquier caso. Ha pasado mucho tiempo de eso. Han pasado muchas cosas, como a cualquier persona, pero en mi caso siento que de verdad haya vuelto de una larga gira, de la que conservo unos pocos detalles buenos.

Entonces, después de diez años, hace tres días mi hijo pequeño, un entusiasta de la imagen, la cámara y las historias —el mayor también, aunque va más por las historias y cómo son contadas, me parece— propuso que alguien fuera con él al cine. Quería ver Érase una vez en Hollywood. Pensé que me decía que iba a ver con su gente la película, pero lo que decía era que fuéramos con él, alguien de la familia. Yo dije que claro. Se lo propuse, a mi vez, al mayor. Mi marido no apuesta por Tarantino y su horario tampoco se lo permitía, así que nos apuntamos los tres. Mis hijos y yo.

Allí estábamos ayer, los tres sentados en una sala pequeña de los Renoir. En un cine después de diez años. ¿Importaba la película que íbamos a ver? No, importaba que estábamos los tres ahí, en una sala oscura y compartida frente a la pantalla grande, después de diez años.

Érase una vez en Hollywood. La película fue lo de menos y lo de más. Al cabo de la primera hora ya esperaba que ocurriera algo en escena. ¿Cuántos años tiene Tarantino?, ¿cincuenta y séis? Los protagonistas rondaban la misma edad. Un Brad Pitt curtido y conciliado con su vida —aparentemente— y la verdad, para mí más guapo que nunca. Un Dicaprio angustiado y melancólico. Hablo de los personajes que interpretaban. En cualquier caso, la película no ha despertado mi pasión, pero no me disgustaba verla, estar ahí sentada con el resto de la gente, junto a mis hijos. Mi hijo mayor me miró el reloj al cabo de la hora. El aire acondicionado se fue notando a medida que la historia iba progresando. Algunos golpes de gracia nos hizo reír a la audiencia y nos sacó de la acción estanca. Pero no me disgustó, no. ¿Era porque habían pasado diez años y había regresado? ¿Era porque estaba compartiendo con mis hijos el visionado de una película? — somos de los que nos tragamos películas, series, etc. de todo tipo y después , o mientras tanto, compartimos por los pasillos de nuestra casa—, ¿o era también que veía la madurez en la pantalla? ¿Cuál era la media de edad entre director y actores principales?, ¿de cincuenta a sesenta y tantos?

Estoy segura de que los adeptos a Tarantino no le fallarán y dirán que esta película, la novena película de las diez que se ha propuesto grabar el director, no les ha decepcionado. Y yo no sé si lo dirán en serio o no. A mí, que no me disgusta su carrera, pero sí he me molestado en ver unas cuantas de sus propuestas, puedo decir que me ha desconcertado, poco más. Pero esto no es lo importante. Lo importante es comprender qué me dejó tranquila sentada en la butaca sin queja por los largos minutos expectantes y extrañados. Yo había crecido con esas caras. Cada una que asomaba, me traía un recuerdo instantáneo, una sensación, una inflexión del tiempo: Brad Pitt, Leonardo Dicaprio, Kurt Russell, Luke Perry, Al Pacino, Michael Madsen, etc.

Yo no sé qué dicen las críticas, ni qué dicen las interpretaciones de su montaje, de su historia. Yo vi ayer, desde la penumbra, el retrato de una vida cinematográfica madurando a la par que la mía, y desde luego agradezco que exista porque de otro modo, ¿habría regresado al cine de la mano de mis hijos, así como yo los llevaba de la mía? ¿Es el anuncio de una etapa desconocida?

No hay respuesta. Estas son las opciones de Tarantino. Algo así también intuí en la leyenda que se narraba: Érase una vez…

Érase una vez en Hollywood. Película dirigida por Quentin Tarantino y protagonizada por Leonardo Dicaprio y Brad Pitt.

Un comentario en “De Tarantino

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