Capturar el momento

Cruce de caminos / Crossroads, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Esta vez se trata de dar nombre a sentimientos que no encuentran un término preciso que los signifique en el diccionario de cualquier lengua. Sentimientos recurrentes y que compartimos todos los seres humanos, más de lo que imaginamos, solo que no lo hablamos o no tenemos la oportunidad de comentarlo en tiempo y forma.

Cuando he leído hoy la entrada de Rosa, El peso sobre los hombros, en su blog La llave de las palabras, me ha traído a la memoria The Dictionary of Obscure Sorrows (El diccionario de los lamentos oscuros) de John Koenig. En este sitio, y en su canal correspondiente de Youtube, John Koenig ha creado un glosario —que continúa creciendo— de palabras inventadas para dar nombre a sentimientos que difícilmente encajan en los términos ya existentes en inglés; esto se hace extenso a todas las lenguas.

Al leer la entrada de Rosa, no he podido evitar acudir a uno de los vídeos de este diccionario que más me gustaron en su momento y que, al verlo de nuevo, he tenido el impulso de compartir aquí.

Dedicado a todos los que desean capturar los momentos, y dedicado especialmente a Rosa, porque la lectura de tu entrada me ha hecho recuperar un «momento» que disfruté mucho y sigo disfrutando.

(He insertado el vídeo de modo que los subtítulos en español estuvieran activados, pero si no fuera así, podéis activarlos desde la configuración.)

Comenzar de nuevo

Cruce de caminos / Crossroads

Me alegra formar parte de un nuevo comienzo.

A MI MANERA

 

Vivimos en un mundo en el que, para mal o para peor, aquello que se encuentra en internet no existe, o es como si no existiera, que al fin y al cabo es lo mismo. Incluso figurando en internet, muchas son las cosas que siguen pasando desapercibidas, también como si no existieran. Son, por un lado, aquellas que no se adecuan a los criterios que rigen esta sociedad, la más opulenta que ha conocido la historia de la humanidad al tiempo que la más injusta, una sociedad que acepta como la única posible una realidad ajena a nuestros designios. Por otro –y consecuencia de esto–, lo mismo sucede con aquello que publicamos en nuestros blogs o en cualquier otra plataforma, y más aún cuando lo que publicamos es un libro, sea del género que sea. O tienes detrás una editorial, cuanto más conocida mejor, o date por jodido. No…

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Silencios y temas recurrentes

Cruce de caminos / Crossroads, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

Hace tiempo me castigaba por tener momentos en los que no quería coger para nada el bolígrafo para escribir, así como momentos en los que no me apetecía coger el lápiz para dibujar. Pero un día, y no sé cuándo fue, ocurrió que me dije «basta» y me rebelé contra el degenerado subconsciente que me dictaba desde no sé qué experiencia del pasado, o bien desde la conducta o el hábito mal aprendidos, lo que debería estar haciendo; misteriosa y mágicamente todo supuesto de obligación se disipó. Dejé de hacer por obligación y descansé y disfruté. Me dije: «Como si no me regresa el deseo nunca más. No pasa nada». Y en esos días estoy ahora. De hecho, cuando estoy de ese ánimo, asoma otra actitud, que es la de la lectura y otras actividades que me dan alimento. Leo, observo y contemplo. Me da tiempo para asociar y conectar ideas. Lo decía muy bien Bertrand Russell —y no solo él, estoy segura de ello—. Russell aseguraba —y la referencia se puede encontrar en su obra La conquista de la felicidad— que era en esos momentos de silencio, aparentemente inactivos, donde se resolvían sus problemas. Cuando regresaba al trabajo obtenía el resultado deseado. Algo así como un período de incubación que muchos tratadistas de la Creatividad con mayúsculas ya dan por hecho. Sin embargo, nosotros nos encontramos todavía en los lugares comunes y recurrentes, castigándonos por nuestros silencios creativos, en lugar de descansar e incubar. O puede que las cosas ya estén cambiando…

En cualquier caso, este es mi tiempo de asociar ideas, conectar y divagar. Es el tiempo en el que, en lugar de inventar, practico con lo que se me viene a mano. Tomo apuntes, esbozo, copio formas. Escribo lo que se me viene a la cabeza como si fuera un recordatorio de la compra… Y si el tiempo lo permite, me doy a la lectura, al cine y a las series. Pero, desde luego, es época de asociación de ideas, con pocas restricciones. Luego se van colocando ellas solas, si es que se colocan.

Así, por ejemplo, ocurre que después de realizar algunas lecturas recientes, haya llegado a la reflexión personal que he anotado arriba.


Hace algún tiempo leí el ejemplar de Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes —publicado por la editorial Acantilado—, que compila una serie de ensayos suyos, entre los que se encuentra el que se titula en español «Mi oficio». En él, la autora nos habla en un tono llano e íntimo sobre lo que la escritura significa, o significaba, para ella. No voy a destriparlo. La razón de mencionarlo ahora es porque volví a leerlo ayer noche, y porque al leerlo de nuevo me ha dado pie para reflexionar sobre los temas comunes y recurrentes en las personas. Uno de esos temas, desde luego, es el de comprender para qué estás hecha y qué quieres hacer. A veces se sabe desde el principio y a veces se averigua más tarde. Lo importante es averiguarlo con el fin de ahorrarnos el menor pesar posible en una cuestión tan simple como conocer nuestras destrezas, y también forzarnos lo menos posible a caminar una senda que nos reporta más bien poco.

Lo interesante es que he tenido oportunidad de leer las páginas de «Acerca de» de las personas que sigo en este espacio de WordPress, y veo que en muchos aspectos tienen el mismo tono que leí en Ginzburg. Es ese tono que me hace conectar con ellas y que me hizo conectar con Natalia Ginzburg. El tono que habla de estar construyendo, de ir averiguando lo que hacen sobre la marcha y de cómo sus páginas de «Acerca de» se transforman según avanzan en un sentido un otro.

Hay una lectura, y no es una página de «Acerca de», sino un libro publicado que me ha dejado en algunos de sus pasajes el mismo regusto que el escrito de Ginzburg. Pertenece a Evavill y se llama Primer párrafo. En esta obra hay momentos en el que el personaje protagonista parece reivindicar un lugar en su mundo, en su entorno, y parece encontrarlo en la escritura; aunque no lo haga de una forma evidente, se intuye, se revela.

Hay otra serie de coincidencias bellas entre ambas lecturas, con las que me identifico verdaderamente, pero no es este el momento ni el lugar para contarlas.


Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes

«Cuando escribo algo, suelo pensar que es muy importante y que yo soy una gran escritora. Creo que a todos les ocurre igual. Pero hay un rinconcito de mi alma donde sé muy bien y siempre lo que soy, es decir, una escritora pequeña, muy pequeña. Juro que lo sé. Pero no me importa mucho.»

Natalia Ginzburg, «Mi oficio» en Las pequeñas virtudes.


Paloma Mozo San Juan, Primer párrafo

«Formaba parte de esa construcción de uno mismo tener un objetivo vital, definirse, así nos lo hacían creer desde pequeños cuando nos hacían la odiosa pregunta, al menos para mí, sobre qué queríamos ser de mayores. A lo mejor no resulta una cuestión antipática si sabes con claridad lo que quieres ser o al menos tienes una idea aproximada, pero yo no lo sabía.»

Paloma Mozo San Juan, Primer párrafo.

¿De qué va la Odisea?

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing
©Rubal
La ira de Poseidon contra Odiseo después de que este deja ciego a su hijo, el cíclope Polifemo. Este incidente retrasa «un poco» más el regreso de Odiseo a Ítaca.

Poseidon’s wrath against Odysseus after the latter has blinded his son, the one-eyed giant Polyphemus. The return of Odysseus to his home in Ithaca is therefore a little delayed.
©Rubal
Penélope teje y desteja un sudario para el rey Laertes durante veinte años para evitar caer en manos de cualquiera de sus pretendientes. La idea es que no podrá aceptar ninguna propuesta —en ausencia de su marido, Odiseo— hasta terminar dicha tarea. Eso les dice. Fiel a su pareja, desteje el paño a escondidas hasta que el engaño es descubierto. Afortunadamente, Odiseo llega a tiempo…

Penelope weaves and unweaves a shroud for king Laertes to avoid her suitors. The idea being that she will not be able to accept a marriage proposal from any of her suitors —in the absence of her husband, Odysseus— before she gets to finish such task. That’s what she tells them. Loyal to her partner, she undoes the shroud when unseen, but eventually the deceit is disclosed. Fortunately, Odysseus comes in time…

¿De qué va la Odisea? ¿Del viaje o de la espera?

Son veinte años de ausencia y veinte años de espera. Veinte años…

Con frecuencia se cree que la aventura está en el viaje, en la marcha, en la huida, en el distanciamiento. Sin embargo, mientras transcurre el viaje, la marcha, la huida, el distanciamiento, ¿qué ocurre con los que se quedan esperando la noticia del regreso? Son veinte años de fortaleza interior. Las pruebas de trabajo o dolor de una persona que viaja son las mismas pruebas de trabajo y dolor de la persona que permanece.

Entonces, dónde está realmente la «odisea»?


What is the Odyssey about? Is it about the journey or the waiting?

Twenty years of absence and twenty years of waiting. Twenty years…

Adventure is often believed to be in the journey, the leaving, the escape, the distance. However, while the journey —the leaving, the escape or the distance— takes place, what happens to those who are left to wait for a piece of news of the return? It is twenty years of inner strength. The toil and pain of a person who travels are the same as the pain and toil of the person who stays.

So, where is actually the «odyssey»?


This one goes for you, Outosego, who, of all I have met in these whereabouts, is more likely to get a better picture of the Odyssey (and its alternate ending), at least of the wonderful land where the story takes place.

De la calle de la Alameda a la Cuesta de Moyano

Cruce de caminos / Crossroads, Paisaje urbano / Urban Landscape

No soy fotógrafa, pero disponer las imágenes en este espacio, como en un álbum, da sentido a una jornada y una experiencia que existió la semana pasada. Hacía mucho tiempo que no andaba por el Barrio de las Letras, en Madrid, así que…

Calle de San Agustín. Al fondo, perpendicular a la misma, corre la calle de Lope de Vega. A la izquierda la imagen de Miguel de Cervantes, de cuya cabeza emergen Don Quijote y Sancho Panza.

Mi recorrido se dio por buscar un libro. Desde la calle de la Alameda hasta la calle de la Magdalena. Desde la librería La Fábrica hasta la librería Sin Tarima Cogí el Google Maps y me dejé llevar. No se puede andar por Madrid, por esos lares más antiguos, creyendo que vas a encontrar paralelas y perpendiculares. Es un territorio donde la construcción siguió su propio antojo. Un patchwork de ladrillo y adoquines.

Andando con el móvil en la mano, mirando la pantalla para ver por dónde la lucecita azul, es decir, mi yo virtual se movía y a dónde se dirigía… En fin, me quedé frente a este edificio, poco antes de cruzar la calle de Atocha. Si me dicen que estoy en Toledo o en Segovia, me parecería lo mismo. Sabía que era Madrid porque no había cogido el tren por la mañana. Había llegado andando. Pero por cómo me movía, buscaba y sacaba fotos, parecía una turista.
Por mí, perfecto 🙂

Por supuesto, la lona verde, perteneciente a una obra de fachada, en la parte superior de la izquierda, lo delata todo. No había duda. Estaba en Madrid.


Ya de vuelta de la segunda librería y con el ejemplar en la mano, en la mochila, tiré por la calle de Atocha —una calle que recorrí muchas veces durante mis años de instituto y alguno de carrera— hasta llegar a la Cuesta de Moyano. Era mi territorio en aquella época, hace mucho tiempo.


Te dedico esta entrada, Evavill, ya que fue por buscar tu libro, Primer párrafo, que pude volver a recorrer este camino rememorando parte de mi pasado.

La palabra precisa

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour
Inspirado en las imágenes compartidas por El bosque silencioso ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

Antonio Pavón Leal del blog El bosque silencioso compartió unas imágenes me inspiraron para hacer esta pintura en acrílico sobre papel figueras. Espero que tengáis oportunidad de visitar la entrada donde aparecen porque merecen la pena. La luz, ese azul, esas ramas enredándose en el aire… Gracias, Antonio, por compartirlas 🙂

Aquí dejo unas palabras dedicadas:

La palabra precisa
llega a la tinta.
Tú, aún, en el aire.


The precise word
reaches the ink.
You, though, in the air.

©Rubal

Encuentro en el aula

Cruce de caminos / Crossroads

El aula es también un verdadero cruce de caminos, ¿no crees?

He sido alumna, he sido profesora. En ese orden y a la vez. He visitado muchas aulas, he creado aulas. En cualquiera de todas estas experiencias, como alumna, como profesora, hay un patrón que se repite y es el de ver caras nuevas, la del docente o la del alumno. Y en todas ellas, me he visto revisando esas caras, como de pasada, sin querer dar a entender mucho la curiosidad del primer momento, por aquello de no resultar una entrometida o demasiado inquisitiva . En todas estas ocasiones he visto una cara que hace las cosas más difíciles y otra que las facilita. Hasta hace poco consideraba que era mi sensibilidad o mi suspicacia la que me hacía verlo. A estas alturas ya veo que también había algo de cierto en mis suposiciones, solo que ahora me da igual. Puede que yo sea una de esas caras amables o puede que yo sea una de esas caras que hacen la convivencia del aula más difícil. No creo que vaya a averiguarlo porque ando lejos de esas escenas de momento.

Y así como considero que el aula es un cruce de caminos, considero que este espacio de WordPress es otro, y que a la primera impresión hay voces que parecen facilitar las cosas para hacer el viaje.

Hace tiempo que intenté hacer algo en este mundo de los blogs, del escribir, publicar, compartir, pero no cuajó. En ese momento ni siquiera me dio tiempo a, digamos «ver las caras», a visitar las palabras de cada cual, y percibir quién era esa persona que hace las cosas difíciles y quien fáciles. Realmente, ¿a quién se le ocurriría percibir algo así en un espacio ilimitado de voces sin cuerpo? Sin embargo, esta vez sí he podido hacerlo, y en alguna ocasión he notado esa vibración que se traduce en amabilidad y que me ha hecho recordar aquellas primeras sensaciones mías al entrar en un aula. No sé en qué momento fue, y han sido varios, pero recuerdo especialmente que lo sentí mientras leía los poemas de Yvonne Torregrosa donde rendía tributo a sus padres.

https://poetasenlanoche.wordpress.com/2019/07/28/querido-papa/

https://poetasenlanoche.wordpress.com/2019/05/05/quiero-decirte/

Hace poco que murieron los míos —un año el pasado junio, mi madre, y tres años el mes de septiembre que entra, mi padre—y me doy cuenta de que cuando leo poemas o prosa dirigidas a los padres, recupero un sentimiento que está ahí latente en todo momento, pero que no pronuncio porque implicaría editar una vida entera y que yo prefiero dejar en sentimiento. Así que agradezco cuando se produce el encuentro.

«QUIERO DECIRTE

Sé que me engaño
creyendo que estás
en ese cajón
forrado de seda,
creyendo que vas a volver,
que sigues dormida,
soñando tranquila
en una vigilia de espera.

Estabas tan guapa…
ojos cerrados,
cara serena,
la piel acerada,
tu rostro bonito
perdió su color,
tu cara morena.

Sé que me engaño
cada vez que te llamo
y nadie contesta,
yo espero y espero
mas…
el teléfono suena.
Ya no me hablas…
nadie contesta.

Quiero abrazarte,
sentirte, besarte, poderte decir
cuánto te quiero.
Que te echo de menos.
Pero sé que no estás
y nada me ayuda,
nada consuela,
lloro de rabia, me lleno de furia
y me desespero,
me aflige, me apena.

¿Dónde encontrar sosiego?
Deseo sentir el amor que me dabas,
tu comprensión,
aquellos consejos, escuchar tu voz,
tus sabias palabras,
acariciar suavemente tus manos de cera,
todo lo tuyo bien lo recuerdo,
¿por qué ya no estás?
¿Dónde me esperas?

Yo rezo,
te sueño
y te busco.
Y te digo mil veces:
“cuánto te quiero,
necesito que vuelvas”.»

©Yvonne Torregrosa

Encuentro en Sopetrán

Cruce de caminos / Crossroads

Cruce de caminos con Panegírico de Julie Sopetrán, (https://eltiempohabitado.blog/)

Se aproxima el mes de septiembre. La noche no fue tan cálida como las anteriores. Hay llanos vacíos de trigo por sembrar y árboles que los circundan. Me he alejado un tanto de mi propósito. Puede que a estas alturas no se vayan a cruzar las senderos como al principio. Pero me he dejado llevar por el paisaje y me he desviado un poco hacia lugares donde solo van los caminantes que persiguen la soledad.

Son las nueve de la mañana y veo un bar que oportunamente asoma no muy lejos de donde me encuentro. Hoy me he despertado pronto y ya me falta el aliento. A veces ocurre aunque sea por la mañana. Así que me decido a acercarme, solo para tomar algo que me recupere los pulmones.

Fuera, el local tiene un porche y debajo del techo que lo protege, unas cuantas mesas de madera con sus respectivos asientos. Entro y veo una pequeña sala con una barra y cuatro taburetes repartidos a lo largo de ella. No hay nadie detrás de la barra, pero enseguida sale alguien a saludar de detrás de una puerta. Una mujer que rondará los sesenta años o más con un trapo en una mano y una taza en la otra. A juzgar por la etiqueta de la infusión que cuelga por fuera de la taza, me doy cuenta de que la he interrumpido en un momento que es suyo. Me excuso y le pregunto si es demasiado pronto, si todavía no ha abierto. Me dice que sí es pronto, pero que igualmente está abierto, que la gente, los caminantes y trabajadores, no llega hasta pasadas las once.

Le pido un café con poca leche y muy caliente. Le pregunto si puedo sentarme fuera y ella me dice que por supuesto. Espero a que prepare el café, pero ella me dice que no me preocupe, que me lo lleva a la mesa. «Disfruta», dice. Y yo le hago caso.

Cuando paso por la puerta de nuevo, para salir, veo una libreta que cuelga del quicio de madera por un cordelito. De otro cordel cuelga un lápiz. En la cubierta de la libreta dice Cruce de caminos. Lo cojo en mi mano y me doy la vuelta. Le pregunto a la mujer si la libreta es para los clientes y ella asiente. «Es para que anotéis lo que os parezca», me dice, «y puedes sacarla de la escarpia. Así te será más fácil echarle un vistazo y escribir si te apetece», añade. No se me ocurre qué escribir, pero sí tengo curiosidad por ver qué cosas anota la gente en este bar —caminantes, trabajadores…—, lejos del tránsito de una carretera principal o de las calles concurridas de una población cualquiera. Quito la libreta y el bolígrafo de sus escarpias y salgo al porche.

De las mesas y sillas que hay, elijo sentarme en un tocón de madera, frente a una mesa cuya superficie es una tabla rústica e irregular. No es muy cómodo, pero es diferente. Y ya sentada abro la libreta. La mujer me trae el café y me desea una feliz lectura y una provechosa escritura. Le digo que yo misma no sabría qué aportar a la experiencia, y ella me dice que eso no importa porque leer ya es suficiente. «Quién sabe», me dice, «puede que la lectura te inspire.»

Es aquí donde hago mi primer cruce de caminos. Leo la última anotación que hay en la libreta en forma de poema. Me conmuevo. Oigo música en mis oídos. Después de leerlo, me queda la congoja de que pueda que lo olvide, así que cojo mi propio cuaderno de notas y lo apunto. Para que conste en mi memoria.

No he tenido otro modo de rendirle homenaje a este poema y a este encuentro, sino habiendo creado un patrón de palabras como preámbulo para enmarcarlo:

«Eres algo en sustancia de universos
quinta esencia del invisible éter
volátil y accesible
al tacto en la mirada

eres esa figura que trasciende el momento
soplo del Paraíso entre mil formas
fugaz encanto en el sutil lenguaje
que expresa la belleza

porque eres la brevedad más plena
el deleite,
la convulsión más dulce
de la naturaleza
paradigma del alma en pleno vuelo
de vivencias

sol y lluvia en tus venas
centro de los colores que envuelven
de emoción cada matiz del centro
donde fluye el perfume

placer de la visión que me seduce
mis cinco sentidos gozan
porque también hablas
dices
y es el silencio quien traduce tu voz
de amor, de paz, de animación constante
al embeleso

puedo llamarte de mil formas
como te llames, no importa tanto el nombre
matizas la razón, das sentido al concepto
denotas lo importante

y el hecho de existir me es suficiente
para saber que mereció la pena
nacer
sólo por verte,
flor,
aunque sea de paso…
»

©Julie Sopetrán

Hasta luego entonces. Nos encontraremos en otro cruce de caminos.

Florentin, pieza de música de Joaquín Alejandro.
Esta es la melodía que casualmente sonaba en mi Spotify mientras leía el poema de Julie.

 

Cruce de caminos

Cruce de caminos / Crossroads

Hace un tiempo creía que los encuentros tenían realmente un significado, pero ahora veo que esa presunción mía era una forma de rematar las ideas, una forma de obtener consuelo. Como si no me valiera el solo hecho de que ocurriera, necesitaba una explicación.

La casualidad siempre nos abre caminos por los que podemos transitar y ocasionar el encuentro que esperábamos. Pero cuando decimos que no hay casualidad en la vida, realmente no sé a qué nos referimos.

He intentado caminar por este espacio en más de una ocasión, desde hace unos cuantos años. Nunca cuajó el camino. No estaba preparada, o me ocurrían demasiadas cosas, o no confiaba. No en los demás, sino en mí. No se trataba de escribir, ni de leer, se trataba de encontrar la perspectiva —en la vida— que a todos nos es tan necesario para partir de alguna parte.

Y ya está. Esto es lo que necesitaba ver, que creo en las casualidades y no en su significado, porque es en la casualidad donde hallamos una coincidencia.

Hay varios caminos. Ellos se entrecruzan. Es difícil que no ocurra en un terreno delimitado, por grande que sea. Así que nos decidimos por uno de los caminos que se ofrecen y empezamos a transitarlo. Tarde o temprano, nos encontraremos en un punto donde las sendas se cruzan, y entonces nos miraremos como viejos conocidos y nos saludaremos, o nos miraremos como vecinos de antiguo y nos diremos hola, o nos miraremos como unos completos desconocidos y nos quedaremos quietos a unos pasos los unos de los otros, creando a cada segundo una distancia, por falta de interés o por desconfianza o por despiste, y finalmente nos perderemos de vista —el encuentro fugaz que no cuenta en la historia—; o bien mostraremos curiosidad, o cándida confianza y nos dejaremos llevar por una emoción que nos lleve a intercambiar unas palabras acompañadas de una sonrisa.

Casualidad. Es lógico que exista. Porque existen los caminos que se cruzan en un terreno delimitado; de nuestra parte queda que esa casualidad al final cobre un significado.

Es a partir de aquí, en este cruce de caminos, donde quiero grabar mis casualidades para recordarlas.