De versiones y originales

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing, Mi prosa / My Prose, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Please, scroll down to read the English version, below the first image.

¿Qué fue de esos momentos de nuestra infancia o nuestra adolescencia, que nos permitían repetir la misma historia tantas veces como queríamos? A mí se me había muerto ese deseo, o no encontraba momento. Es fácil repetir el visionado de una película cuando te la reponen infinito en la televisión, pero que una encuentre el tiempo y lugar para regresar voluntariamente a las historias que le emocionaron o le entusiasmaron, eso es otra cosa. Afortunadamente, empiezo a tener la ocasión de hacerlo de nuevo.

Desde que estrenaron la serie de Netflix La maldición de Hill House (2018), la he visto ya tres veces. Había visto una versión anterior de la novela de Shirley Jackson a manos del director Jan de Bont, a la que llamó The Haunting (1999)—en español se llamó La guarida—. Esta versión no me dejó ningún tipo de huella. Otra película de casa encantadas con final aguado.

Siento decir que entonces no supe que se basaba en la novela de Jackson (1959), o en ninguna otra novela, hasta que vi la serie de Netflix a cargo del director Mike Flanagan. Fue a partir de ver esta versión cuando empecé a oír acerca de la existencia de la novela y de su autora… Oh, cómo lo lamento, de verdad.

No sé cómo hacer para no desviarme de lo que quiero decir ahora. Se me agolpan las ideas, porque esto no iba a ir de Shirley Jackson exactamente, aunque la roce. Prefiero reservarla para cuando vaya avanzando en sus lecturas, que ya son unas cuantas realizadas. Esto va de qué me ha impulsado a ver la versión de Flanagan ya tres veces.

El caso es sencillo. He visto el reflejo de una familia que batalla sus propios fantasmas. La familia es un tema central de la literatura de Shirley Jackson, pero la versión de Flanagan me es más cercana. No se trata de estropear el argumento para el que quiera verla. Tan solo decir que el tratamiento del dolor, del miedo, de la negación de la realidad es admirable. En la serie son siete miembros en la familia y en la mía éramos siete; aunque no tuviera que ser un reflejo de mi vivencia, no he podido evitar comprender muchos de los temas que acosan a una familia y que incluso me ha ayudado en un determinado momento para aliviar una presión personal a través de la ficción, de extrapolarlo a una historia basada en hechos sobrenaturales. En las siguientes ocasiones ya solo se ha tratado de un extraño disfrute, por mi parte, y de estar aprendiendo a tomar una perspectiva creativa para solucionar lo que en la realidad no tiene solución posible. Hasta aquí en cuanto a identificaciones.

En cuanto al género de terror al que pertenece, ha resucitado en mí algún gusto mío por el misterio que tenía ya desde pequeña. La cuestión es que mi gusto por el género del terror es limitado, no me gusta todo lo que ahora encierra el género, pero la serie de La maldición de Hill House me ha renovado las ganas por indagar qué tipo de terror acepto y por qué. Gracias a esta versión he acudido a las fuentes originales que dio pie a que el resto hiciera sus variopintas versiones, y me estoy refiriendo a las novelas de Shirley Jackson, y gracias a acudir a estas fuentes originales, estoy descubriendo un mundo al que no le había dado la debida oportunidad de conocer, recorriendo en su lugar otras letras que en este momento no me estaban reportando tanto placer. Y no solo se trata del placer o el gusto de mi yo lector, sino de los temas sobre los que normalmente estaba escribiendo. He comprendido que si una no escribe sobre lo que conoce y si una no halla el formato adecuado para transmitirlo, no podrá alcanzar el resultado que desea; sonará ficticio e inverosímil.

Dejo aquí una cita que me fascina y que aparece en la serie —no recuerdo si aparece en la novela—, y es:

«Some things can’t be told. You live them or you don’t. But they can’t be told.»

Mi versión en español:

«Algunas cosas no pueden ser contadas. Las vives o no. Pero no pueden ser contadas.»

Qué tremendo es entonces el papel del escritor —o el del director en este caso también—, hacer que el lector o el espectador las vivamos sin sentir que nos las están contando. Y en mi opinión, tanto en la serie, que es versión, como en el original, los autores lo consiguen perfectamente.

Sanguina, Carboncillo y grafitos ©Rubal


On versions and originals

What happened to those moments of our childhood or our adolescence which allowed us to repeat the same story as many times as we wanted? That desire had died for me, or I couldn’t find a moment. It is easy to repeat the viewing of a movie when it is put on television repeatedly; but to find the time and place to go back voluntarily to the stories that fascinated or excited us, that is another thing. Fortunately, I am beginning to have the chance to do it again.

Since the release of the The Haunting of Hill House series (2018) on Netflix, I’ve seen it three times already. I had seen an earlier version of Shirley Jackson’s novel directed by Jan de Bont, which was titled The Haunting (1999) —in Spanish, La guarida—. This version did not leave any kind of mark on me. Another haunted house movie with a watery end.

I’m sorry to say that I did not know then that it was based on Jackson’s novel (1959), or on any on other novel at all, until I watched the Netflix series directed by Mike Flanagan. It was from seeing this version when I began to hear about the existence of the novel and its author … Oh, how sorry, really.

I do not know how to do so as not to deviate from what I want to say now. My ideas flood in because this was not supposed to be about Shirley Jackson exactly, even if it just touched her. I prefer to save it for when I read on her works; I have already done a few of them. This is about what has prompted me to see Flanagan’s version three times so far.

The case is simple. I have seen the reflection of a family that battles against their own ghosts. The family is a central theme in Shirley Jackson’s literature, but Flanagan’s version is closer to me. This is not about spoiling the plot for those who want to see it. Suffice it to say that the treatment of pain, fear, and denial of reality is admirable. In the series there are seven members in the family and in mine there were seven as well. Although it did not have to be a reflection of my experience, I could not help understanding many of the issues that plague a family; it has even helped me at a certain time to relieve personal pressure through fiction, to extrapolate it to a story based on supernatural facts. As for the rest of the times when I have seen it again, it has provided a sort of strange enjoyment, for my part; the possibility to learn to take a creative perspective on solving what has no possible solution in real life. So far in terms of identifications.

As for the kind of terror to which the story belongs, it has relived in me some taste of mine for the mystery I had since I was little. The point is that my taste for the horror genre is limited, I do not like everything that the genre now encompasses, but The Haunting of Hill House series has aroused my desire to look into what kind of terror I accept and why. Thanks to this version I have turned to the original source of it, that one which made it possible for the rest to think up their various versions —and I am referring to the novels by Shirley Jackson—, and because I have gone to the original source, I am discovering a world I did not allow myself the right opportunity to get to know, instead having paid attention to other letters that, at the time, would not be bringing me as much pleasure. And it is not just about my pleasure or my taste as a reader, but also about the topics I was normally writing about. I have understood that if one does not write about what a person knows and if one does not find the appropriate format to transmit it, it will not be possible to achieve the result that is intended; It would sound fictional and implausible.

I leave here a quotation that fascinates me and that appears in the series —I cannot recall that it appears in the novel—; and it the following:

«Some things can’t be told. You live them or you don’t. But they can’t be told. »

How tremendous is then the role of the writer —or that of the director—: to make the reader or the viewer live the things without noticing that they are being told. And in my opinion, both in the series, the version, as well as in the original, the authors manage to get it perfectly done.

La maldición de Hill House, de Shirley Jackson.
Publicada por la editorial Minúscula (2019)

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