No creo en las brujas

Bilingüe/Bilingual, Mi prosa / My Prose, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Please, scroll down to read the English version, below the images.

No creo en la astrología ni en la quiromancia. No creo en las coincidencias con significado ni en el Karma. No creo en los oráculos o las casualidades intencionadas. No creo en los fantasmas ni en los vampiros. No creo, desde luego, en las brujas. Sin embargo, cuando llegan estas fechas mi espíritu se acerca a las sombras, a la curiosidad de un gato, a la mirada que se deposita sobre un fuego de leña. Mi mente juega con una historia de misterio, dibuja una casa encantada y recuerda, cómo no, aquellos ocasiones en los que preparaba, como profesora, alguna actividad acerca de la noche de las almas para mis clases; también recuerda los días de la infancia en los que aprovechábamos un día de lluvia y tormenta para recogernos bajo una cornisa o unos soportales y contarnos un cuento con un susto por final; también recuerda los días de la adolescencia a solas viendo los ciclos de películas de terror que echaban por la televisión.

Pero me estoy desviando de lo que veía a contarme ahora.

Solo una vez me dejé leer el Tarot y fue a los 18 años. Fue en el parque del Retiro, cuando los tarotistas empezaron a asentarse por esa zona, más o menos. La lectura me la hizo una mujer joven de melena muy larga y rubia. En realidad, eran dos hermanas o conocidas o amigas o socias. Las dos muy parecidas. Ambas con el pelo muy largo y rubio y aparentemente extranjeras. Una me leyó el Tarot y la otra las líneas de la mano. No sé por qué me dio por pedir sus servicios, de las dos, pero en ese momento sé que me atrajo la idea. Me dijeron algunas cosas vagas, generales, otras más concretas, pero quizá se acercaran mucho a como yo soy ahora. Pero esto no es lo relevante de mi recuerdo. Lo relevante es que años más tarde, todavía me gusta recrearme en cierto simbolismo de las cosas, aunque lejos de pensar que es la «cosa» la que te brinda una lectura, pienso que somos nosotros, en la lectura que hacemos de esa misma «cosa» los que nos facilitamos una lectura de nosotros mismos, de cómo nos va la vida, de qué nos importa, de dónde ponemos el foco de atención. Somos mucho más que la lectura de un símbolo. No hay misterio en la «cosa» sino en nuestra forma de leerlas. Decimos mucho, mucho, con nuestras interpretaciones. Nuestra forma de analizar, y en cada momento y en cada circunstancia.

De todas formas, esto es como construir una historia, nos valemos del simbolismo para narrarla. ¿De qué otro modo si no? Es lo que aporta belleza, interés y esa necesidad de tomar perspectiva, de alejarse para poder abordarla con más ganas y menos escrúpulos, menos dolor, menos temor.

Así que no creo en las brujas, aunque de siempre me han dado bastante miedo. No entro en materia de género —de si eso es porque la imagen que siempre se ha dado de la mujer, etc.— porque aquí no viene al caso. Las brujas me han dado bastante miedo hasta ahora. Recuerdo el terror que sentí cuando la reina de Blancanieves se transformaba en bruja , esa escena precisamente de la película de Disney. Después me compraron un móvil —no el teléfono—, de los que se cuelgan del techo de los dormitorios, con la silueta recortada en cartulina de los personajes de la película, y la bruja estaba, ya transformada, en la parte superior. Cada vez que giraba y lo veía girar desde mi cama en la penumbra, cuando estaba a punto de asomar la cara de la bruja yo dejaba de mirar y me escondía bajo la sábana. Lo curioso es que nunca les dije a mis a padres el miedo que me producía verla. Y es que creo que yo tampoco sentí la necesidad de decírselo. Normalmente se diría, ¿no? Pero yo no lo hice. Me deshice del móvil bastante tarde. Debía de ser ya adolescente…

Bueno, pues no creo en las brujas y tampoco en los oráculos, pero hace poco me compré una baraja muy curiosa. Buscaba por Internet la referencia de una baraja del Tarot ; no sabía si la de Marsella o la que fuera, si la de los Arcanos o lo que fuera. Tenía el recuerdo aún un poco mareado de la obra de Italo Calvino, El castillo de los destinos cruzados, donde los personajes narran distintas historias basándose en determinadas disposiciones de las cartas del Tarot; y andaba yo también con ganas de anticiparme un poco en la vida, como para adelantar algún paso de la mente; al mismo tiempo curioseaba sobre obras de escritoras. Total que navegando por la red me encontré con un juego de cartas que emulaban las de la adivinación, pero que contenían imágenes de escritoras, así como otras imágenes varias, como las de un objeto, un animal, una casa. El juego de cartas iba acompañado, aunque solo era complementario, de un libro donde cada escritora y su imagen, o mejor decir ilustración, ocupaba un capítulo. Al final del mismo, la autora y la ilustradora, invitan a que cada uno/a haga su propia recopilación de escritoras, como una obra abierta. ¿Y qué tiene que ver esto con las «brujas»? Pues porque el libro se llama Literary Witches —Brujas literarias—, escrito por Taisia Kitaiskaia e ilustrado por Katy Horan, y el juego de cartas es The Literary Witches Oracle —El oráculo de las brujas literarias—.

No, no creo en las brujas ni creo en los oráculos, pero esta partida no me la pierdo. Además, está muy lejos de parecerse a la bruja que una vez colgaba del techo de mi dormitorio.


I don’t believe in witches

I don’t believe in astrology nor in palmistry. I do not believe in coincidences with meaning nor in Karma. I don’t believe in oracles or intentional coincidences. I don’t believe in ghosts nor in vampires. I don’t believe, of course, in witches. However, when these dates approach my spirit moves closer to the shadows, to the curiosity of a cat, to the look that lies on a wood fire. My mind plays with a mystery story, draws a haunted house and remembers, of course, those occasions on which I prepared, as a teacher, some activity about the night of souls for my lessons; it also remembers the days of childhood when we took advantage of a rainy and stormy day to gather under a ledge or some portico and tell a story with a fright for an ending; my mind also remembers the days of adolescence alone watching the cycles of horror movies on television.

But I’m deviating from what I intended to tell myself now.

Only once did I let myself read the Tarot and it was at age 18. It was in the Retiro park, when the tarot readers began to settle in that area, more or less. The reading was conducted by a young woman with very long blond hair. Actually, they were two sisters or acquaintances, or friends. The two very much alike. Both with very long blond hair and seemingly foreign. One read the Tarot and the other the lines of the hand. I don’t know why I asked for their services, but at that moment I knew I was attracted to the idea. They told me some vague, general things; other were more concrete, but perhaps very close to whom I am and how I feel now. But this is not what is relevant of my remenbrace. The relevant thing is that years later, I still like to recreate myself in a certain symbolism of things, although far from thinking that it is the “thing” that gives you a reading, I think that it is we, in the reading that we get from the “thing” itself, that provide a reading of ourselves, of how our lives are going on, of what matters to us, where we put the focus of attention. We are much more than just reading a symbol. There is no mystery in the “thing” but in the way we read it. We say way a lot with our interpretations, our way of analyzing in every moment and in every circumstance.

Anyway, this is like building a story, we use symbolism to tell the story. Is there any other way? It is what brings beauty, interest and the need of taking perspective, of moving away so as to be able to approach it with more desire and less scruples, less pain, less fear.

So I don’t believe in witches, although I’ve always been quite scared of them. I will not go into gender – into the thing about the image that has always been given of women, etc. – because it is not relevant here. The witches have always scared me so far. I remember the terror I felt when the Snow White Queen turned into a witch, that scene precisely from the Disney movie. Then they bought me a mobile, one of those mobiles —not a phone—that hang from the ceiling of the bedrooms, with the cardboard-cut silhouette of the characters in the movie, and the witch, who was, already transformed, at the top. Every time it turned and I would see it rotate from my bed in the dim light, just when the witch’s face was about to reveal I stopped looking and hid under the bed sheet. The funny thing is that I never told my parents about the fear that caused me to see her. And I think I didn’t feel the need to tell them either. It would be a normal thing to be told, right? But I did not. I got rid of my toy mobile quite late. I must have already been a teenager by then…

Well, I don’t believe in witches and oracles, but recently I purchased a very curious card deck. I searched the Internet for the reference of a Tarot deck; I didn’t know if the Marseille one or whatever, the one of the Arcanes or whatever. I still had a little dizzy memory of Italo Calvino’s work, The Castle of the Crossed Destinies, where the characters tell different stories based on a certain display of the Tarot cards; and I was also eager to anticipate myself a little in life, so as to advance some step head of the mind; at the same time I was concerned about female writers’ works. Anyhow, while I was surfing the net I found a card set that emulated those of divination, but contained images of female writers, as well as other images, such as those of an object, an animal, a house. The card set was accompanied, although it was only complementary, by a book where each female writer and her image, or better to say illustration, occupied a chapter. At the end of it all, both the author and the illustrator invite the reader to make our own compilation of female writers, as an open work. And what does this have to do with the “witches”? It is because the book is called Literary Witches, written by Taisia Kitaiskaia and illustrated by Katy Horan, and the card game is titled The Literary Witches Oracle.

No, I don’t believe in witches or believe in oracles, but I won’t miss this game. Besides, it is far from resembling the witch that was once hanging from the top of my bedroom ceiling.

Esta ha sido mi carta hoy.
This has been my card today:

protection – obstacles -boundaries
protección – obstáculos – límites/fronteras