Razones para escribir

Cartas / Letters

Carta – 7

Querido escritor/a:

Hay razones para escribir, pero ninguna es de vida o muerte por más que nos empeñemos en sentirlo de ese modo. La escritura no es de vida o muerte, porque nada que dependa de nosotros es de vida o muerte, excepto la voluntad de «ser», y una pequeña intuición que nos queda y que nos dice que queremos seguir «siendo». Sin voluntad y sin esa intuición, se apaga la llama, y esto, desde luego, no es exclusivo de los que se dedican a un oficio como la escritura, no es exclusivo tampoco del arte, o de un tipo de sensibilidad que desea expresarse de una determinada manera estética. Esto incluye a todos los seres humanos, a todos los individuos que nacen y son echados a andar para tragarse el tiempo a bocanadas hacia no se sabe dónde.

Escucho en los medios de comunicación, en uno de esos programas donde regalan consejos de bolsillo acerca de la psicología de las personas, que es importante tener un objetivo, que es importante encontrar un sentido, pero yo he dejado de encontrarlo y tampoco lo busco. Me siento mejor de esta manera, aunque eso en sí ya sea un objetivo.

Soy una afortunada a mi manera. Tengo todo lo que deseaba tener en mi vida. Tengo a mi compañero, a mis hijos, a lo poco que me queda de mi familia: mi hermana y el recuerdo de mis padres que ya se fueron. Tuve la suerte de ser la dueña de un buen perro, aunque para mí todos los perros son buenos. Sin embargo, a pesar de tener todo esto y de haberlo tenido, me parece que hay algo que me estoy perdiendo. Pero no procede de mí este sentimiento; es algo impuesto desde la sociedad a través de sus muy arraigados conceptos de lo que debe ser vivir una vida buena. Moverse, inquietarse, viajar, conocer lo nuevo, crear nuevos amigos, probar, probar, probar, atreverse, volver a arriesgar, ocupar el tiempo, ocupar el tiempo con actividades que no habría querido realizar ni de joven, proyectar, proyectar, proyectar, tener iniciativa. No digo que cualquiera de estas ideas no sea buena, pero ¿apuntarlas en una pizarra en un cierto orden…?Programar, programar, programar… Ilusión, tener ilusión… Ilusionarme con un kit de primeros auxilios… ¿Qué ocurre cuando hay períodos en los que tu cuerpo no sabe moverse en un sentido, o cuando tu cabeza pide alejarse del razonamiento y solo quiere resguardarse en un lugar donde la ansiedad no la acometa con sus neurosis, que no son más que la revelación de una rebeldía interior?

Esto es lo que me hace dudar de mi vida afortunada, porque aprendí, como solemos aprender me temo, que es mejor escuchar lo de fuera que lo de dentro que nos llega de nuestros propios órganos, estómago, cabeza, corazón. Dudo como duda esa que llega de una población pequeña y remota y tiene que decidirse a integrarse en la inquieta y bulliciosa urbe que asoma en el horizonte bajo una maraña gris de humo y polvo. Porque aquella, aquel, que reside de manera habitual en la población pequeña y remota, sabe que puede respirar hondo y que en principio no le apetece penetrar la maraña gris de humo y polvo, pero también llega a preguntarse si tendrá razones para no desearlo, si no será que se está perdiendo algo. Si no fuera así, si no se estuviera perdiendo algo, ¿por qué entonces su población pequeña está menguando? Así escuchamos lo que nos llega de fuera y damos fe de ello de inmediato. Así nos enseñaron, y cuando ya pasan los años, los consejos de bolsillos nos quieren ayudar a que lo desaprendamos.

Empecé esta carta diciéndote que ninguna razón de escribir era de vida o muerte, y es lo que creo, sin embargo, acudo a las palabras escritas como para crear un testimonio de esta existencia mía que discurre a la vez que siento que me estoy perdiendo algo. No vaya a ser que en un alarde de insensatez termine por convencerme y pierda hasta lo que ya tengo. Siempre podré regresar a leerlo y corregir el rumbo. De todas formas, será difícil que me convenza porque, mi estómago y mi corazón —el ritmo cardíaco realmente— me dicen que no me estoy perdiendo nada; y es a estos órganos a los que escucho más que a nada de mi cuerpo últimamente.

Te envío una pieza de música que estaba escuchando mientras te escribía esta carta. Espero que te guste.

Con afecto eterno,

Una admiradora

Pieza de música compuesta por Novo Talos, For The Love of Love.

11 comentarios en “Razones para escribir

  1. Al leer tu carta recordé una eterna discusión en mi cabeza acerca de la felicidad. ¿Puede ser la felicidad un estado permanente? ¿o es necesariamente algo que se persigue, se alcanza por momentos y luego se aleja para comenzar la persecución nuevamente? Esa persecución de la felicidad son las ilusiones y proyectos que mencionas en tu carta. Yo prefiero creer que la felicidad es un estado permanente.

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    1. Gracias, por comentar y visitar. Yo también lo creo, pero pasamos de lado. Confundimos euforia con felicidad, y es un “pecado” —no soy religiosa, pero no se me ocurre mejor vocablo— no advertirla cuando se tiene. Muchas personas luchan por un poco siquiera de esa tranquilidad desde las necesidades primarias y otros nos andamos con zarandajas temporales. Pero bueno, es cuestión de tiempo, experiencia o lo que sea el darse cuenta 🙂

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  2. Estás en el buen camino, haciendo lo que a ti te gusta. Con el tiempo aprendemos a conocernos y a dejarnos en paz. Se sufre mucho por querer adaptarse a esas imposiciones sociales que no van nada con uno.
    Y no, la escritura no es de vida o muerte, se puede vivir sin escribir. Solo es más aburrido.
    Saludos!!

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    1. Me alegro de que te gusten. La música es algo que me acompaña normalmente cuando escribo, y si en ese momento estoy escuchando una pieza en concreto parece que le da una pincelada diferente en mi cabeza. De ahí que la incluya. Gracias por leer, Leyla! 🙂

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  3. Vive y haz lo que quieras, basándome un poco en la frase de San Agustín. Me ha encantado leerte y también escuchar la música. Yo normalmente escribo sin música, me he acostumbrado al silencio y después de escribir, escucho música. Son, tal vez, hábitos. Para mi, escribir es algo esencial, es tal vez la sensación de sentirme inútil… Mi padre me decía que no hay nada más tonto que un papel en blanco que se deja poner en él lo que se quiere… yo era muy joven y pensaba si el papel sería consciente de su tontería… Me hiciste recordarlo. Y miré mis páginas almacenadas con una sonrisa… cuántos sentimientos ¿inútiles? Y al final lo importante es lo que viví, lo que sentí al escribir. Me gustó mucho leerte. Un fuerte abrazo. Feliz día!

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    1. Yo no tengo un hábito en concreto con la música y la escritura. A veces escucho música, a veces no. A veces se me olvida que estoy con música o en silencio, con la concentración… Pero en ocasiones, si estoy con el ordenador, normalmente, es cuando cae alguna melodía que casualmente acompaña lo que escribo o leo e influye en lo que hago; a veces. Muchas gracias, Julie. Un abrazo 🙂

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  4. Pingback: Cartas/7 — Cartas a un escritor/…a – Olga Rubal

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