¿Dónde están?

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose

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Carta – 14

Cuando alguien desaparece de pronto sin dejar una nota por la que poder seguir su rastro, nos hace preguntarnos, de forma individual, qué hemos hecho para que se vaya, para que ya no quiera que sepamos dónde está. ¿Cuántas veces no ocurre una cosa así?

Cuando hablo de desaparecer, no estoy hablando de morir. No es una metáfora. Es literal.

Vamos a verlo desde la otra perspectiva, desde la persona que desaparece. ¿Cuántas veces no hemos deseado desaparecer de un entorno o de una rutina? Es imposible escapar; esa es la verdad. La huida solo hace que te encuentres tarde o temprano con aquello de lo que huyes a la vuelta de la esquina, por así decir.

Los motivos son muy variados. Todos razonables, todos indispensables para comprender por qué a veces queremos alejarnos del lugar donde quedan enraizados asuntos que requieren aire y espacio, sin palabras.

Pero no se trata solo de escapar, de evadir situaciones o personas. Se trata de realizar cambios, de sanear o de comprender que hay cosas que requieren un cambio drástico, cortar por lo sano. Y aunque no sea con esta motivación, sino por una simple oxigenación de la mente, ¿no es por eso por lo que muchas personas sienten la necesidad de viajar? A mí personalmente, porque ya he viajado lo suficiente para mi cerebro y mi cuerpo, o por lo que sea, no me apetece viajar. El caso de mis desapariciones ha ocurrido en un radio muy pequeño. Pero para otros viajar es un alivio en el sentido que antes comentaba. Un recurso a corto plazo para tal propósito.

Yo he desaparecido muchas veces en mi vida, pero nunca de la familia de la que desciendo, esto es, mis padres y el hogar que habían construido para nosotros —otros miembros sí lo hicieron—. Hace poco volví a hacerlo, y en este caso fue radical. Radical y tajante en todo, y aún así quedó la rendija muy estrecha de una puerta mal cerrada, hinchada por la humedad o por los cambios de tiempo. En cuanto al hogar en el que estoy viviendo ahora, de este sí que nunca desapareceré, por voluntad propia me refiero, porque este hogar tampoco me ha abandonado. Así que mi desaparición tenía que ver con las trazas que permanecen en el recorrido de mi vida anterior, las sociales, las laborales —y, de acuerdo, un poco de la historia familiar, para ser sincera—. Fue un momento en el que mis esfuerzos se debían limitar a «cuidar» en circunstancias desesperantes, la mayoría del tiempo, y a comprender de dónde venía yo, dónde había vivido durante los primeros años de mi vida y durante los siguientes hasta «independizarme». No me estoy quejando. Es una simple constatación de que yo he desaparecido también, como esas otras tantas personas a las que me he referido antes. A partir de esta desaparición y de recomponer las paredes del pasado, ya no me permito desaparecer, pero tampoco me dejo llevar por otras necesidades primarias que no sean las de mi propio hogar. Después de una época de desaparición, lo importante es llegar a una conclusión que te permita volver a tomar contacto con la realidad que te rodea, la realidad o la sociedad que es parte de un individuo, se quiera o no. Y mi conclusión fue que no podía perder el norte que ya había encontrado, mi hogar. Desde ahí podía construir y volver a relacionarme con la realidad que me fuera saliendo al paso. Pero nunca, en ningún caso, perder el norte.

Las historias de desapariciones por necesidad de oxigenarse o de respirar un nuevo aire o por recuperar un espacio perdido o de límites borrosos, son múltiples. Esta entrada no me la ha inspirado precisamente mi experiencia, aunque pudiera parecer que ha sido el motivo principal de escribirla —de paso aprovecho—, sino como reflexión a partir de ver cómo algunos perfiles de usuarios en la red desaparecen de forma espontánea, o se vuelven privados o cambian de nombre, etc. Puede tratarse de un cambio ajeno a una razón de fondo, desde luego, pero en general, ese impulso de desaparecer o hacerse invisible, son muchas otras historias desconocidas y no contadas que lo respaldan.

Esto va para el que está al otro lado de la desaparición, el que se queda extrañado ante el vacío de lo que antes estaba ahí: no te lo tomes como algo personal, porque puede que en algún momento, tú también tengas la necesidad de desaparecer; y si no es así, entonces agradece no tenerla, o puede que otro ya lo esté haciendo por ti.

«¿Dónde están?», de la serie Los diminutos, nº7.
Pastel y grafito ©Rubal

Where are they?

Letter – 14

When someone suddenly disappears without leaving a note to follow their trail, we wonder, individually, what we have done to make that person leave in a way that we no longer know where the person is. How many times does such a thing not happen?

When I speak of disappearing, I am not talking about dying. It is not a metaphor. It is literal.

Let’s see it from the other perspective, from the person who disappears. How many times have we not wanted to disappear from an environment or a routine? It is impossible to escape; that’s the truth. The escape only makes you find yourself sooner or later with what you run away from around the corner, so to speak.

The reasons are varied. All reasonable, all indispensable to understand why sometimes we want to get away from the place where matters that require air and space, without words, are rooted.

But it’s not just about escaping, evading situations or people. It is about making changes, cleaning up or understanding that there are things that require a change, a healthy drastic change. And even if it is not for this motivation, but for a simple oxygenation of the mind, isn’t that why many people feel the need to travel? Me personally, because I have already traveled enough for my brain and my body or whatever, I don’t feel like traveling. The case of my disappearances has occurred in a very small radius. But for others travelling is a relief, in the way I mentioned before. A short term means for such purpose.

I have already disappeared many times in my life, but never from the family from which I descend, that is, my parents and the home they had built for us —other members did—. Recently I did it again, and in this case it was radical. Radical and sharp in everything, and still there was the very narrow slit of a poorly closed door, swollen from moisture or weather transition. As for the home in which I am living now, from this one I will never disappear, by my own will I mean, because this home has never abandoned me either. So my disappearance had to do with the traces that remain in the path of my previous life, social, labor —and, all right, a little of the family story, to be true—. It was a time when my efforts were limited to «caring» in desperate circumstances, most of the time, and to understand where I came from, where I had lived during the first years of my life and during the following years until I became «independent». I’m not complaining. It is only a fact that I have also disappeared, like those other people I have referred to before. Ever since this disappearance and the recomposing of the walls of the past, I no longer allow myself to disappear, but neither do I let myself be carried away by other primary needs than those of my own home. After a time of disappearance, the important thing is to reach a conclusion that allows you to return to make contact with the reality that surrounds you, the reality or the society that is part of an individual, whether you like it or not. And my conclusion was that I could not lose the north that I had already found, my home. From there I could build and connect again with the reality that was coming up to me. But never, in any case, lose north.

The stories of disappearances due to the need to oxygenate or breathe new air or to recover a lost space or blurred boundaries, are multiple. This post has not been inspired by my experience precisely, although it might seem that it has been the main reason to write it —I take it by the way—, but as a reflection from seeing how some user profiles on the network disappear spontaneously, or they become private or change their name, for instance. There may not have to be a change based on a fundamental reason, of course, but in general, that impulse to disappear or become invisible, is supported by many other unknown and untold stories.

This goes, though, to the one on the other side of the disappearance, the one who is surprised by the emptiness of what was there before: do not take it personally, because at some point, you may also need to disappear ; should that not be the case, then consider yourself fortunate, or else some other person is already doing it on your behalf.

Obras completas

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Mi prosa / My Prose

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Carta – 13

Querido escritor/a:

Me gustan los volúmenes que encierran hasta un máximo digerible de escritos bajo un mismo título, y que la mano no se me caiga a mitad de camino de su lectura por pesarme demasiado. O que, cuando llegue al quinto relato, no me aqueje de un extraño síndrome de ansiedad por tener que deglutir más de la cuenta. Para mí es igual que sea un relato de una página, o de diez o de veinte, para cada cosa necesito asimilar, digerir, reposar. Así que un volumen con un lomo de un centímetro y medio, dos centímetros, o bueno dos y medio, más o menos —y que no esté impreso, digamos, en «papel de Biblia»—, ya me vale. Más allá de esa medida, prefiero arrojarme a una novela extensa, y aun en este caso, tengo también mis preferencias. Vale, quizá esté exagerando. Poniendo unos límites extremos, porque todo depende del contenido, pero yo me entiendo.

Otro tanto me pasa con los poemarios y los libros de poemas. Pequeñas recopilaciones de poemas, si me llegan, me dejan igual de feliz y satisfecha.

¿El precio? Sí, claro. Está la cuestión del precio. «Ya que pago por un ejemplar, pues me compro algo que lo valga por sus dimensiones». Es un pensamiento lícito y legítimo. Pero por lo que a mí respecta, el precio no lo hace el volumen, ni la cantidad que incluye un ejemplar, sino su calidad.

He leído obras publicadas con extrema delicadeza. Como me gusta el dibujo, la ilustración, tengo la experiencia de haber comprado publicaciones de la editorial Nórdica, por ejemplo. Tiene títulos que incluyen una compilación pequeña de poemas o relatos, lo acompañan de ilustraciones y crean un ejemplar que quieres conservar. En mi caso, el conjunto de texto e ilustración me deja un poso que me gusta recuperar de vez en cuando. Si hubiera formado parte de un volumen atiborrado de títulos, sería ya un empacho. No hace falta que tengan ilustraciones; podrían ser solo publicaciones de un par o tres relatos, como mucho, pero con una edición agradable por el tipo de fuente y tamaño de letra, la disposición de la página, la caja del texto.

Los libros cuestan, es cierto, y por eso nos tienta acudir a la mayor economía de recursos. Sin embargo, es un producto que permanece, se queda ahí en la estantería, o en el recuerdo; a veces decepciona, pero ese es el riesgo.

Con afecto eterno,

Una admiradora.

«Obras completas», de la serie Los diminutos, nº 8.
Carboncillo, pastel y grafito ©Rubal

Complete Works

Letter -13

Dear writer:

I like volumes that contain a maximum digestible of writings under the same title, as long as my hand does not drop midway through the reading due to its weight. Or else that, when I reach the fifth short story, I do not suffer from an anxiety syndrome for having more than enough to digest. Whether it is a one, a ten or a twenty page story it is the same for me, for each thing I need to assimilate, digest, settle. So a volume with a centimetre and a half, two centimetres, or well two and half, more or less, of a spine —and not being printed in, let us say, «Bible paper»—, is fine with me. Beyond those measures, I prefer to plunge into a long novel, and even in this case, I also have my preferences. All right, I might be exaggerating. Putting some extreme limits, because it all depends on the content, but I get to understand myself.

I can tell the same about the books of poems or collections of poems. Small compilations of poems, if they do get to me, make me as happy and satisfied.

The price? Yes, the price. There is the question of the price. «Since I pay for the sample copy, I buy something that is worth its dimensions». It is a fair and legitimate thought. But as far as I am concerned, the price is not based on dimensions, nor on the quantity that is contained in the sample copy, but on its quality.

I have read works published with great delicacy. As I like drawings, illustrations, I have the experience of having bought books of the publishing house Nórdica, for instance. They have titles that include a small compilation of poems or short stories, they do put them together with illustrations and create a sample copy that you want to keep. In my case, the combination of both the text and the illustration leaves me with the feeling that I want to recover every other then. If it had been part of a volume stuffed with titles, it would become an indigestion. There is no need for it to have illustrations, though; There could just be publications of a two or three short stories, but edited in a pleasant way for its font type and letter size, the display of the page, the text box.

Books cost, certainly, and that is why we are tempted to reach for a greater economy of means; however, it is a product that lasts, it stays there on the shelf or in the memory. Sometimes it disappoints, but that is the risk.

With eternal affection,

An admirer.

«Párate y piensa»

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose

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Carta – 12

Querido escritor/a:

Leyendo un librito de ensayo, Serenidad de Alfred Sonnenfeld, de los que huyo, pero luego me cazan… recordé cuánto me impactaron en su momento unas cuantas frases de la pensadora y politóloga, Hannah Arendt, de puro sentido común que rebosan; tan humanas y sencillas.

Ya se nota que yo no he estudiado filosofía; me paso los argumentos, los razonamientos, las conclusiones, la hipótesis, tesis y antítesis de un texto, por el forro… de mi necesidad de contar, o escribir —que para mí es lo mismo— como el que habla por hablar. De ahí que empiece por una cosa y, atravesando los lindes de la organización lógica textual, termine por otra. Desde bien pequeña me dejaron claro que no sabía muy bien a dónde quería ir a parar con las palabras, y sobre todo las escritas. Ya con un poco de más edad, juicio y capacidad de decisión, sin embargo, estuve a punto de decantarme por estudiar Filosofía; por aquel entonces una maravillosa profesora nos presentó la materia de tal modo que muchas de nosotras nos planteamos la posibilidad de seguir estudiándola. Comprendí que el campo de las palabras que gozan enredándose en una madeja tenía una etiqueta «Fi-lo-so-fí-a. Pero entonces alguien me dijo que me parase a pensarlo un poco. Después me hicieron un test para la orientación de estudios —¿universitarios?— y los resultados dieron positivo para asuntos relacionados con las artes plásticas. Estuve a punto, también, de tentarlas, las artes plásticas, pero entonces alguien me dijo de nuevo que me parase a pensarlo. Me paré y lo pensé. Y aquí estamos. No he estudiado Filosofía ni nada relacionado con las artes plásticas.

Cuando leí el librito de Sonnenfeld y vi la cita de Hannah Arendt «Párate y piensa» —la referencia está tomada del libro de Arendt Eichmann en Jerusalem—, recordé otras tantas frases de la misma autora que se me quedaron grabadas en la cabeza durante un tiempo y que me sirvieron para el intento de un estudio académico. En una entrevista a cargo de Günter Gauss, por ejemplo, decía cosas como que para ella escribir era una forma de acceso a la comprensión de las cosas; decía, y no sé si estoy desvirtuando algo de su mensaje, que era la satisfacción personal y no el deseo de influir lo que le movía a escribir. Sus teorías, al margen de estas declaraciones, no me interesaban. El momento epifánico de mi encuentro con su obra residía en esas dos ideas: la comprensión y la satisfacción personal. A raíz de leer, o escuchar, estas dos simples ideas, se me aclararon muchas cosas. ¡Qué tontería! ¡Qué estupidez! Claro, la escritura formaba parte de mí; lo necesitaba para comprender el mundo, sin conceder relevancia a lo que otros pudieran o quisieran pensar sobre ello. No darme cuenta de ello, cuando todavía era muy joven y me pedían que pensara como vieja, fue un error. Y lo mismo ocurrió con las artes plásticas.

Es curioso que fuera precisamente otra frase de Arendt, «párate y piensa», la que, pronunciada por otros, me impidiera dejarme llevar por lo que desde todos los puntos de vistas subjetivos y objetivos era mi esencia y mi forma de abordar la vida.

Pero esto ya forma parte del pasado.

«Párate y piensa», y realmente estoy de acuerdo con esto. La cuestión es a quién le correspondería hacerlo en cada caso.

Con afecto eterno,

Una admiradora.

Carboncillo y grafito ©Rubal

«Stop and Think»

Letter – 12

Dear writer:

When reading a little essay book, Serenidad by Alfred Sonnenfeld, one of those I run away from but then hunt me… I recalled how much I was once impressed by a couple expressions of the thinker and political scientist, Hannah Arendt; they were so human and simple and overflowed so much with common sense.

You can tell that I have not studied philosophy; I could not care less about arguments, reasoning, conclusions, hypothesis, thesis and antithesis of a text… than my need to tell or write something, which is about the same act after all. As the one who speaks for the sake of speaking. Hence I start with one thing and, crossing the boundaries of the textual logical organization, end with another. From a very young age they made it clear to me that I did not know very well where I wanted to go with the words, especially with those written. However, a little older, more capable of better judgment and decision making, I was about to choose to study Philosophy; by then a wonderful teacher had introduced us to the subject in such a way that many of us planned to continue studying it. I realized that the learning field where words take pleasure in becoming entangled had a label «Phi-lo-so-phy». But then someone told me to stop and think about it a bit. Then I was given a study orientation —for university?— and the results were positive in matters of plastic arts. I was about to try them too, plastic arts, but then someone told me again to stop and think about it. I stopped and thought about it. And here we are. I did not study Philosophy nor anything related to plastic arts.

When I read Sonnenfeld’s little book and saw Hannah Arendt’s quotation «Stop and think» —the reference is taken from Arendt’s book Eichmann in Jerusalem—, I remembered a few other words of the same author, that I kept in my head for a while and helped me in my attempt to write an academic study. In an interview by Günter Gauss, for example, she said that writing for her was an access to the understanding of things. She said, and I don’t know if I’m somehow distorting her message, that it was personal satisfaction and not the wish to influence others that moved her to write. Her theories, apart from these assumptions, did not interest me. The epiphanic moment of my encounter with her work just lay in these two ideas: understanding and personal satisfaction. From this point, after reading, or listening to, these two simple ideas, I made many things clear to myself. What nonsense! What a stupid thing! Of course, writing was part of me; I needed it to understand the world, disregarding what others could or would like to think about it. Not realising this, when I was still very young and was asked to think as an old person, was a mistake. And the same was for plastic arts.

It is funny that it was precisely one of Arendt’s expressions, «Stop and think», which, pronounced by others , dissuaded me from focussing on what from all points of views, both subjetive and objective, could be seen as my essence and life approach.

But this is already part of the past.

«Stop and think», and I really agree on that. The question is who should do it in each case.

With eternal affection,

An admirer.

El rastro del caracol

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters

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Carta – 11

Querido escritor/a:

Somos como caracoles que dejan su rastro y van tan despacio, pero van.

Este es un lugar para compartir. Es un espacio de blogueros, personas que se deciden a expulsar sus demonios, derramar sus pensamientos y sentimientos, desbarrar y desmadrarse, echarse unas risas o esbozar una simple sonrisa. La mayoría pensamos que queremos abrir una ventana al mundo para mirar a través de ella y poder gritar lo que nos pasa o nos recorre la cabeza sin juicios gratuitos como respuesta; en otros muchos casos, queremos hallar un lugar donde exponer aquello que parece que se nos da mejor hacer; en otros tantos, extendemos entradas a cada cierto tiempo con el fin de tener un terreno asegurado, un camino trazado desde el que poder observar a otros como nosotros, afines o no con nuestro pensamiento, sentimiento o estilo de hacer las cosas. También nos gusta echar la vista atrás y ver todo lo que hemos andado sin apenas darnos cuenta. Pero en definitiva, estoy segura, lo que nos gusta es asomarnos como esos viejos, esos «mayores», que se asoman a la obra de la calle y les parece el pasatiempo más interesante que puede ocurrirles en la vida de momento. Ver una construcción es realmente apasionante y no le concedemos la suficiente atención.

He decidido quitar la sección de comentarios de mis entradas. Yo, como el/la que más, siente muchas veces el impulso de comentar, pero también es cierto que a veces no siento la necesidad, lo cual no significa que me importa menos lo que acabo de ver o leer, o que no me haya conmovido. Es un estado de ánimo. Y es que se trata, en mi caso, de impulsos que me llegan de un estado emocional o una situación personal, o vete tú a saber por qué. He leído muchas cosas que me han emocionado o gustado y solo he hecho un «like», pero un «like» es algo muy valioso; que no se devalúe. Vale para dar tu apoyo, para dar fe de que algo te ha gustado de verdad, o que estás conforme con ello, o una confirmación de la existencia de alguien a quien de manera regular le sigues. Un saludo reconfortante, un saludo de respeto; en definitiva, un «buen saludo».

Y por ser coherente, igual que quito mi sección de comentarios, tampoco haré comentarios en los espacios de los demás, lo que no significa, como ya he dicho antes, que no aprecie o admire lo que hacen. Pero mi «like» sigue siendo real y auténtico. Por otra parte, hay algo que sí me gusta hacer y que seguiré haciendo, y es referir lo que he descubierto, me ha gustado, me ha conmovido, me ha inspirado, en mis propias entradas —aparecen en la categoría de Cruces de caminos—. Con el tiempo lo haré para todo ello. Es el mejor tributo que puedo ofrecerle, por pequeño que sea mi espacio, y con todos mis respetos. También hay una sección de contacto, así que…

Como no se me ocurre qué más añadir ni cómo terminar esta especie de justificación, lo dejo ahí, como un continuará. No es muy literario, pero no me da más de sí.

En cualquier caso, compañera/o, me encanta seguirte.

Con eterno afecto,

Una admiradora


¿Por qué un caracol? No lo sé – Imagen de ©Rubal

Letter – 11

Dear writer:

We are like snails that leave their trace and go so slowly, but they go.

This is a place to share. It is a place for bloggers, people who decide to expel their demons, pour their thoughts and passions, rave and rant, laugh or give a simple smile. Most of us think that we want to open a window to look through it and be able to shout what happens to us or runs in our head without unthoughtful judgements in response. In many other cases, we want to find a place to expose that which we seem to be better at doing.; in many others, we expand posts from time to time in order to have a secured land, a path drawn from which we can observe others like us, akin or not to our thinking, feeling or style on doing things. We also like to look back and see all the road we have walked, hardly being aware of it. But in the end, I am sure, what we really want to do is like the old people, like those «elders» who stop to watch the things under construction in the street and think that it is the most interesting thing that can happen to them at the moment. Watching something being constructed is a fascinating thing and we do not dedicate enough time to it.

I have decided to remove the «Comment» section from the posts. I, like most of the people, feel the urge to comment, but it is also true that I sometimes do not feel the need to do it, which does not mean I care less about what I have just seen or read, or that I was not moved. It is a mood. And the question is that, in my case, that urge was coming from a state of mind or a personal situation, or who knows why. I have read many things that have moved me or I just liked, and I have only given it a «like»; but a «like» is a very valuable thing and it is not to be debased. It serves for providing your support, to uphold your sincere appreciation, or to say that you agree with it, or a mere confirmation of the existence of someone who you follow on a regular basis. A comforting greeting, a greeting of respect; eventually, a «good greeting».

And as I want to be coherent with my actions, as much as I remove my comment section, I will not introduce my comments in others’, which, as I said before, does not mean that I do not appreciate or admire what they do. My «like» is still real and authentic. On the other hand, there is something I have always been into doing and will continue to do, which is to refer what I have discovered, liked, and been moved or inspired by, in my own posts —they appear in the category Crossroads—. With the time I will refer it all. It is the best tribute I can offer to pay, no matter how small my place is, and with all respect. There is also a contact section in the site, so…

As I cannot think of anything else to add nor how to finish with this sort of justification, I will leave it there, with a «to be continued». It is not a very literary way, but I cannot come up with a better one.

Anyway, comrade, I love to follow you.

With eternal afection,

An admirer

El alma en tres partes

Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Acuarela ©Rubal

Carta – 10

Querido escritor/a:

He leído esta mañana la preciosa entrada 21 gramos en el blog de Marié, y me ha recordado una insistencia mía desde que recuerdo: el color que veo en mis sueños —a pesar de que se diga que no hay color en los sueños— y la sensación de división de mi interior. Ya no conservo aquellos textos, pero hubo un tiempo en el que recreaba, por escrito, diálogos a tres voces de mi conciencia.

Al cabo de muchos años, pero muchos, o sea hace unos meses, empecé a hacer dibujos sobre los sueños y sobre los colores que había en esos sueños y sobre personajes que se me ocurrían sin fijarme en nada. Escenarios que no encuentro en la realidad exterior, y tampoco sé si existen en el exterior. Lo hago para olvidar, para separarme de una perspectiva muy cercana a las cosas. Tomar distancia, que se dice, o bien entrar dentro de mí; no verme por fuera.

La verdad es que me he hartado de tener que justificar lo que hago escribiendo o dibujando, o siquiera cocinando… Hago lo que me sale realmente del… alma. No quiero pensar en nada que tenga que ver con el análisis de las cosas, y es difícil, lo sé, pero me agota hacer y luego tener que pensarlo. Me gusta trabajar los materiales, usarlos hasta donde me apetece y dejarlo cuando no me apetece. Al fin y al cabo, gracias a ¿Dios?, no me pagan por ello. No es mi salario.

Según mi dibujo, entonces, mi alma es verde y actúa a tres bandas, y con respecto a su peso, si el alma pesa 21 gramos, cada parte de las tres pesará 7 gramos. Intento evitar caer en el análisis, pero es curioso que ambos números hayan tenido siempre su respectiva carga de significado.

Feliz mes de octubre. Arranque de los cursos y los verdaderos nuevos propósitos.

Con afecto eterno,

Una admiradora

De formatos y necesidades

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Equilibrium (Pastel) ©Rubal

Carta – 9

Querido escritor/a:

Escribimos, dibujamos, pintamos o fotografíamos; unos usamos una forma de expresión, otros cualquier otra. La cuestión es cuánto tiempo dedicamos a expresarnos simplemente y cuánto a pensar en por qué nos expresamos de esta o aquella manera; en si nos bloqueamos, y si ciertas formas están permitidas o se llevan; en si somos buenos o malos en lo que hacemos y si merece realmente la pena dar cuenta de ello…

Sin embargo, esta es la mochila con la que he amanecido esta mañana:

Cuando encontramos la forma de expresión que mejor le va a nuestra forma de ver la vida, de apreciarla o criticarla, de disfrutarla o de dolernos, es un momento realmente mágico y único. Pero lo realmente mágico y único es descubrir que no hay una «única» forma de expresar y que no hay un único formato. Dejemos las categorías para la razón de los filósofos.

Una vez descubramos nuestro «formato», no deberíamos soltarlo; deberíamos correr veloces con ello —no sea que nos atrape la duda— hasta donde nos lleve. Mientras tanto, sobrevolar los escenarios sin descuidar nuestro entorno, sin obviar la vida, sin olvidarnos de respirar y tomar resuello. Porque se trata de disfrutar, y disfrutar de lo que es nuestro, de lo que nos pide la cabeza y el cuerpo. Puede que en algún momento necesitemos silenciar ese «formato» por un tiempo, y será bueno. O incluso puede que queramos silenciarlo para el resto de nuestras vidas, y eso será también bueno, porque será de necesidad que lo hagamos. La expresión es una necesidad; de ella surge y en ella desaparece. No es tan complicado.

Con eterno afecto,

Una admiradora


Letter – 9

Dear writer:

We write, draw, paint or photograph; some use a form of expression, others use another. The question is how much time we spend simply expressing ourselves and how much we think about why we express ourselves this way or the other; whether we block ourselves, and if certain forms are allowed or follow the trend; whether we are good or bad at what we do and if it is really worth showing it at all…

However, this is the backpack with which I woke up this morning:

When we find the form of expression that best suits our way of seeing life, of appreciating or criticizing it, enjoying it or hurting from it, it is a truly magical and unique moment. But the really magical and unique thing is to discover that there is no «unique» way of expressing and that there is no single format. Let us leave categories for the reasoning of the philosophers.

Once we discover our «format», we should not let go of it; we should run fast with it —lest the doubt catch up with us— as far as it takes us. Meanwhile, we should fly over the scenery without neglecting our surroundings, nor desregarding life, nor forgetting to breathe and take a breath. Because it is about enjoying, and enjoying what is ours, what the head and body asks us to do. At some point we may need to silence that «format» for a while, and it will be good. Or we may even want to silence it for the rest of our lives, and that will also be good, because it will be necessary for us to do so. Expression is a necessity: it arises from necessity and it disappears in necessity too.

With eternal affection,

Your admirer

Artesanía

Cartas / Letters

Carta – 8

Querido escritor/a

He asistido a clases de literatura, a talleres de escritura y he leído ensayos donde ha surgido la eterna y extraña pregunta —como si del origen de la humanidad se tratara— de qué es «poesía». Las respuestas, desde luego, resultaban atractivas, filosóficas y metafísicas. Pero lejos de perseguir quimeras en lecciones de estética, yo siempre he esperado recibir señales más prosaicas, más ceñidas al quehacer real de una artesana, a la lengua que se manipula, a lo que funciona o no funciona en un ritmo determinado, a lo que suena o no suena bien dentro de una corriente melódica. Y aunque no voy a negar que a veces me gusta andarme por las ramas, estar en la parra y subirme a las alturas del Olimpo, sin derecho de entrada, más me hubiera gustado haber vivido, o vivir, esa experiencia científica y terrenal del laboratorio clandestino donde todo consiste en hacer prueba, error, prueba, error y, si acaso finalmente, hallazgo, aunque ni esto haga falta.

Con afecto eterno,

Una admiradora

Razones para escribir

Cartas / Letters

Carta – 7

Querido escritor/a:

Hay razones para escribir, pero ninguna es de vida o muerte por más que nos empeñemos en sentirlo de ese modo. La escritura no es de vida o muerte, porque nada que dependa de nosotros es de vida o muerte, excepto la voluntad de «ser», y una pequeña intuición que nos queda y que nos dice que queremos seguir «siendo». Sin voluntad y sin esa intuición, se apaga la llama, y esto, desde luego, no es exclusivo de los que se dedican a un oficio como la escritura, no es exclusivo tampoco del arte, o de un tipo de sensibilidad que desea expresarse de una determinada manera estética. Esto incluye a todos los seres humanos, a todos los individuos que nacen y son echados a andar para tragarse el tiempo a bocanadas hacia no se sabe dónde.

Escucho en los medios de comunicación, en uno de esos programas donde regalan consejos de bolsillo acerca de la psicología de las personas, que es importante tener un objetivo, que es importante encontrar un sentido, pero yo he dejado de encontrarlo y tampoco lo busco. Me siento mejor de esta manera, aunque eso en sí ya sea un objetivo.

Soy una afortunada a mi manera. Tengo todo lo que deseaba tener en mi vida. Tengo a mi compañero, a mis hijos, a lo poco que me queda de mi familia: mi hermana y el recuerdo de mis padres que ya se fueron. Tuve la suerte de ser la dueña de un buen perro, aunque para mí todos los perros son buenos. Sin embargo, a pesar de tener todo esto y de haberlo tenido, me parece que hay algo que me estoy perdiendo. Pero no procede de mí este sentimiento; es algo impuesto desde la sociedad a través de sus muy arraigados conceptos de lo que debe ser vivir una vida buena. Moverse, inquietarse, viajar, conocer lo nuevo, crear nuevos amigos, probar, probar, probar, atreverse, volver a arriesgar, ocupar el tiempo, ocupar el tiempo con actividades que no habría querido realizar ni de joven, proyectar, proyectar, proyectar, tener iniciativa. No digo que cualquiera de estas ideas no sea buena, pero ¿apuntarlas en una pizarra en un cierto orden…?Programar, programar, programar… Ilusión, tener ilusión… Ilusionarme con un kit de primeros auxilios… ¿Qué ocurre cuando hay períodos en los que tu cuerpo no sabe moverse en un sentido, o cuando tu cabeza pide alejarse del razonamiento y solo quiere resguardarse en un lugar donde la ansiedad no la acometa con sus neurosis, que no son más que la revelación de una rebeldía interior?

Esto es lo que me hace dudar de mi vida afortunada, porque aprendí, como solemos aprender me temo, que es mejor escuchar lo de fuera que lo de dentro que nos llega de nuestros propios órganos, estómago, cabeza, corazón. Dudo como duda esa que llega de una población pequeña y remota y tiene que decidirse a integrarse en la inquieta y bulliciosa urbe que asoma en el horizonte bajo una maraña gris de humo y polvo. Porque aquella, aquel, que reside de manera habitual en la población pequeña y remota, sabe que puede respirar hondo y que en principio no le apetece penetrar la maraña gris de humo y polvo, pero también llega a preguntarse si tendrá razones para no desearlo, si no será que se está perdiendo algo. Si no fuera así, si no se estuviera perdiendo algo, ¿por qué entonces su población pequeña está menguando? Así escuchamos lo que nos llega de fuera y damos fe de ello de inmediato. Así nos enseñaron, y cuando ya pasan los años, los consejos de bolsillos nos quieren ayudar a que lo desaprendamos.

Empecé esta carta diciéndote que ninguna razón de escribir era de vida o muerte, y es lo que creo, sin embargo, acudo a las palabras escritas como para crear un testimonio de esta existencia mía que discurre a la vez que siento que me estoy perdiendo algo. No vaya a ser que en un alarde de insensatez termine por convencerme y pierda hasta lo que ya tengo. Siempre podré regresar a leerlo y corregir el rumbo. De todas formas, será difícil que me convenza porque, mi estómago y mi corazón —el ritmo cardíaco realmente— me dicen que no me estoy perdiendo nada; y es a estos órganos a los que escucho más que a nada de mi cuerpo últimamente.

Te envío una pieza de música que estaba escuchando mientras te escribía esta carta. Espero que te guste.

Con afecto eterno,

Una admiradora

Pieza de música compuesta por Novo Talos, For The Love of Love.

Son solo historias

Cartas / Letters

Carta – 6

Querido escritor/a:

Solo son historias.

No te escribo porque quiera trascender, aunque te parezca mentira, sino porque es la mejor forma de vivir que tengo. Escribo para sentir que estoy viva y para que me escuches a la vez que me escucho yo misma mientras dejo trazas de mi paso por la senda de las palabras y de las imágenes.

No ambiciono que lo creas, pues como ya te he dicho al principio, para mí también, de ahora en adelante, solo son historias.

Con afecto eterno,

Una admiradora.

P.D.: Te envío la pieza de música que escuchaba mientras escribía esta carta. Espero que la disfrutes.

Mrs. Darcy. Pieza de la banda sonora original de Dario Marianelli para la película dirigida por Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen Orgullo y prejuicio; basada en la novela que lleva el mismo nombre y escrita por Jane Austen.

Tropezar

Cartas / Letters

Carta – 5

Querido escritor/a:

No es tan sencillo caminar como parece.

Puedes tropezar con un baldosín en mal estado o caer por un agujero de alcantarilla. Subir o bajar escaleras acompañada por el vértigo.

Mejor no pisar en falso.

A veces, sin embargo, miro a lo alto de los edificios y veo una luz o una sombra que me sobrecoge. Me habla del cambio.

Contemplo los ángulos que recortan el cielo y los fotografío.

Es una ciudad a ras del cielo que desconozco.

Con afecto eterno,

Una admiradora

Cita de Fritz Perls

Cartas / Letters

Carta – 4

Querido escritor/a:

Me he despertado esta mañana con una sensación extraña, como si la vida se me ensanchara. Es una sensación agradable, pero extraña. Es como si tuviera que inventarlo todo de nuevo, como si no hubiera sucedido el pasado. Como si no importaran los minutos que paso escribiéndote, porque son estos minutos los que de verdad cuentan. No siento la prisa de estar en otra parte.

Miro a mi familia, y me refiero a mi marido y a mis hijos, a mi hermana, que es lo que me queda de ese pasado pixelado. Es de verdad un cuadro hermoso. Lo miro y siento como si tuviera la concesión de una vida nueva. Veo también cómo me aferro a las letras y a las imágenes que revolotean en mi cabeza; todo tal y como sucede en este momento. Un momento ensanchado. Porque ya no hay ayer que lastrar, sino este ahora que es inmenso y no agota, con todas las posibilidades de ser que me proponga, comprendiendo que solo hay una que realmente me propongo, la de estar aquí de cara a la existencia.

Siempre reviso la misma cita de Fritz Perls para recordármelo:

«To suffer one’s death and to be reborn is not easy.» (Sufrir la muerte propia y renacer, no es fácil.)

Con afecto eterno,

Una admiradora.

Ser visible

Cartas / Letters

Carta – 3

Querido escritor/a:

Aquí estoy otra vez. ¿Por qué me satura la información que recibimos? Es demasiado.

Yo solo quiero escribir. Si tan solo fuera escribir y enviárselo a alguien, aunque me lo rechacen, sería menos deprimente que todo este universo que achica mi pensamiento.

Me siento menguar cada día frente a la realidad a la que yo también pertenezco.

¿Cómo era en tu tiempo?

Yo lo intento. Yo intento esa integración en la sociedad que todo lo comparte, pero no sé para qué sirve y tampoco confío en que aquello que comparto sea de interés para nadie.

No soy negativa. Te aseguro que no soy negativa. Lo que ocurre es que han pasado muchos años.

Además, se pierde tanto tiempo en ser visible.

Con afecto,

Una admiradora

Cosas que me gustan

Cartas / Letters

Carta – 2

Querido escritor/a:

Esta mañana hice una lista de las cosas que me gustan.

El aire entre las hojas de los árboles.
Las ramas meciéndose con el aire.
El sonido del agua cayendo sobre el agua.
El agua corriendo por entre las piedras.
El color de las flores.
La mirada de un perro que espera.
Los ojos de un perro siguiendo a su amo.
Un mono purgando el pelo de su cría.
Una tigresa al cuidado de sus cachorros.
Una osa abrazando a sus oseznos.
La luz de otoño cuando cambia sobre las fachadas.
La luz de la tarde en primavera.
La palabra«mamá» en boca de mis hijos.
Mi nombre en labios de mi marido.
Mi mano escribiendo con lentitud sobre el papel.
Mi mano apresurándose sobre el teclado.
Rellenar las hojas a rayas amarillas.
Escribir en un cuaderno sin un orden en las ideas.
Escuchar una voz que me cuente algo y que me guste.
Una clase, y yo de alumna.
Un café frente a mi serie favorita.
Leer un libro con pasión.
Revisitar lugares con la memoria; aquellos que me hicieron sentir bien.
Recordar la cara de mis hijos cuando eran pequeños. Sus voces, sus sueños, su juego.
Recordar cuando yo era pequeña, y recordar cuando yo jugaba.

Con afecto,

Una admiradora

Distancia

Cartas / Letters

Carta – 1

Querido escritor/a:

Si estuvieses aquí, no sabría decírtelo. Mejor así, separados por el tiempo, la distancia geográfica y la identidad lingüística que arruinaría mi propósito, ser libre para expresar lo que quiero.

No sé llevar diarios. Nunca he llevado un registro de mi vida cotidiana, pero sí que he rellenado cuadernos, y rara es la vez que no he apuntado algo en ellos prácticamente cada día: un párrafo, una oración, una palabra. También he tenido la sensación de contárselo a alguien. Puede que fuera a ti. ¿Quién sabe?

Con afecto,

Una admiradora