De versiones y originales

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing, Mi prosa / My Prose, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

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¿Qué fue de esos momentos de nuestra infancia o nuestra adolescencia, que nos permitían repetir la misma historia tantas veces como queríamos? A mí se me había muerto ese deseo, o no encontraba momento. Es fácil repetir el visionado de una película cuando te la reponen infinito en la televisión, pero que una encuentre el tiempo y lugar para regresar voluntariamente a las historias que le emocionaron o le entusiasmaron, eso es otra cosa. Afortunadamente, empiezo a tener la ocasión de hacerlo de nuevo.

Desde que estrenaron la serie de Netflix La maldición de Hill House (2018), la he visto ya tres veces. Había visto una versión anterior de la novela de Shirley Jackson a manos del director Jan de Bont, a la que llamó The Haunting (1999)—en español se llamó La guarida—. Esta versión no me dejó ningún tipo de huella. Otra película de casa encantadas con final aguado.

Siento decir que entonces no supe que se basaba en la novela de Jackson (1959), o en ninguna otra novela, hasta que vi la serie de Netflix a cargo del director Mike Flanagan. Fue a partir de ver esta versión cuando empecé a oír acerca de la existencia de la novela y de su autora… Oh, cómo lo lamento, de verdad.

No sé cómo hacer para no desviarme de lo que quiero decir ahora. Se me agolpan las ideas, porque esto no iba a ir de Shirley Jackson exactamente, aunque la roce. Prefiero reservarla para cuando vaya avanzando en sus lecturas, que ya son unas cuantas realizadas. Esto va de qué me ha impulsado a ver la versión de Flanagan ya tres veces.

El caso es sencillo. He visto el reflejo de una familia que batalla sus propios fantasmas. La familia es un tema central de la literatura de Shirley Jackson, pero la versión de Flanagan me es más cercana. No se trata de estropear el argumento para el que quiera verla. Tan solo decir que el tratamiento del dolor, del miedo, de la negación de la realidad es admirable. En la serie son siete miembros en la familia y en la mía éramos siete; aunque no tuviera que ser un reflejo de mi vivencia, no he podido evitar comprender muchos de los temas que acosan a una familia y que incluso me ha ayudado en un determinado momento para aliviar una presión personal a través de la ficción, de extrapolarlo a una historia basada en hechos sobrenaturales. En las siguientes ocasiones ya solo se ha tratado de un extraño disfrute, por mi parte, y de estar aprendiendo a tomar una perspectiva creativa para solucionar lo que en la realidad no tiene solución posible. Hasta aquí en cuanto a identificaciones.

En cuanto al género de terror al que pertenece, ha resucitado en mí algún gusto mío por el misterio que tenía ya desde pequeña. La cuestión es que mi gusto por el género del terror es limitado, no me gusta todo lo que ahora encierra el género, pero la serie de La maldición de Hill House me ha renovado las ganas por indagar qué tipo de terror acepto y por qué. Gracias a esta versión he acudido a las fuentes originales que dio pie a que el resto hiciera sus variopintas versiones, y me estoy refiriendo a las novelas de Shirley Jackson, y gracias a acudir a estas fuentes originales, estoy descubriendo un mundo al que no le había dado la debida oportunidad de conocer, recorriendo en su lugar otras letras que en este momento no me estaban reportando tanto placer. Y no solo se trata del placer o el gusto de mi yo lector, sino de los temas sobre los que normalmente estaba escribiendo. He comprendido que si una no escribe sobre lo que conoce y si una no halla el formato adecuado para transmitirlo, no podrá alcanzar el resultado que desea; sonará ficticio e inverosímil.

Dejo aquí una cita que me fascina y que aparece en la serie —no recuerdo si aparece en la novela—, y es:

«Some things can’t be told. You live them or you don’t. But they can’t be told.»

Mi versión en español:

«Algunas cosas no pueden ser contadas. Las vives o no. Pero no pueden ser contadas.»

Qué tremendo es entonces el papel del escritor —o el del director en este caso también—, hacer que el lector o el espectador las vivamos sin sentir que nos las están contando. Y en mi opinión, tanto en la serie, que es versión, como en el original, los autores lo consiguen perfectamente.

Sanguina, Carboncillo y grafitos ©Rubal


On versions and originals

What happened to those moments of our childhood or our adolescence which allowed us to repeat the same story as many times as we wanted? That desire had died for me, or I couldn’t find a moment. It is easy to repeat the viewing of a movie when it is put on television repeatedly; but to find the time and place to go back voluntarily to the stories that fascinated or excited us, that is another thing. Fortunately, I am beginning to have the chance to do it again.

Since the release of the The Haunting of Hill House series (2018) on Netflix, I’ve seen it three times already. I had seen an earlier version of Shirley Jackson’s novel directed by Jan de Bont, which was titled The Haunting (1999) —in Spanish, La guarida—. This version did not leave any kind of mark on me. Another haunted house movie with a watery end.

I’m sorry to say that I did not know then that it was based on Jackson’s novel (1959), or on any on other novel at all, until I watched the Netflix series directed by Mike Flanagan. It was from seeing this version when I began to hear about the existence of the novel and its author … Oh, how sorry, really.

I do not know how to do so as not to deviate from what I want to say now. My ideas flood in because this was not supposed to be about Shirley Jackson exactly, even if it just touched her. I prefer to save it for when I read on her works; I have already done a few of them. This is about what has prompted me to see Flanagan’s version three times so far.

The case is simple. I have seen the reflection of a family that battles against their own ghosts. The family is a central theme in Shirley Jackson’s literature, but Flanagan’s version is closer to me. This is not about spoiling the plot for those who want to see it. Suffice it to say that the treatment of pain, fear, and denial of reality is admirable. In the series there are seven members in the family and in mine there were seven as well. Although it did not have to be a reflection of my experience, I could not help understanding many of the issues that plague a family; it has even helped me at a certain time to relieve personal pressure through fiction, to extrapolate it to a story based on supernatural facts. As for the rest of the times when I have seen it again, it has provided a sort of strange enjoyment, for my part; the possibility to learn to take a creative perspective on solving what has no possible solution in real life. So far in terms of identifications.

As for the kind of terror to which the story belongs, it has relived in me some taste of mine for the mystery I had since I was little. The point is that my taste for the horror genre is limited, I do not like everything that the genre now encompasses, but The Haunting of Hill House series has aroused my desire to look into what kind of terror I accept and why. Thanks to this version I have turned to the original source of it, that one which made it possible for the rest to think up their various versions —and I am referring to the novels by Shirley Jackson—, and because I have gone to the original source, I am discovering a world I did not allow myself the right opportunity to get to know, instead having paid attention to other letters that, at the time, would not be bringing me as much pleasure. And it is not just about my pleasure or my taste as a reader, but also about the topics I was normally writing about. I have understood that if one does not write about what a person knows and if one does not find the appropriate format to transmit it, it will not be possible to achieve the result that is intended; It would sound fictional and implausible.

I leave here a quotation that fascinates me and that appears in the series —I cannot recall that it appears in the novel—; and it the following:

«Some things can’t be told. You live them or you don’t. But they can’t be told. »

How tremendous is then the role of the writer —or that of the director—: to make the reader or the viewer live the things without noticing that they are being told. And in my opinion, both in the series, the version, as well as in the original, the authors manage to get it perfectly done.

La maldición de Hill House, de Shirley Jackson.
Publicada por la editorial Minúscula (2019)

Orquesta humana

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Hoy he recordado Bright Star (2009), la película de Jane Campion sobre el poeta inglés John Keats (1795-1821) y su relación con Fanny Brawne. Lo he hecho porque he vuelto a dar con su banda sonora. Incluye una pieza que en su momento me encantó, la escena a la que corresponde y la pieza en sí. Recrea un momento en el que un grupo de personas, al parecer conocidos por interpretar piezas musicales a capella, cantan, o mejor decir «emiten» una melodía de Mozart, el adagio de su Serenata nº 10 —Gran Partita—. Lo siento, no he investigado todavía si tal grupo existió en su época o es una contribución a la estética de la película por parte de la directora. Igualmente me tocó la fibra.

Será el otoño o lo que sea, pero el intimismo de esta época del año llama al recogimiento. Puede que solo se trata de este día, en el que el recogimiento se me hace necesario. Una cómoda sensación de letargo.


Supongo que lo propio será aportar un poema del autor que ya he mencionado. Keats no está entre mis favoritos, por temática y por tratamiento de la poesía, pero admiro su sensibilidad y disfruté mucho la película.

Oda al otoño de John Keats.
Recitado por Ben Whishaw, actor que también interpretó el papel del poeta en la película Bright Star.

Oda al otoño

Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.

¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

Referencia tomada del sitio http://amediavoz.com/ Versión de Màrie Montand


Ode to Autumn

Season of mists and mellow fruitfulness,
Close bosom-friend of the maturing sun;
Conspiring with him how to load and bless
With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the moss’d cottage-trees,
And fill all fruit with ripeness to the core;
To swell the gourd, and plump the hazel shells
With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
For summer has o’er-brimm’d their clammy cells.

Who hath not seen thee oft amid thy store?
Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reap’d furrow sound asleep,
Drows’d with the fume of poppies, while thy hook
Spares the next swath and all its twined flowers:
And sometimes like a gleaner thou dost keep
Steady thy laden head across a brook;
Or by a cyder-press, with patient look,
Thou watchest the last oozings hours by hours.

Where are the songs of spring? Ay, Where are they?
Think not of them, thou hast thy music too,—
While barred clouds bloom the soft-dying day,
And touch the stubble-plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
Among the river sallows, borne aloft
Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
Hedge-crickets sing; and now with treble soft
The red-breast whistles from a garden-croft;
And gathering swallows twitter in the skies.

Referencia tomada del sitio https://www.poetryfoundation.org/poems/44484/to-autumn

Capturar el momento

Cruce de caminos / Crossroads, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Esta vez se trata de dar nombre a sentimientos que no encuentran un término preciso que los signifique en el diccionario de cualquier lengua. Sentimientos recurrentes y que compartimos todos los seres humanos, más de lo que imaginamos, solo que no lo hablamos o no tenemos la oportunidad de comentarlo en tiempo y forma.

Cuando he leído hoy la entrada de Rosa, El peso sobre los hombros, en su blog La llave de las palabras, me ha traído a la memoria The Dictionary of Obscure Sorrows (El diccionario de los lamentos oscuros) de John Koenig. En este sitio, y en su canal correspondiente de Youtube, John Koenig ha creado un glosario —que continúa creciendo— de palabras inventadas para dar nombre a sentimientos que difícilmente encajan en los términos ya existentes en inglés; esto se hace extenso a todas las lenguas.

Al leer la entrada de Rosa, no he podido evitar acudir a uno de los vídeos de este diccionario que más me gustaron en su momento y que, al verlo de nuevo, he tenido el impulso de compartir aquí.

Dedicado a todos los que desean capturar los momentos, y dedicado especialmente a Rosa, porque la lectura de tu entrada me ha hecho recuperar un «momento» que disfruté mucho y sigo disfrutando.

(He insertado el vídeo de modo que los subtítulos en español estuvieran activados, pero si no fuera así, podéis activarlos desde la configuración.)

No creo en las brujas

Bilingüe/Bilingual, Mi prosa / My Prose, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

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No creo en la astrología ni en la quiromancia. No creo en las coincidencias con significado ni en el Karma. No creo en los oráculos o las casualidades intencionadas. No creo en los fantasmas ni en los vampiros. No creo, desde luego, en las brujas. Sin embargo, cuando llegan estas fechas mi espíritu se acerca a las sombras, a la curiosidad de un gato, a la mirada que se deposita sobre un fuego de leña. Mi mente juega con una historia de misterio, dibuja una casa encantada y recuerda, cómo no, aquellos ocasiones en los que preparaba, como profesora, alguna actividad acerca de la noche de las almas para mis clases; también recuerda los días de la infancia en los que aprovechábamos un día de lluvia y tormenta para recogernos bajo una cornisa o unos soportales y contarnos un cuento con un susto por final; también recuerda los días de la adolescencia a solas viendo los ciclos de películas de terror que echaban por la televisión.

Pero me estoy desviando de lo que veía a contarme ahora.

Solo una vez me dejé leer el Tarot y fue a los 18 años. Fue en el parque del Retiro, cuando los tarotistas empezaron a asentarse por esa zona, más o menos. La lectura me la hizo una mujer joven de melena muy larga y rubia. En realidad, eran dos hermanas o conocidas o amigas o socias. Las dos muy parecidas. Ambas con el pelo muy largo y rubio y aparentemente extranjeras. Una me leyó el Tarot y la otra las líneas de la mano. No sé por qué me dio por pedir sus servicios, de las dos, pero en ese momento sé que me atrajo la idea. Me dijeron algunas cosas vagas, generales, otras más concretas, pero quizá se acercaran mucho a como yo soy ahora. Pero esto no es lo relevante de mi recuerdo. Lo relevante es que años más tarde, todavía me gusta recrearme en cierto simbolismo de las cosas, aunque lejos de pensar que es la «cosa» la que te brinda una lectura, pienso que somos nosotros, en la lectura que hacemos de esa misma «cosa» los que nos facilitamos una lectura de nosotros mismos, de cómo nos va la vida, de qué nos importa, de dónde ponemos el foco de atención. Somos mucho más que la lectura de un símbolo. No hay misterio en la «cosa» sino en nuestra forma de leerlas. Decimos mucho, mucho, con nuestras interpretaciones. Nuestra forma de analizar, y en cada momento y en cada circunstancia.

De todas formas, esto es como construir una historia, nos valemos del simbolismo para narrarla. ¿De qué otro modo si no? Es lo que aporta belleza, interés y esa necesidad de tomar perspectiva, de alejarse para poder abordarla con más ganas y menos escrúpulos, menos dolor, menos temor.

Así que no creo en las brujas, aunque de siempre me han dado bastante miedo. No entro en materia de género —de si eso es porque la imagen que siempre se ha dado de la mujer, etc.— porque aquí no viene al caso. Las brujas me han dado bastante miedo hasta ahora. Recuerdo el terror que sentí cuando la reina de Blancanieves se transformaba en bruja , esa escena precisamente de la película de Disney. Después me compraron un móvil —no el teléfono—, de los que se cuelgan del techo de los dormitorios, con la silueta recortada en cartulina de los personajes de la película, y la bruja estaba, ya transformada, en la parte superior. Cada vez que giraba y lo veía girar desde mi cama en la penumbra, cuando estaba a punto de asomar la cara de la bruja yo dejaba de mirar y me escondía bajo la sábana. Lo curioso es que nunca les dije a mis a padres el miedo que me producía verla. Y es que creo que yo tampoco sentí la necesidad de decírselo. Normalmente se diría, ¿no? Pero yo no lo hice. Me deshice del móvil bastante tarde. Debía de ser ya adolescente…

Bueno, pues no creo en las brujas y tampoco en los oráculos, pero hace poco me compré una baraja muy curiosa. Buscaba por Internet la referencia de una baraja del Tarot ; no sabía si la de Marsella o la que fuera, si la de los Arcanos o lo que fuera. Tenía el recuerdo aún un poco mareado de la obra de Italo Calvino, El castillo de los destinos cruzados, donde los personajes narran distintas historias basándose en determinadas disposiciones de las cartas del Tarot; y andaba yo también con ganas de anticiparme un poco en la vida, como para adelantar algún paso de la mente; al mismo tiempo curioseaba sobre obras de escritoras. Total que navegando por la red me encontré con un juego de cartas que emulaban las de la adivinación, pero que contenían imágenes de escritoras, así como otras imágenes varias, como las de un objeto, un animal, una casa. El juego de cartas iba acompañado, aunque solo era complementario, de un libro donde cada escritora y su imagen, o mejor decir ilustración, ocupaba un capítulo. Al final del mismo, la autora y la ilustradora, invitan a que cada uno/a haga su propia recopilación de escritoras, como una obra abierta. ¿Y qué tiene que ver esto con las «brujas»? Pues porque el libro se llama Literary Witches —Brujas literarias—, escrito por Taisia Kitaiskaia e ilustrado por Katy Horan, y el juego de cartas es The Literary Witches Oracle —El oráculo de las brujas literarias—.

No, no creo en las brujas ni creo en los oráculos, pero esta partida no me la pierdo. Además, está muy lejos de parecerse a la bruja que una vez colgaba del techo de mi dormitorio.


I don’t believe in witches

I don’t believe in astrology nor in palmistry. I do not believe in coincidences with meaning nor in Karma. I don’t believe in oracles or intentional coincidences. I don’t believe in ghosts nor in vampires. I don’t believe, of course, in witches. However, when these dates approach my spirit moves closer to the shadows, to the curiosity of a cat, to the look that lies on a wood fire. My mind plays with a mystery story, draws a haunted house and remembers, of course, those occasions on which I prepared, as a teacher, some activity about the night of souls for my lessons; it also remembers the days of childhood when we took advantage of a rainy and stormy day to gather under a ledge or some portico and tell a story with a fright for an ending; my mind also remembers the days of adolescence alone watching the cycles of horror movies on television.

But I’m deviating from what I intended to tell myself now.

Only once did I let myself read the Tarot and it was at age 18. It was in the Retiro park, when the tarot readers began to settle in that area, more or less. The reading was conducted by a young woman with very long blond hair. Actually, they were two sisters or acquaintances, or friends. The two very much alike. Both with very long blond hair and seemingly foreign. One read the Tarot and the other the lines of the hand. I don’t know why I asked for their services, but at that moment I knew I was attracted to the idea. They told me some vague, general things; other were more concrete, but perhaps very close to whom I am and how I feel now. But this is not what is relevant of my remenbrace. The relevant thing is that years later, I still like to recreate myself in a certain symbolism of things, although far from thinking that it is the “thing” that gives you a reading, I think that it is we, in the reading that we get from the “thing” itself, that provide a reading of ourselves, of how our lives are going on, of what matters to us, where we put the focus of attention. We are much more than just reading a symbol. There is no mystery in the “thing” but in the way we read it. We say way a lot with our interpretations, our way of analyzing in every moment and in every circumstance.

Anyway, this is like building a story, we use symbolism to tell the story. Is there any other way? It is what brings beauty, interest and the need of taking perspective, of moving away so as to be able to approach it with more desire and less scruples, less pain, less fear.

So I don’t believe in witches, although I’ve always been quite scared of them. I will not go into gender – into the thing about the image that has always been given of women, etc. – because it is not relevant here. The witches have always scared me so far. I remember the terror I felt when the Snow White Queen turned into a witch, that scene precisely from the Disney movie. Then they bought me a mobile, one of those mobiles —not a phone—that hang from the ceiling of the bedrooms, with the cardboard-cut silhouette of the characters in the movie, and the witch, who was, already transformed, at the top. Every time it turned and I would see it rotate from my bed in the dim light, just when the witch’s face was about to reveal I stopped looking and hid under the bed sheet. The funny thing is that I never told my parents about the fear that caused me to see her. And I think I didn’t feel the need to tell them either. It would be a normal thing to be told, right? But I did not. I got rid of my toy mobile quite late. I must have already been a teenager by then…

Well, I don’t believe in witches and oracles, but recently I purchased a very curious card deck. I searched the Internet for the reference of a Tarot deck; I didn’t know if the Marseille one or whatever, the one of the Arcanes or whatever. I still had a little dizzy memory of Italo Calvino’s work, The Castle of the Crossed Destinies, where the characters tell different stories based on a certain display of the Tarot cards; and I was also eager to anticipate myself a little in life, so as to advance some step head of the mind; at the same time I was concerned about female writers’ works. Anyhow, while I was surfing the net I found a card set that emulated those of divination, but contained images of female writers, as well as other images, such as those of an object, an animal, a house. The card set was accompanied, although it was only complementary, by a book where each female writer and her image, or better to say illustration, occupied a chapter. At the end of it all, both the author and the illustrator invite the reader to make our own compilation of female writers, as an open work. And what does this have to do with the “witches”? It is because the book is called Literary Witches, written by Taisia Kitaiskaia and illustrated by Katy Horan, and the card game is titled The Literary Witches Oracle.

No, I don’t believe in witches or believe in oracles, but I won’t miss this game. Besides, it is far from resembling the witch that was once hanging from the top of my bedroom ceiling.

Esta ha sido mi carta hoy.
This has been my card today:

protection – obstacles -boundaries
protección – obstáculos – límites/fronteras

El humor – Cantinflas

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

El humor, qué bárbara cualidad para el ser humano. En serio…

Precisamente, ayer por la noche pusieron la película basada en la vida de Mario Moreno, «Cantinflas», —bueno, parte de ella—, dirigida por Sebastián del Amo y protagonizada por Óscar Jaenada. Me quedé viéndola, sobre todo, porque me encanta el personaje de Cantiflas y sus películas. Horas después veo que Julie Sopetrán, en algún lugar de la blogosfera, comparte este vídeo. No he podido resistirme a «tomarle» la idea porque me encanta la escena. ¡Gran Cantiflas! ¡Gracias, Julie, por compartirlo!

Como decía el maestro: «Pues ahí está el detalle».

Su excelencia. Película dirigida Miguel M. Delgado en 1966 y protagonizada por Mario Moreno, «Cantinflas».

Under Pressure

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Y me dispongo a cantar por mi casa cuando escucho el arranque de esta canción:

«Mmm num ba de
Dum bum ba be
Doo buh dum ba beh beh
Pressure pushing down on me
Pressing down on you, no man ask for
Under pressure that burns a building down
Splits a family in two
Puts people on streets…»

(Las voces de Freddy Mercury y David Bowie siguen cantando)

No sé si has visto la serie Good Omens —está en Amazon Video—, basada en la obra de Terry Pratchett y Neil Gaiman y protagonizada por Michael Sheen y David Tennant. Si tienes la oportunidad, te la recomiendo, si es que que te gustan las fábulas que van sobre el bien y el mal. A mí personalmente me encantó. Muy divertida, amen de sus geniales actores. Pero la razón de mencionarla no es para su recomendación —esto no es uno de esos momentos míos «incapaces de reseñar»—, sino por el maravilloso homenaje que rinde a la música de Queen. Aquí dejo un vídeo, montaje de trailer, escenas, créditos de la serie, etc. que se repiten en bucle para cumplir la extensión de la canción; lo cual a mí me vale, porque disfruto escuchando y viendo algo que me entusiasma al mismo tiempo.

¿Y qué tiene que ver esto de arriba con «mis temas favoritos»? Pues verás, creo que sería por el 1985 o el 86, cuando mi mejor amiga de entonces me taladraba el oído con su pasión por David Bowie y Queen. Yo nunca fui una admiradora como ella de todas sus canciones, pero algunas sí me gustaron lo suficiente como para querer darle el play a las cintas, o subir el volumen justo en el momento en el que sonaban en la radio.

Como siempre ocurre con la nostalgia, ahora casi cualquier canción suya, la escucho como si yo fuera mi amiga de los 80. La dimensión del recuerdo se acrecienta con los años.

Pero desde luego la canción que mejores sensaciones me produce al escucharla es la que cantan juntos. Su «Under Pressure». De un tiempo a esta parte es la melodía de llamada de mi móvil, y cada vez que he tenido que cambiar de terminal, la he descargado y la he vuelto a aplicar como tono. Si alguna vez oís el arranque de la canción, ya sabréis que es inconfundible —ya la usan en todas partes—.

Esta es una de esas cosas que se me pasan por la cabeza cuando pienso en mis temas favoritos: una melodía en concreto. Me viene el porqué de que haya una melodía que no pase de moda y de la que no me canse nunca; también por qué esa y no otra. Solo como pensamiento. No intento razonarlo.

He echado mano del Youtube, como siempre, para recoger un video donde se les vea a sus autores cantándola, y me encuentro tanto el que tienen David Bowie y Freddy Mercury interpretándola en vivo, como la que tienen David Bowie y Annie Lennox —otra grande— como tributo a Freddy Mercury.

Dejo aquí el vídeo subtitulado que encontré una vez con un montaje que ilustra la letra de la canción, y, a continuación, el video donde David Bowie la interpreta con Annie Lennox. Espero que los disfrutes:

Memorias de una lectura

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mis temas favoritos / My Favourite Topics

A menudo he intentado hacer memoria para recordar cuál de las obras de Dostoievski me leí primero. Casi seguro fue El jugador en 1985. A partir de entonces, durante un breve espacio de tiempo, me leí otras tantas obras suyas seguidas, y ya después abandoné el hábito.

Hasta hace poco. Retomé el habito con Pobres gentes (o Pobre gente, como la tiene publicada la editorial Alba Minus), que, siendo la primera que publicó el autor, era curiosamente de las pocas que me había dejado sin leer.

Yo buscando palabras ©Rubal.o
(Lápiz y grafito)

Mientras tanto, no he dejado de visitar otros autores rusos coetáneos o más jóvenes o más viejos. En general —y no sé explicar la razón—, hay algo en la literatura rusa que me atrae mucho, especialmente sus novelas cortas o cuentos. Con frecuencia se ocultan tras las obras extensas y más conocidas.

Un calle de San Petersburgo ©Rubal.o
(Lápiz y grafito)

Pero no quería hablar de literatura rusa, ni de la obra de Dostoievski —me cuesta en este momento rebuscar entre las palabras—.

F. D. Dostoievski ©Rubal.o
(Lápiz y grafito)

Mi intención era rendirle un tributo a la memoria de mis primeras lecturas de adolescente, durante las cuales, más o menos, ya se me iba perfilando una necesidad de escribir o de ilustrar las historias que revoloteaban por mi cabeza —muchas veces, a raíz de esas mismas lecturas, y desde luego, de las de Dostoievski—.

La verdad es que cuando dibujaba, apenas podía escribir y cuando escribía apenas podía dibujar. Como si las dos destrezas se excluyesen mutuamente. Todavía me pasa, pero ahora me dejo llevar, porque al fin y al cabo llegan al mismo punto, al deseo de expresarme.

Mi pequeño dossier ©Rubal.o
(Lápiz y grafito)

De vinilos y Gershwin

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Mi padre consiguió tener su pequeña colección de vinilos de música clásica que hoy conservo yo. Solía ponerlos en el tocadiscos en meticuloso orden. Todos las mañanas de los domingos, tocase el que tocase cada vez, se oían por toda la casa desde el salón los acordes de estas viejas pistas que aún suenan como entonces. A él le daba igual si nos gustaba o no —nosotros ya lo teníamos como un ritual necesario para el ritmo de nuestros fines de semana—. Las melodías se infiltraban por las rendijas de puertas cerradas, y las que estaban abiertas permitían que entraran a bocajarro.

Cualquiera de las piezas que sonaran me traen algo a la memoria de lo que estuviera viviendo yo en ese o aquel momento. No todas las vivencias corresponden a la misma edad. Y no corresponden a mi convivencia con mi familia exactamente, sino con mi mundo interior, que ya desde entonces me hablaba de quién era yo, aunque no lo escuchara con suficiente atención, de ahí que con el tiempo lo fuera olvidando… hasta ahora, que va surgiendo de nuevo poco a poco y con cierta sorpresa de ánimo. Como esa corriente eléctrica que me recorría el espinazo cuando algo me emocionaba realmente, hace tiempo…

Un americano en París, (1951) musical dirigido por Vicente Minnelli e interpretado por Gene Kelly y Leslie caron. Música de George Gershwin (1898-1931).

Me he despertado con la idea de una danza, para mí, sensual como no la he visto en ningún otro momento de mi vida, que yo recuerde. Es la danza que protagonizan Leslie caron y Gene Kelly en el musical Un americano en París. Yo era muy pequeña, quizá nueve o diez años a lo sumo, cuando la vi por primera vez en la televisión. Era muy pequeña, pero la pasión que desató en mi interior fue la misma que la de un volcán a punto de erupcionar. No creo que exagere. En ese momento quise ser bailarina, o bailarín, no sé… No, no. Yo quería estar en la historia. No quería interpretar, sino estar ahí sintiendo esos borbotones de sensualidad, moviéndome en ellos o siendo el aire que iba sintiendo el movimiento. La música…

Mi padre tenía el vinilo de Gershwin que incluía la suite de Un americano en París y la Rapsody in Blue. La de veces que la puse para escucharlo… Volar no era delito, sentir tampoco; creerme que pisaba un escenario entre luces y sombras y que me derretía o desvanecía bajo los acordes de una melodía era lo mejor que podía pasarme. Todavía lo hago, derretirme y desvanecerme bajo esta melodía.

Poesía-Elena Medel

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Leo Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena Medel.

Ya es la segunda vez que leo un libro que me intenta explicar de qué va esto de la métrica, el ritmo… Lo comprendo, pero no se me queda en la cabeza.

Debo avanzar, o quiero avanzar, pero de momento me pregunto, ¿por qué me dieron una matrícula de honor en Poesía Inglesa? Mi primera y última calificación sobresaliente. Pero yo no vi la métrica por ningún lado; solo me empapé de Shelley y alguna curiosidad de los románticos. Así es.

No sé medir versos o no me interesa. Sin embargo, tengo aprendido que darle la espalda a la norma es achicarse por impotencia.

Bueno. Seguiré leyendo este libro, que, por cierto, es una caricia. Por lo menos, eso.

Escucha una cosa: sin pedirle permiso a la historia, las poetas —mujeres— afloran entre sus líneas. Eso está bien y es bueno.

Broadchurch-Olafur Arnalds

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

Acerca de Broadchurch.

Series. Las veo como si fueran un libro y me aferro a su último capítulo como si fuera a ser el primero de una historia nueva.

Así leía yo mis cuentos de pequeña. ¿Tenían final? No, nunca. Porque yo los recreaba en mi juego.

Mañana no regresaré a Broadchurch. Dejaré que sus personajes elijan el camino que quieran seguir. ¿Qué será de ellos dentro de unos años? La vida continúa en todas partes.

Nos veremos, Alec, nos veremos, Ellie. Quizá en otro lugar, no en Broadchurch. No, al menos, como si nos conociéramos, aunque podemos revisar los pasos que se dieron.

Por cierto, la música no ha dejado de sonar en mi cabeza desde entonces. Olafur, siempre es un placer escucharte.

Hasta pronto.

«See you tomorrow, Miller!» (quote: Alec Hardy)