Decálogos – 1

Bilingüe/Bilingual, Decálogos / Decalogues, Dibujo y color / Drawing and Colour
Lápiz y grafito ©Rubal

Empezar a escribir en una página impar.
No forzar la palabra.
Si algo no inspira, ni intentarlo.
No pensar cuando estoy cansada.
Mirar de frente el impulso sin hacer nada.
Dejar correr el tiempo para comprender ese impulso.


Begin to write on an odd-numbered page.
Not to force the word.
Not even try when something does not inspire.
Not to think when I am tired.
Look straight at the impulse without doing anything.
Let time pass by in order to understand that impulse.

©Rubal

De formatos y necesidades

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Equilibrium (Pastel) ©Rubal

Carta – 9

Querido escritor/a:

Escribimos, dibujamos, pintamos o fotografíamos; unos usamos una forma de expresión, otros cualquier otra. La cuestión es cuánto tiempo dedicamos a expresarnos simplemente y cuánto a pensar en por qué nos expresamos de esta o aquella manera; en si nos bloqueamos, y si ciertas formas están permitidas o se llevan; en si somos buenos o malos en lo que hacemos y si merece realmente la pena dar cuenta de ello…

Sin embargo, esta es la mochila con la que he amanecido esta mañana:

Cuando encontramos la forma de expresión que mejor le va a nuestra forma de ver la vida, de apreciarla o criticarla, de disfrutarla o de dolernos, es un momento realmente mágico y único. Pero lo realmente mágico y único es descubrir que no hay una «única» forma de expresar y que no hay un único formato. Dejemos las categorías para la razón de los filósofos.

Una vez descubramos nuestro «formato», no deberíamos soltarlo; deberíamos correr veloces con ello —no sea que nos atrape la duda— hasta donde nos lleve. Mientras tanto, sobrevolar los escenarios sin descuidar nuestro entorno, sin obviar la vida, sin olvidarnos de respirar y tomar resuello. Porque se trata de disfrutar, y disfrutar de lo que es nuestro, de lo que nos pide la cabeza y el cuerpo. Puede que en algún momento necesitemos silenciar ese «formato» por un tiempo, y será bueno. O incluso puede que queramos silenciarlo para el resto de nuestras vidas, y eso será también bueno, porque será de necesidad que lo hagamos. La expresión es una necesidad; de ella surge y en ella desaparece. No es tan complicado.

Con eterno afecto,

Una admiradora


Letter – 9

Dear writer:

We write, draw, paint or photograph; some use a form of expression, others use another. The question is how much time we spend simply expressing ourselves and how much we think about why we express ourselves this way or the other; whether we block ourselves, and if certain forms are allowed or follow the trend; whether we are good or bad at what we do and if it is really worth showing it at all…

However, this is the backpack with which I woke up this morning:

When we find the form of expression that best suits our way of seeing life, of appreciating or criticizing it, enjoying it or hurting from it, it is a truly magical and unique moment. But the really magical and unique thing is to discover that there is no «unique» way of expressing and that there is no single format. Let us leave categories for the reasoning of the philosophers.

Once we discover our «format», we should not let go of it; we should run fast with it —lest the doubt catch up with us— as far as it takes us. Meanwhile, we should fly over the scenery without neglecting our surroundings, nor desregarding life, nor forgetting to breathe and take a breath. Because it is about enjoying, and enjoying what is ours, what the head and body asks us to do. At some point we may need to silence that «format» for a while, and it will be good. Or we may even want to silence it for the rest of our lives, and that will also be good, because it will be necessary for us to do so. Expression is a necessity: it arises from necessity and it disappears in necessity too.

With eternal affection,

Your admirer

¿De qué va la Odisea?

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing
©Rubal
La ira de Poseidon contra Odiseo después de que este deja ciego a su hijo, el cíclope Polifemo. Este incidente retrasa «un poco» más el regreso de Odiseo a Ítaca.

Poseidon’s wrath against Odysseus after the latter has blinded his son, the one-eyed giant Polyphemus. The return of Odysseus to his home in Ithaca is therefore a little delayed.
©Rubal
Penélope teje y desteja un sudario para el rey Laertes durante veinte años para evitar caer en manos de cualquiera de sus pretendientes. La idea es que no podrá aceptar ninguna propuesta —en ausencia de su marido, Odiseo— hasta terminar dicha tarea. Eso les dice. Fiel a su pareja, desteje el paño a escondidas hasta que el engaño es descubierto. Afortunadamente, Odiseo llega a tiempo…

Penelope weaves and unweaves a shroud for king Laertes to avoid her suitors. The idea being that she will not be able to accept a marriage proposal from any of her suitors —in the absence of her husband, Odysseus— before she gets to finish such task. That’s what she tells them. Loyal to her partner, she undoes the shroud when unseen, but eventually the deceit is disclosed. Fortunately, Odysseus comes in time…

¿De qué va la Odisea? ¿Del viaje o de la espera?

Son veinte años de ausencia y veinte años de espera. Veinte años…

Con frecuencia se cree que la aventura está en el viaje, en la marcha, en la huida, en el distanciamiento. Sin embargo, mientras transcurre el viaje, la marcha, la huida, el distanciamiento, ¿qué ocurre con los que se quedan esperando la noticia del regreso? Son veinte años de fortaleza interior. Las pruebas de trabajo o dolor de una persona que viaja son las mismas pruebas de trabajo y dolor de la persona que permanece.

Entonces, dónde está realmente la «odisea»?


What is the Odyssey about? Is it about the journey or the waiting?

Twenty years of absence and twenty years of waiting. Twenty years…

Adventure is often believed to be in the journey, the leaving, the escape, the distance. However, while the journey —the leaving, the escape or the distance— takes place, what happens to those who are left to wait for a piece of news of the return? It is twenty years of inner strength. The toil and pain of a person who travels are the same as the pain and toil of the person who stays.

So, where is actually the «odyssey»?


This one goes for you, Outosego, who, of all I have met in these whereabouts, is more likely to get a better picture of the Odyssey (and its alternate ending), at least of the wonderful land where the story takes place.

Viento de septiembre

Mi prosa / My Prose, Paisaje urbano / Urban Landscape

CAMBIO

Los wind chimes, o carillones de viento, andaban como locos. El sonido a través de la grabación asemeja una cristalería en «crisis», pero en la realidad, cuando pasaba por la acera donde estaba el puesto era algo indescriptible al oído. Pura magia del aire. Y como no quiero ponerme poética, porque tampoco me lo da el día, prefiero dejarlo en la imagen. Es el viento de septiembre. Es el anuncio de un cambio.

VIENTO DE SEPTIEMBRE
CAMBIO

De la calle de la Alameda a la Cuesta de Moyano

Cruce de caminos / Crossroads, Paisaje urbano / Urban Landscape

No soy fotógrafa, pero disponer las imágenes en este espacio, como en un álbum, da sentido a una jornada y una experiencia que existió la semana pasada. Hacía mucho tiempo que no andaba por el Barrio de las Letras, en Madrid, así que…

Calle de San Agustín. Al fondo, perpendicular a la misma, corre la calle de Lope de Vega. A la izquierda la imagen de Miguel de Cervantes, de cuya cabeza emergen Don Quijote y Sancho Panza.

Mi recorrido se dio por buscar un libro. Desde la calle de la Alameda hasta la calle de la Magdalena. Desde la librería La Fábrica hasta la librería Sin Tarima Cogí el Google Maps y me dejé llevar. No se puede andar por Madrid, por esos lares más antiguos, creyendo que vas a encontrar paralelas y perpendiculares. Es un territorio donde la construcción siguió su propio antojo. Un patchwork de ladrillo y adoquines.

Andando con el móvil en la mano, mirando la pantalla para ver por dónde la lucecita azul, es decir, mi yo virtual se movía y a dónde se dirigía… En fin, me quedé frente a este edificio, poco antes de cruzar la calle de Atocha. Si me dicen que estoy en Toledo o en Segovia, me parecería lo mismo. Sabía que era Madrid porque no había cogido el tren por la mañana. Había llegado andando. Pero por cómo me movía, buscaba y sacaba fotos, parecía una turista.
Por mí, perfecto 🙂

Por supuesto, la lona verde, perteneciente a una obra de fachada, en la parte superior de la izquierda, lo delata todo. No había duda. Estaba en Madrid.


Ya de vuelta de la segunda librería y con el ejemplar en la mano, en la mochila, tiré por la calle de Atocha —una calle que recorrí muchas veces durante mis años de instituto y alguno de carrera— hasta llegar a la Cuesta de Moyano. Era mi territorio en aquella época, hace mucho tiempo.


Te dedico esta entrada, Evavill, ya que fue por buscar tu libro, Primer párrafo, que pude volver a recorrer este camino rememorando parte de mi pasado.

Variaciones sobre un tema

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Variaciones de color naranja sobre fondo marrón ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

1

Cosas que no me interesan:
Mirarme en un espejo muy de cerca
y perder la noción del tiempo.
Borrar los límites de mi contorno
y emborronar el espacio negativo
que no ocupa mi presencia.
Omitir el sonido del discurrir en mi cabeza.
Olvidarme de cerrar los ojos,
parpadear siquiera.

2

Cosas que no me interesan:
En un espejo mirarme

de cerca;

perder la noción del tiempo

y anular

el espacio negativo
que no ocupa mi presencia;

omitir

el discurso de la mente,

y evitar

que los ojos se ensombrezcan.
Ni un parpadeo siquiera.


1

Things I am not interested in:
Looking at myself into a mirror,
very closely, and losing track of time.
Clearing the boundaries of my contour
and blurring the negative space that
my presence does not occupy.
Skipping the rumour in my head.
Forgetting to close my eyes,
or even blink.

2

Things I am not interested in:
Looking at myself into a mirror,

closely;

losing track of time

and removing

the negative space that
my presence does not occupy;

omitting

the speech of the mind,

and preventing

the eyes from darkening.
Not even a blink.

©Rubal

El asistente médico espiritual

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose
Lápiz, grafito, lápiz de color ©Rubal (Septiembre 2019)

X estaba recostada sobre el asiento con los brazos extendidos hacia delante y apoyados sobre la mesa electrónica delante de una caja de pastillas. En la pantalla, el asistente médico espiritual sonreía.

—Lo puedes tomar como un paracetamol de un gramo. A cada seis u ocho horas mínimo. Calculas el tiempo y te da para hacerlo hasta tres veces al día, procurando que no sea durante un tiempo demasiado prolongado —dijo el asistente.

—¿Y si me paso?

—Si te pasas, te acostumbras.

—Pero no sería peor que el duelo.

—No me refiero a que te acostumbres como adicción, sino que deje de hacerte el mismo efecto.

—Pero no puede ser peor que el duelo, ¿no? Quiero decir que habrá una alternativa, un refuerzo…

—Sup…ngo…

—Es cuestión de ver qué compensa al final, ¿verdad? —insistió X.

—Su…png…

—¿Me oyes?

—Ssss…pnnn…ooo…

—¿Me oyes?

Una lluvia de cuadraditos de colores desfiguró la sonrisa del asistente, y al cabo de brevísimos segundos, cubrieron la pantalla entera.

Escrito en octubre de 2018 ©Rubal

Luz

Bilingüe/Bilingual, Mi poesía / My Poetry

Amo la luz, la luz del mediodía,
luz de la tarde, de la mañana, y
por la noche, cuando se marcha,
la quiero, la quiero aún más todavía.

No me importa la noche
que me priva de luz sin permiso.
No me importa el alba
que me devuelve la luz sin rencor.

Me importa que llegue el momento
en que sus motitas luminosas,
sin motivo y porque sí,
no regresen más algún día.


I love the light, the light of noon,
the light of the afternoon, of the morning,
and at night, when it leaves the day,
I love it, I love it even more.

I don’t care about the night
that deprives me of light without permission.
I don’t care about the dawn that repays
me the light with no remorse.

I care about the time when
its luminescent spots,
for no reason and outright,
do not come back one day.

©Rubal

La palabra precisa

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour
Inspirado en las imágenes compartidas por El bosque silencioso ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

Antonio Pavón Leal del blog El bosque silencioso compartió unas imágenes me inspiraron para hacer esta pintura en acrílico sobre papel figueras. Espero que tengáis oportunidad de visitar la entrada donde aparecen porque merecen la pena. La luz, ese azul, esas ramas enredándose en el aire… Gracias, Antonio, por compartirlas 🙂

Aquí dejo unas palabras dedicadas:

La palabra precisa
llega a la tinta.
Tú, aún, en el aire.


The precise word
reaches the ink.
You, though, in the air.

©Rubal

El universo en blanco

Sin categoría

Verónica tenía letra de monja, y como era de esperar, acabó en un convento. Solía blandir el lápiz contra el papel para crear un surco profundo en el margen izquierdo de su diario. De ese modo expandía su deseo sin que nadie pudiera localizarlo.

Abría y cerraba libretas según consumía los sueños que le acosaban en mitad de la noche o del día, como si fueran tickets de compra. Bajo prescripción médica del alma, le aconsejaron que no dejara detalle vivo a la intemperie, que empuñara el grafito toda vez que asomaran a su cabeza, ya fuera que estuviera durmiendo o sufriera de insomnio. Lo esencial atacaba al recuerdo y a la imaginación, y para ambos casos no habría una circunstancia exacta o propicia para la cura. Debía escribir o moriría de depresión nostálgica. Pero hacía tiempo que Verónica no hacía caso del sano consejo del gurú de las letras y los significados. Los pensamientos se arremolinaron entorno a las posibilidades pasadas, y de ese modo, sucumbió a un sinfín de excusas en blanco.

A los dos días de encontrarla en su celda, muerta por un infarto cerebral, la madre priora del convento descubrió el último de los cuadernos que Verónica guardaba debajo de su almohada. Lo atesoró bajo los pliegues de su hábito y esperó una semana para leerlo. Al cumplirse el último minuto de su promesa, sin más demora que un segundo y medio, la madre priora lo abrió por la primera página. Con los ojos secos por el asombro, contempló un infinito universo en blanco tan solo delimitado por una honda zanja de esperanza en el margen izquierdo.

Escrito en algún momento del verano de 2016 ©Rubal

(679) – Emily Dickinson

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

La mayoría de encuentros o descubrimientos con poetas han sido tardíos para mí. Con frecuencia, sin embargo, he oído hablar de Emily Dickinson. Desde luego no en mis estudios de lengua inglesa, porque dependía del profesor que te tocase y de sus gustos —al mío le entusiasmaba Walt Whitman y poco más—, sino más tarde. A pesar de ello, no fue hasta hace poco que me quedé fascinada por la «persona» de la poeta. No sé cuánto de verdad hay en el mito acerca de su vida, de que apenas salió de su casa, de su dormitorio, y de que no editó (a excepción de algún caso) ninguno de sus poemas, y de una serie de cuestiones alrededor de su credo sobre la vida, la escritura de su poesía, que encierran, para mí, un aura mística ligada a la tierra. Esto último es muy propio de la época literaria de parte del siglo XIX en Estados Unidos —es ese movimiento que llaman «Transcendentalism»—, pero en Emily Dickinson se hace patente. Al menos en la figura que nos muestran los manuales y biografías. Vi, además, no hace mucho una película, Historia de una pasiónA Quiet Passion— dirigida por Terence Davies y protagonizada por Cynthia Nixon en el papel de la poeta, que ilustra muy bien la leyenda. El arte de Terence Davies me acercó más aún a las palabras de Emily Dickinson.

De todas formas, agradezco haber descubierto su poesía más tarde porque no creo que hace treinta años hubiera sabido apreciarla de la manera en la que la aprecio ahora.

Sus poemas están numerados, sin títulos.

«(679)

Cuando la noche casi ha terminado
y está tan cerca ya el amanecer
que se vuelven palpables las distancias
es el momento de alisarse el pelo,

retocar las mejillas, preguntarse
si de verdad debió de preocuparnos
esa antigua, borrada medianoche
que una hora antes nos estremeciera.»


El poema en su inglés original:

«(679)

When night is almost done,
And sunrise grows so near
That we can touch the spaces,
It’s time to smooth the hair

And get the dimples ready,
And wonder we could care
For that old faded midnight
That frightened but an hour.
»

Fuente de procedencia de la traducción y del inglés original: Publicación original de la Editorial Renacimiento (2016). Traducción de José Cereijo y María Taibo.

Poetas pequeñas

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Lápiz y lápices de color ©Rubal

A las poetas pequeñas que escuchan,
que se dejan invadir por sus voces,
que no temen al lápiz o a la pluma,
o a la hoja que ensuciar no permite,
y con fuerza acometen los días,
con el acto, la idea o la palabra,
la feroz contienda de sus errores,
sus menudos deseos y esperanzas,
las indómitas treguas y derrotas
de su interior sometido a prueba
a lo largo de sus capaces vidas.
Para todas ellas, que son pequeñas.


To the little women poets who listen,
who let themselves be invaded by their voices,
who do not fear the pencil or the pen,
or the blank sheet that avoids the dirt,
and struggle through the days,
with the act, the idea or the word,
the fierce contest of their mistakes,
their small desires and hopes,
the untamed truce and defeat
of their interior ever on trial
all along their capable lives.
To all of them, who are little.

©Rubal

Poiesis

Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

La «poiesis» es el término griego que comprende el concepto de creación. Esto se lo leí por primera vez a George Steiner en una de sus maravillosas obras, Presencias reales. Aun así, todavía me quedaba la duda de si se refería a la poesía tal y como se ha entendido tradicionalmente (más o menos el género lírico) o si se refería a la creación artística en toda su extensión.

Presencias reales. Escrito por George Steiner y publicado por la editorial Destino (1992)

No fui una estudiante aplicada ni de niña ni de adolescente, por lo que es probable que en algún caso me hubieran hablado de estos conceptos y que yo no les prestara atención. Nunca he profundizado en la poesía que nos enseñaban en el colegio, en el instituto. Y la verdad es que, por lo general, todo se reducía a los cuatro o cinco nombres prominentes; fechas colindantes que marcaban el final y el principio de distintas épocas; una o dos generaciones espontáneas de fenómenos —del resto, si existieron, no importaron—; resúmenes de las introducciones de las sempiternas ediciones críticas (Castalia, Cátedra, Gredos, etc., ¿a quién puede no sonarle?) y una pasable nota después de aprenderme cuatro líneas claves uno o dos días antes del examen, que se inflaban en la hoja gracias a la capacidad de improvisación sin que rezumara demasiado conocimiento. Perorata de papagayos. Todavía no clavo las fechas de los períodos artísticos ni de los autores ni de las generaciones, salvo las que llevan incorporada la fecha —desconozco la plana completa de quienes las integraban—. Pero de la poesía como hecho, como «poiesis», como creación, yo no oía nada. No quiero ser desagradecida; quizá no prestara la suficiente atención, como ya he dicho.

Llegó después la carrera. Me definí como estudiante de Filología por aquello del inglés y porque estaría así próxima a los libros. Poco más razonamiento puedo darle a mi decisión. Tampoco en los años de universidad atisbé signo alguno de la «poiesis». Es cierto que me daba por escribir poesía —ya lo hacía desde antes—, pero era más bien una pulsión. Aparecía cuando no dibujaba, o no leía, o no escribía mis muchos cuadernos de experiencia, o no realizaba mis pinitos en la construcción de pequeñas historias. Sin embargo, no me detenía a observar si cumplía con una métrica determinada —yo no dominaba ese conocimiento—. Me dejaba llevar por un ritmo y a veces, por casualidad, me encontraba con una rima, intentando evitar la que sonaba manida. Pero de ahí a conocer la métrica antigua, la clásica, las derivaciones de ambas, las innovaciones posteriores, las características de la creación poética, sus géneros o variantes, las implicaciones derivadas de distinguir entre poesía y prosa, etc., etc.,… Sobre todo, el conocimiento ampliado de la existencia de poetas —mujeres y hombres—, de evoluciones, de consideraciones contemporáneas acerca del quehacer poético; de todo esto sabía poco o nada. Una total ignorante, que sigo siendo, aunque en menor medida.

Insisto en que no le culpo a nadie. Podría ser desinterés. Pero, ¿cómo se puede sentir desinterés y a la vez escribir poesía, o esa suerte de líneas que juntas en una disposición concreta —en una columna— parece no sonar tan mal al oído? Esto es lo que me ha costado comprender durante mucho tiempo. Hay un misterio encerrado en esta contradicción que puede que se me desvele en algún momento. Esta es mi particular búsqueda últimamente.

En cualquier caso, lo bueno de buscar es la búsqueda misma, y lo más interesante es hallar en las pequeñas, humildes, cosas. Esto es lo que me ha ocurrido al leer Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena Medel.

He leído este ensayo muy lentamente. Ya es el segundo libro publicado por la editorial Ariel que no me ha dejado indiferente —el primero fue Sobre el bloqueo del escritor de Victoria Nelson—; anoto esto como curiosidad solo.

Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena de Medel es una sencilla forma de presentar la evolución de la poesía. Muestra de una forma dinámica y atractiva el repertorio más prominente de autores en este género. De hombres y mujeres por igual, dentro de lo que la historia ha permitido. Destacando los olvidos sin neutralizar lo conocido. No tiene pretensiones de obra magna; es evidente. Pero sí es un catálogo que trata con justicia los elementos de que se compone, abarcando desde los primeros tiempos de que se tienen datos (a.C.) hasta nuestros días. Así he descubierto la poesía cinética, la digital, la ciberpoesía, la del algoritmo, etc. Y aunque el término «poesía» inunda todo el ejemplar de principio a fin, probablemente en el sentido en el que se nos ha dado a conocer, esto es, desde la enseñanza programada del sistema establecido de turno, yo aquí sí he atisbado, por fin, ese concepto de «poiesis» o creación que anega la escritura creativa en todas sus vertientes y no solo la que se refleja en el llamado género lírico, ese que se debate constantemente entre alinearse en una columna o puja por expandirse en un párrafo.

A pesar de la sencillez de esta obra, he encontrado en ella un estímulo para seguir conociendo, y conociendo, además, de una forma ordenada y tranquila. Un estímulo para seguir conociendo y para seguir haciendo, o siquiera solo para seguir leyendo y disfrutando de las enormes posibilidades y variantes de la expresión «poética» o «poesía».

Sigo sin saber si George Steiner, en sus Presencias reales, se refería a la poesía en sí al hablar de «poiesis», o a la creación artística en toda su extensión, pero por lo menos ya tengo una senda por la que empezar a caminar.

Todo lo que hay que saber sobre la poesía. Escrito por Elena Medel y publicado por la editorial Ariel (2018)

Artesanía

Cartas / Letters

Carta – 8

Querido escritor/a

He asistido a clases de literatura, a talleres de escritura y he leído ensayos donde ha surgido la eterna y extraña pregunta —como si del origen de la humanidad se tratara— de qué es «poesía». Las respuestas, desde luego, resultaban atractivas, filosóficas y metafísicas. Pero lejos de perseguir quimeras en lecciones de estética, yo siempre he esperado recibir señales más prosaicas, más ceñidas al quehacer real de una artesana, a la lengua que se manipula, a lo que funciona o no funciona en un ritmo determinado, a lo que suena o no suena bien dentro de una corriente melódica. Y aunque no voy a negar que a veces me gusta andarme por las ramas, estar en la parra y subirme a las alturas del Olimpo, sin derecho de entrada, más me hubiera gustado haber vivido, o vivir, esa experiencia científica y terrenal del laboratorio clandestino donde todo consiste en hacer prueba, error, prueba, error y, si acaso finalmente, hallazgo, aunque ni esto haga falta.

Con afecto eterno,

Una admiradora

El color de las cosas

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Impatiens Wallerana. Acuarela ©Rubal.o

No sé dónde está el color de las cosas,
ni el trazo de los pensamientos buenos;
mis ojos no alcanzan a comprehenderlos,
solo me dejo llevar por su sombra.

Desato y despliego estas dos manos
—en una tibia mañana de acero
bañada en agua de eterno recuerdo—
y abordo la hoja con un fin lejano.

Este es el día en el que yo me olvido
de aquellos que no moran en mi casa,
de los que muestran sus gestos omisos.

Regresa pues mi labor de artesana
para encontrar los instintos más finos,
pensamientos y colores que sanan.


I don’t know where the color of things is,
nor the trace of good thoughts;
My eyes fail to aprehend them,
I let myself be carried away by their shadow.

I unfold and unleash these two hands
—on a warm steely morning
drenched in water of eternal memory—
and I approach the paper with a distant purpose.

This is the day when I forget those
who do not dwell in my house,
those who show their neglectful gestures.

I then return to my work as a craftswoman
to find the finest instincts,
healing thoughts and colours.

©Rubal

El humor – Cantinflas

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

El humor, qué bárbara cualidad para el ser humano. En serio…

Precisamente, ayer por la noche pusieron la película basada en la vida de Mario Moreno, «Cantinflas», —bueno, parte de ella—, dirigida por Sebastián del Amo y protagonizada por Óscar Jaenada. Me quedé viéndola, sobre todo, porque me encanta el personaje de Cantiflas y sus películas. Horas después veo que Julie Sopetrán, en algún lugar de la blogosfera, comparte este vídeo. No he podido resistirme a «tomarle» la idea porque me encanta la escena. ¡Gran Cantiflas! ¡Gracias, Julie, por compartirlo!

Como decía el maestro: «Pues ahí está el detalle».

Su excelencia. Película dirigida Miguel M. Delgado en 1966 y protagonizada por Mario Moreno, «Cantinflas».

The Road Not Taken – Robert Frost

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing
Imagen ©Rubal

Debo confesar que, aunque no creo en los talleres de escritura, sí he asistido a unos cuantos; ha sido siempre por razones ajenas a las de aprender a escribir y nunca lo he hecho del tirón un curso entero. En cualquier caso, he obtenido beneficios y uno de ellos fue conocer la poesía de Robert Frost. Todo surgió a raíz de un ejercicio de escritura que nos propuso el que era entonces, hace dos años, nuestro profesor. Fueron momentos extraños. No fui una alumna regular porque las circunstancias familiares no lo permitían y, sin embargo, procuré no perder la pista de esas sesiones donde la cabeza podía morar por unos minutos en otra parte. No me resultaba fácil, pero era mejor que nada. En una de esas ocasiones en las que asistí, cayó un ejercicio curioso. Se trataba de leer el poema de Robert Frost —que anoto a continuación— y recrear a partir de él una historia donde cada uno de nosotros fuéramos los protagonistas. Si lees el poema, verás que en un momento dado el personaje debe elegir el camino a seguir, y que después de hacerlo duda de la decisión tomada. Se trataba de ponernos en su misma situación y ver qué se nos ocurría. Algo así. Yo escribí el texto que se llamaba Difference.

«EL CAMINO NO ELEGIDO

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, 
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie 
Mirando uno de ellos tan lejos como pude, 
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente, 
Y habiendo tenido quizás la elección acertada, 
Pues era tupido y requería uso; 
Aunque en cuanto a lo que vi allí 
Hubiera elegido cualquiera de los dos. 

Y ambos esa mañana yacían igualmente, 
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día! 
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante, 
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos. 

Debo estar diciendo esto con un suspiro 
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, 
Yo tomé el menos transitado, 
Y eso hizo toda la diferencia.
»

Versión en español de Agustí Bartra (Fuente de procedencia: http://amediavoz.com/frost.htm#EL%20CAMINO%20NO%20ELEGIDO )

El poema en su inglés original:

«THE ROAD NOT TAKEN

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.
»

(Fuente de procedencia: https://www.poetryfoundation.org/poems/44272/the-road-not-taken)

Difference

Mi prosa / My Prose

Tenía guardado este escrito desde hacía dos años. Surgió a raíz de un ejercicio de escritura creativa del taller en el que participaba por aquel entonces, apenas nueve meses después de que muriera mi padre. Lo leí solo una vez, en ese momento, y desde entonces no había vuelto a sacarlo.

Para aquellos que se atreven a mirar el pasado y dejan que este pase de largo; para aquellos que se enfrentan a sus orígenes a pesar de sí mismos; para aquellos que conversan con los padres sin buscar razones; para aquellos que miran el presente y se dejan convencer por el próximo segundo.

Difference

Hola, papá. Hace mucho que no hablo contigo, y eso que me he pasado los últimos meses notando tu presencia sobre mi hombro derecho. Otras, me ha parecido que mirases a través de mis ojos. Sin embargo, como tantas otras veces, estando todavía tú vivo, no he llegado a hablarte como quizá, bueno quizá no, seguro que habría querido hacerlo. No sé por qué ahora me ha parecido mejor momento para charlar sobre lo que veo, lo que me viene en sueños, lo que siento. Todo se reduce a un mero ejercicio de un taller de escritura. Sí, un taller de escritura. Tú nunca fuiste a ningún taller de escritura, ¿verdad? No sé si eran los tiempos en los que viviste, que no tuviste ocasión, que no se te ocurrió o que no creías en este tipo de actividad para estimular tu creatividad. Yo, si te soy sincera, tampoco creo en ello, pero voy porque busco algo, y en el fondo sé que necesito hacerlo, y no se trata de escribir, sino de otra cosa, pero no viene al caso contarlo. Tú, sin embargo, creías en el poder de hacerlo todo por tus medios, por tus medios, por tus propios medios. O puede que solo sea que se te fue tu padre demasiado pronto, y a mí demasiado tarde, y que eras el más pequeño de tu familia o el padre de cinco hijos, y que siendo los tiempos más duros que estos, más duros que los que yo estoy viviendo, al menos para lo primordial, para lo más primitivo, tuviste que diseñar tu juventud en la acción comunitaria a la fuerza, convencido o no, y en la familiar, relegando tu espacio creativo a aquel lugar que queda libre después de que toda responsabilidad queda cubierta. O que no fueras lo suficientemente egoísta, o puede que no sea nada de esto, sino que no te planteabas otra forma, qué sé yo.

Pero bueno, aquí estoy, en un taller de escritura. Me acaban de hacer que recite un poema en su inglés original y he sentido que literalmente me ardía el cerebro. Es largo de explicar y no viene al caso tampoco intentarlo, pero es que a continuación, el ejercicio se extendió a ubicarme por entero en el contenido de ese mismo poema que va de tomar una sola decisión en concreto, como el que se encuentra en una encrucijada de caminos y elige el que le parece que será la opción más adecuada o más acertada. ¿Y cómo se hace eso? ¿Conforme al intelecto, conforme a la razón, conforme a algún sentido, conforme a un sentimiento, conforme a una pulsión que después es resultado de un esfuerzo, por mil argumentos que surgen para boicotear la empresa desde el principio? No, en realidad, se trataba de fluir, y ya sabes, ¿cómo fluyes bajo la presión de un esfuerzo?

Me paro aquí un instante, porque me cuesta respirar. Lo siento un poco en este lugar que tengo debajo del esternón, casi como hace unos minutos, cuando terminé de pronunciar el último difference, ence, ence de Frost. Bonito poema.

Bien, estoy al borde de la apnea, y creo que por eso necesito regresar al pasado. Vuelvo a verte sentado frente a mí, detrás de la mesa de comer, de tu cuarto para escribir, o para aquello para lo que te reservaste un espacio en los últimos años, cuando uno a uno íbamos partiendo de casa para no regresar más como tus hijos, sino como miembros y casi dueños de nuestras propias esferas. No puedo mirarte sin recoger la imagen de este último período en el que te debatiste contra el hecho de estar desapareciendo, contra el hecho de la muerte, y todo aquello que nos acompañó por incomprensión, por ignorancia, por rabia, por miedo, por impotencia. La familia es una terrible red que se lanza para pescar en aguas poco profundas y se enmaraña con el lodo y las algas. Pero ¿sabes?, hay un agujero en un extremo. Acabo de verlo mientras te hablo. Por suerte unos cuantos nudos desechos han abierto un intervalo de duelo por el que puedo escapar, nadar con todas mis fuerzas, así, braceando, aunque me falte tanto el aire, y salir a la superficie imaginada. Quiero pensar, pienso, siento que tú, que ya te desprendiste de ese amasijo de carne y huesos fríos, estás en la luz que se refleja por el exterior, que tú eres la luz que se filtra llamando mi atención sobre lo auténticamente prioritario. Tú y todos los que ya vais por delante de nosotros. Aunque quizá solo es una estela de alivio que dejáis abandonada, para que la sigamos a modo de atolondrados pulgarcitos que persiguen un rastro de garbanzos secos para volver a su casa.

¿Y qué es lo auténticamente prioritario? Pues es tan sencillo. Lo verdaderamente prioritario surge cuando el oxígeno no llega más. Así nado y nado y rozo el rayo de luz a través del agua y me siento cada vez más cerca de alcanzar el aire.

Imagino después que broto de la superficie, que por fin lo hago. Tengo que imaginarlo, porque todavía sigo buceando y persiguiendo la estela. ¿Qué no debo imaginarlo? No, no pasa nada. Imaginarlo no me hace daño, al contrario, me ayuda a soportar la hinchazón de las venas. Y ahora, papá, déjame a partir de aquí que te cuente algo más a mi modo. Es una historia que va de un corto y largo viaje, de esos que a ti te gustaban, aunque de este puede que no haya retorno.

Pues bien, me he quedado en que broto de la superficie del agua. Estoy sentada, más bien echada sobre grava. Tengo el cuerpo estirado y apoyado sobre los codos, el mentón hacia el cielo, las piernas semiabiertas, y finalmente me desplomo sobre mi espalda porque estoy cansada y la grava se hinca en mis codos. Me quedo bocarriba, con los brazos estirados y las palmas de las manos al descubierto. El peso de mi cuerpo se reparte por la grava. No sufro demasiado. Hasta parece que olvido.

Pasan los segundos, o las horas. El aire acaricia mi piel. Creo que estoy desnuda pero no me veo porque permanezco con los ojos cerrados todo el rato. Tengo el impulso de elevar los brazos y unir las manos, entrelazando los dedos, como lo hacías tú. Hasta que no te vi hacerlo una vez más en el último momento, no me había dado cuenta de que habías dejado de hacerlo. Pero lo hiciste en ese último momento, ese último momento, y recuerdo que pensé, ¿por qué lo hace ahora? ¿Cómo puede sostener las manos así en este momento?

Ahora tengo las manos entrelazadas. Se han quedado ancladas en el aire. Apoyo los hombros del todo en el suelo. Mi sangre circula desde las muñecas hasta los hombros con parsimonia y se detiene. Yo creo que se detiene. La gravedad me empuja hacia el suelo. Es agradable estar colgada del aire. Balanceo las manos, con sus dedos entrelazados, de un lado a otro, suavemente. Parece que estén colgadas de una cadena invisible, que ya no es una cadena sino un collar de cantos plateados que se mece acompasando el latido que oigo en mi cabeza.

Después, sin una razón aparente, mis manos se sueltan. También abro los ojos. El suelo me pide que me quede pegada a él, pero estoy interesada por lo que hay a mi alrededor. De pronto comprendo que había brotado del agua, que el agua ha desaparecido y que no sé dónde estoy. Me levanto, me pongo de pie. Llevo un vestido amarillo, hecho con una tela muy delgada. Tiene las mangas cortas y me llega hasta las rodillas. No tengo frío y tampoco el sol, que está muy alto encima de mí, me quema la cara.

Delante de mí hay un poste de madera señalizando la bifurcación de un sendero, que era uno solo, hecho de la misma grava que andaba clavándose en mi piel. A la derecha hay un entramado de ramas. Tengo que hacer un esfuerzo para ver los troncos de los árboles de los que supuestamente nacen todas ellas. A la izquierda, el sendero de grava atraviesa una inmensa explanada cubierta por trigo verde, aún muy joven. También hay árboles, pero quedan a ambos lados del trigal, se yerguen como hileras de guardianes bien formados custodiando el cultivo que, visto desde lejos, parecería simple hierba si no fuera porque ya veo de qué está compuesto desde el principio.

No sé qué elegir. Me gustan los árboles. Me atrae la frondosidad oscura de un bosque tupido y enmarañado. Los trigos me dicen camina cuanto quieras entre nosotros. Somos salvajes como la hierba. Camina descalza. El bosque me habla. La explanada me susurra. Las ramas me atrapan, la senda me dirige y finalmente elijo la explanada verde para caminar en la dirección trazada por la grava.

Camino, camino, camino. A lo lejos asoma la misma línea de horizonte que veía desde el principio. No sé, puede que quisiera en algún momento dejar de ver la misma línea suspendida entre el cielo y la tierra. Puede que quisiera ver algo así como una casa, una chocita de tejado negro y ventanas de madera rodeadas de flores ornamentales. Una casita donde poder adentrarme y sentarme muy cerca de un hogar encendido, y una vez ahí, mirar la explanada y el cielo desde dentro. Si sigo, me cansaré, me digo, y de pronto oigo que el rumor de las hojas a lo lejos no es tal rumor de hojas sino una melodía que se hace más nítida. Espero a que la melodía surja de nuevo. Es una espera un poco larga, pero creo que puede merecer la pena, y por fin, llega.

Sí, es una melodía, o más bien un canto, una letanía, un sonido litúrgico. Procede de los árboles. Claro, no se me había ocurrido ir en esa dirección. Quizá si me desvío… Y me desvío. Avanzo hacia los árboles saliéndome de la senda, yendo a través del verde. Por un momento pienso que los árboles se alejan según avanzo, pero no es cierto, y sigo avanzando hasta tenerlos muy cerca. Son muy altos, no sabía que eran tan altos. Son como pilares de una catedral sin techo. Secuoyas que se yerguen como pilares de una catedral que alcanzan el cielo y lo rompen. Imagino que debe haber algo detrás de estos gigantes, de modo que traspaso el umbral del portón que se eleva entre dos de sus troncos rojizos, y al hacerlo, me miro las piernas. No llevo vestido, sino unos pantalones y una blusa hechos del mismo tejido delgado que el del vestido, pero esta vez tienen el color de la arcilla. Mis pies calzan unas sandalias de cuero que se abrazan a los tobillos.

Del cielo gris caen pequeños haces de luz blanca e iluminan el lugar con suficiente nitidez. De pronto comienza a llover. Llueve fino, luego fuerte, luego otra vez fino y se para. Tras el graznido de una urraca, vuelvo a oír el canto que se hace palabra:

Despacio, canta la letanía, despacio, llegas, estás.

Es la canción de una mujer retirada para cuidar de su olvido. Canto de una mujer que olvida y amanece. Si escucho atentamente, sé que procede de otro lugar que no se encuentra muy lejos, de hecho, asoma ahora frente mí. Está ahí. Hay un pequeño edificio de piedra. Una ermita, una minúscula capilla, o solo una casa de piedra revestida de musgo y yedra. En un lateral de la construcción, en la parte inferior de su muro, hay un caño que arroja agua en una canaleta. El agua después rebosa y se dispersa por un modesto huerto de menta y albahaca. Huele a menta y albahaca recién cortada.

Despacio.

En la parte superior del mismo muro hay dos ventanas gemelas en forma de arco de medio punto. Desde donde estoy veo un interior pobremente iluminado por una luz que vacila y se refleja en las aristas de las ventanas. Me acerco. Paso por encima de la menta, por encima de la albahaca. Llego a una de las dos ventanas gemelas y me asomo, no puedo evitarlo.

En el interior hay una sola estancia, un cuarto diáfano, y la luz procede de un hogar, desde el que percibo también el ruido de la madera consumiéndose. A su lado hay una mesa, y frente a la mesa un hombre vestido con algo parecido a un hábito marrón oscuro con una capucha que le cubre la cabeza, no tanto como para ver que tiene el pelo blanco. Lleva gafas de pasta negra e, inclinado hacia delante, escribe con un cálamo sobre un pliego de papel de gran tamaño. A su lado hay un tintero vacío y más pliegos que se apilan con la esperanza de formar un libro. O quizá no.

Despacio.

La mujer ha dejado de cantar. El hombre deja el cálamo sobre el pliego de papel, se quita las gafas de pasta negra y levanta la cara mirando hacia la ventana, mirando hacia donde estoy yo, mirándome a mí. Eres tú, papá. Sostienes la mirada y me dices ¿por qué tienes prisa? ¿A dónde vas corriendo?

No sé qué contestarte. Cierro los ojos, aprieto los párpados un poco como para contener las lágrimas, o la rabia, o la ignorancia, o qué sé yo, y cuando los abro me doy cuenta de que estoy sentada frente a la mesa escribiendo en el pliego de papel junto a los demás pliegos que se acumulan y pueden formar un libro, junto al hogar que me da cierto calor, y un canto desde la ventana, más allá de la urraca que acaba de posarse en el alféizar, me dice, me susurra al oído Llegas, estás. No busques más. Estás. Y me dejo acunar por su susurro y entonces solo siento que debo liberar estas palabras que tanto me han costado pronunciar: Adios papá.

Escrito en Madrid, un día de junio de 2017 ©Rubal.o

Encuentro en el aula

Cruce de caminos / Crossroads

El aula es también un verdadero cruce de caminos, ¿no crees?

He sido alumna, he sido profesora. En ese orden y a la vez. He visitado muchas aulas, he creado aulas. En cualquiera de todas estas experiencias, como alumna, como profesora, hay un patrón que se repite y es el de ver caras nuevas, la del docente o la del alumno. Y en todas ellas, me he visto revisando esas caras, como de pasada, sin querer dar a entender mucho la curiosidad del primer momento, por aquello de no resultar una entrometida o demasiado inquisitiva . En todas estas ocasiones he visto una cara que hace las cosas más difíciles y otra que las facilita. Hasta hace poco consideraba que era mi sensibilidad o mi suspicacia la que me hacía verlo. A estas alturas ya veo que también había algo de cierto en mis suposiciones, solo que ahora me da igual. Puede que yo sea una de esas caras amables o puede que yo sea una de esas caras que hacen la convivencia del aula más difícil. No creo que vaya a averiguarlo porque ando lejos de esas escenas de momento.

Y así como considero que el aula es un cruce de caminos, considero que este espacio de WordPress es otro, y que a la primera impresión hay voces que parecen facilitar las cosas para hacer el viaje.

Hace tiempo que intenté hacer algo en este mundo de los blogs, del escribir, publicar, compartir, pero no cuajó. En ese momento ni siquiera me dio tiempo a, digamos «ver las caras», a visitar las palabras de cada cual, y percibir quién era esa persona que hace las cosas difíciles y quien fáciles. Realmente, ¿a quién se le ocurriría percibir algo así en un espacio ilimitado de voces sin cuerpo? Sin embargo, esta vez sí he podido hacerlo, y en alguna ocasión he notado esa vibración que se traduce en amabilidad y que me ha hecho recordar aquellas primeras sensaciones mías al entrar en un aula. No sé en qué momento fue, y han sido varios, pero recuerdo especialmente que lo sentí mientras leía los poemas de Yvonne Torregrosa donde rendía tributo a sus padres.

https://poetasenlanoche.wordpress.com/2019/07/28/querido-papa/

https://poetasenlanoche.wordpress.com/2019/05/05/quiero-decirte/

Hace poco que murieron los míos —un año el pasado junio, mi madre, y tres años el mes de septiembre que entra, mi padre—y me doy cuenta de que cuando leo poemas o prosa dirigidas a los padres, recupero un sentimiento que está ahí latente en todo momento, pero que no pronuncio porque implicaría editar una vida entera y que yo prefiero dejar en sentimiento. Así que agradezco cuando se produce el encuentro.

«QUIERO DECIRTE

Sé que me engaño
creyendo que estás
en ese cajón
forrado de seda,
creyendo que vas a volver,
que sigues dormida,
soñando tranquila
en una vigilia de espera.

Estabas tan guapa…
ojos cerrados,
cara serena,
la piel acerada,
tu rostro bonito
perdió su color,
tu cara morena.

Sé que me engaño
cada vez que te llamo
y nadie contesta,
yo espero y espero
mas…
el teléfono suena.
Ya no me hablas…
nadie contesta.

Quiero abrazarte,
sentirte, besarte, poderte decir
cuánto te quiero.
Que te echo de menos.
Pero sé que no estás
y nada me ayuda,
nada consuela,
lloro de rabia, me lleno de furia
y me desespero,
me aflige, me apena.

¿Dónde encontrar sosiego?
Deseo sentir el amor que me dabas,
tu comprensión,
aquellos consejos, escuchar tu voz,
tus sabias palabras,
acariciar suavemente tus manos de cera,
todo lo tuyo bien lo recuerdo,
¿por qué ya no estás?
¿Dónde me esperas?

Yo rezo,
te sueño
y te busco.
Y te digo mil veces:
“cuánto te quiero,
necesito que vuelvas”.»

©Yvonne Torregrosa

Under Pressure

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Y me dispongo a cantar por mi casa cuando escucho el arranque de esta canción:

«Mmm num ba de
Dum bum ba be
Doo buh dum ba beh beh
Pressure pushing down on me
Pressing down on you, no man ask for
Under pressure that burns a building down
Splits a family in two
Puts people on streets…»

(Las voces de Freddy Mercury y David Bowie siguen cantando)

No sé si has visto la serie Good Omens —está en Amazon Video—, basada en la obra de Terry Pratchett y Neil Gaiman y protagonizada por Michael Sheen y David Tennant. Si tienes la oportunidad, te la recomiendo, si es que que te gustan las fábulas que van sobre el bien y el mal. A mí personalmente me encantó. Muy divertida, amen de sus geniales actores. Pero la razón de mencionarla no es para su recomendación —esto no es uno de esos momentos míos «incapaces de reseñar»—, sino por el maravilloso homenaje que rinde a la música de Queen. Aquí dejo un vídeo, montaje de trailer, escenas, créditos de la serie, etc. que se repiten en bucle para cumplir la extensión de la canción; lo cual a mí me vale, porque disfruto escuchando y viendo algo que me entusiasma al mismo tiempo.

¿Y qué tiene que ver esto de arriba con «mis temas favoritos»? Pues verás, creo que sería por el 1985 o el 86, cuando mi mejor amiga de entonces me taladraba el oído con su pasión por David Bowie y Queen. Yo nunca fui una admiradora como ella de todas sus canciones, pero algunas sí me gustaron lo suficiente como para querer darle el play a las cintas, o subir el volumen justo en el momento en el que sonaban en la radio.

Como siempre ocurre con la nostalgia, ahora casi cualquier canción suya, la escucho como si yo fuera mi amiga de los 80. La dimensión del recuerdo se acrecienta con los años.

Pero desde luego la canción que mejores sensaciones me produce al escucharla es la que cantan juntos. Su «Under Pressure». De un tiempo a esta parte es la melodía de llamada de mi móvil, y cada vez que he tenido que cambiar de terminal, la he descargado y la he vuelto a aplicar como tono. Si alguna vez oís el arranque de la canción, ya sabréis que es inconfundible —ya la usan en todas partes—.

Esta es una de esas cosas que se me pasan por la cabeza cuando pienso en mis temas favoritos: una melodía en concreto. Me viene el porqué de que haya una melodía que no pase de moda y de la que no me canse nunca; también por qué esa y no otra. Solo como pensamiento. No intento razonarlo.

He echado mano del Youtube, como siempre, para recoger un video donde se les vea a sus autores cantándola, y me encuentro tanto el que tienen David Bowie y Freddy Mercury interpretándola en vivo, como la que tienen David Bowie y Annie Lennox —otra grande— como tributo a Freddy Mercury.

Dejo aquí el vídeo subtitulado que encontré una vez con un montaje que ilustra la letra de la canción, y, a continuación, el video donde David Bowie la interpreta con Annie Lennox. Espero que los disfrutes: