El olor del cuarto trimestre

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Lápices de colores y pastel ©Rubal

¿A qué huele noviembre?

Estoy en Madrid.
Apenas ha lloviznado y me llega el olor
del último trimestre del año.

Mi padre murió hace tres años,
mi madre murió hace un año
—mi perro, también—.
Todos mayores;
todos en su último trimestre.

Hace tres años dejé de rendirle tributo
a la administración por ser autónoma.
Ya no debo resumir mi actividad
al cabo del año natural.
El tiempo por ejercicios acabó.

Antes de que todo, todo, pasara,
cuando el otoño se adentraba,
comía naranjas y mandarinas
y su olor cítrico, dulce y ácido
anunciaba un estallido del alma.

Pero yo me adentré en los deberes,
en las obligaciones de pago,
en los impuestos aplazados,
como una forma de existencia
que me vestía cada mañana.

¿A qué olía entonces noviembre?

Se apagaron las luces.
Se marchitaron las naranjas,
se arrugaron las mandarinas.
Las peladuras dejaron de exudar
su profundo aroma de provenir.

Qué enredo el de mis líneas.
Ya no sé en qué orden contarlas.
Ya no sé medir el tiempo
por las cosas que pasaron.
Solo sé que ya no hay nada.

¿Es este el mes de noviembre?

Llevo esperando un año,
quieta, en el umbral de una puerta
que no había cerrado, y empiezo
a oler a algo que se acerca.
Es un dulzor amargo que me alienta.

Mis viejas ropas han mudado.
Mi voz ha dejado de quebrarse.
Mi mano no se pierde entre las letras
ni entre las líneas de su trazado.
Mi hogar está preparado.

¡Ah de la casa, noviembre!
Me alegro de volver a verte.