«Párate y piensa»

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose

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Carta – 12

Querido escritor/a:

Leyendo un librito de ensayo, Serenidad de Alfred Sonnenfeld, de los que huyo, pero luego me cazan… recordé cuánto me impactaron en su momento unas cuantas frases de la pensadora y politóloga, Hannah Arendt, de puro sentido común que rebosan; tan humanas y sencillas.

Ya se nota que yo no he estudiado filosofía; me paso los argumentos, los razonamientos, las conclusiones, la hipótesis, tesis y antítesis de un texto, por el forro… de mi necesidad de contar, o escribir —que para mí es lo mismo— como el que habla por hablar. De ahí que empiece por una cosa y, atravesando los lindes de la organización lógica textual, termine por otra. Desde bien pequeña me dejaron claro que no sabía muy bien a dónde quería ir a parar con las palabras, y sobre todo las escritas. Ya con un poco de más edad, juicio y capacidad de decisión, sin embargo, estuve a punto de decantarme por estudiar Filosofía; por aquel entonces una maravillosa profesora nos presentó la materia de tal modo que muchas de nosotras nos planteamos la posibilidad de seguir estudiándola. Comprendí que el campo de las palabras que gozan enredándose en una madeja tenía una etiqueta «Fi-lo-so-fí-a. Pero entonces alguien me dijo que me parase a pensarlo un poco. Después me hicieron un test para la orientación de estudios —¿universitarios?— y los resultados dieron positivo para asuntos relacionados con las artes plásticas. Estuve a punto, también, de tentarlas, las artes plásticas, pero entonces alguien me dijo de nuevo que me parase a pensarlo. Me paré y lo pensé. Y aquí estamos. No he estudiado Filosofía ni nada relacionado con las artes plásticas.

Cuando leí el librito de Sonnenfeld y vi la cita de Hannah Arendt «Párate y piensa» —la referencia está tomada del libro de Arendt Eichmann en Jerusalem—, recordé otras tantas frases de la misma autora que se me quedaron grabadas en la cabeza durante un tiempo y que me sirvieron para el intento de un estudio académico. En una entrevista a cargo de Günter Gauss, por ejemplo, decía cosas como que para ella escribir era una forma de acceso a la comprensión de las cosas; decía, y no sé si estoy desvirtuando algo de su mensaje, que era la satisfacción personal y no el deseo de influir lo que le movía a escribir. Sus teorías, al margen de estas declaraciones, no me interesaban. El momento epifánico de mi encuentro con su obra residía en esas dos ideas: la comprensión y la satisfacción personal. A raíz de leer, o escuchar, estas dos simples ideas, se me aclararon muchas cosas. ¡Qué tontería! ¡Qué estupidez! Claro, la escritura formaba parte de mí; lo necesitaba para comprender el mundo, sin conceder relevancia a lo que otros pudieran o quisieran pensar sobre ello. No darme cuenta de ello, cuando todavía era muy joven y me pedían que pensara como vieja, fue un error. Y lo mismo ocurrió con las artes plásticas.

Es curioso que fuera precisamente otra frase de Arendt, «párate y piensa», la que, pronunciada por otros, me impidiera dejarme llevar por lo que desde todos los puntos de vistas subjetivos y objetivos era mi esencia y mi forma de abordar la vida.

Pero esto ya forma parte del pasado.

«Párate y piensa», y realmente estoy de acuerdo con esto. La cuestión es a quién le correspondería hacerlo en cada caso.

Con afecto eterno,

Una admiradora.

Carboncillo y grafito ©Rubal

«Stop and Think»

Letter – 12

Dear writer:

When reading a little essay book, Serenidad by Alfred Sonnenfeld, one of those I run away from but then hunt me… I recalled how much I was once impressed by a couple expressions of the thinker and political scientist, Hannah Arendt; they were so human and simple and overflowed so much with common sense.

You can tell that I have not studied philosophy; I could not care less about arguments, reasoning, conclusions, hypothesis, thesis and antithesis of a text… than my need to tell or write something, which is about the same act after all. As the one who speaks for the sake of speaking. Hence I start with one thing and, crossing the boundaries of the textual logical organization, end with another. From a very young age they made it clear to me that I did not know very well where I wanted to go with the words, especially with those written. However, a little older, more capable of better judgment and decision making, I was about to choose to study Philosophy; by then a wonderful teacher had introduced us to the subject in such a way that many of us planned to continue studying it. I realized that the learning field where words take pleasure in becoming entangled had a label «Phi-lo-so-phy». But then someone told me to stop and think about it a bit. Then I was given a study orientation —for university?— and the results were positive in matters of plastic arts. I was about to try them too, plastic arts, but then someone told me again to stop and think about it. I stopped and thought about it. And here we are. I did not study Philosophy nor anything related to plastic arts.

When I read Sonnenfeld’s little book and saw Hannah Arendt’s quotation «Stop and think» —the reference is taken from Arendt’s book Eichmann in Jerusalem—, I remembered a few other words of the same author, that I kept in my head for a while and helped me in my attempt to write an academic study. In an interview by Günter Gauss, for example, she said that writing for her was an access to the understanding of things. She said, and I don’t know if I’m somehow distorting her message, that it was personal satisfaction and not the wish to influence others that moved her to write. Her theories, apart from these assumptions, did not interest me. The epiphanic moment of my encounter with her work just lay in these two ideas: understanding and personal satisfaction. From this point, after reading, or listening to, these two simple ideas, I made many things clear to myself. What nonsense! What a stupid thing! Of course, writing was part of me; I needed it to understand the world, disregarding what others could or would like to think about it. Not realising this, when I was still very young and was asked to think as an old person, was a mistake. And the same was for plastic arts.

It is funny that it was precisely one of Arendt’s expressions, «Stop and think», which, pronounced by others , dissuaded me from focussing on what from all points of views, both subjetive and objective, could be seen as my essence and life approach.

But this is already part of the past.

«Stop and think», and I really agree on that. The question is who should do it in each case.

With eternal affection,

An admirer.