Yo sé que son aurigas, aun así…

Bilingüe/Bilingual, Mi poesía / My Poetry, Paisaje urbano / Urban Landscape

Please, scroll down to read the English version, below the image.

Yo sé que son aurigas, aun así quiero contarte:

Cuando veo que el sol se extingue
sobre un mar de cemento, hormigón y ladrillo,
quiero pensar que es Apolo
llevando hasta consecuencias extremas
los últimos rayos de vida
de esta ciudad soterrada
bajo preparativos de alma nocturna.

Seguro que le sigue Artemisa, su hermana melliza,
engañada por el deseo de conocer el asfalto,
lejos de bosques, arroyos y campos,
extraviada y muy cerca de los animales domados,
perros que han olvidado su origen
por cumplir con sus amos.

Sol, noche, perros y amos, a pesar de todo,
¡qué deslumbrante se hace la urbe
como un mar desatado
creando patrones imperfectos,
geometrías que cobijan
todos los formatos!

Y aquí estoy yo, viéndolo todo
desde esta concurrida atalaya,
donde la aguerrida diosa,
aquella que parió de su cabeza
el auténtico supremo de los lares,
reclama su pago más alto.

Minerva, Palas Atenea,
sé piadosa con los diminutos;
contra nuestra estúpida ignorancia,
nunca tomes represalias
y en tu pecho vigoroso
protege siempre las artes.

©Rubal

Palas Atenea-Minerva, desde la azotea del edificio del Círculo de Bellas Artes, Madrid – Imagen de ©Rubal


I KNOW THEY ARE CHARIOTEERS, yet…

I know they are charioteers; yet, I want to tell you:

When I see that the sun is extinguishing
over a sea of cement, concrete and brick,
I want to think that it is Apollo
bringing to extreme consequences
the last rays of life
of this city buried
under preparations of a night soul.

Surely it is followed by Artemis, her twin sister,
deceived by the desire to know the asphalt,
far from forests, streams and fields,
lost and very close to the tamed animals,
dogs that have forgotten their origin
for fulfilling their masters.

Sun, night, dogs and masters, despite everything,
how dazzling the city is
like a wild sea
creating imperfect patterns,
geometries that cover
all formats!

And here I am, seeing everything
from this busy watchtower,
where the fierce goddess, the
one who was born out of the head
of the true supreme of the Gods,
claims her highest payment.

Minerva, Pallas Athena,
be merciful to the tiny ones;
Against our stupid ignorance,
never retaliate
and in your vigorous chest
always protect the arts.

Panorámica de Madrid desde la azotea del edificio del Círculo de Bellas Artes, Madrid – Imagen de ©Rubal

El alma en tres partes

Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Acuarela ©Rubal

Carta – 10

Querido escritor/a:

He leído esta mañana la preciosa entrada 21 gramos en el blog de Marié, y me ha recordado una insistencia mía desde que recuerdo: el color que veo en mis sueños —a pesar de que se diga que no hay color en los sueños— y la sensación de división de mi interior. Ya no conservo aquellos textos, pero hubo un tiempo en el que recreaba, por escrito, diálogos a tres voces de mi conciencia.

Al cabo de muchos años, pero muchos, o sea hace unos meses, empecé a hacer dibujos sobre los sueños y sobre los colores que había en esos sueños y sobre personajes que se me ocurrían sin fijarme en nada. Escenarios que no encuentro en la realidad exterior, y tampoco sé si existen en el exterior. Lo hago para olvidar, para separarme de una perspectiva muy cercana a las cosas. Tomar distancia, que se dice, o bien entrar dentro de mí; no verme por fuera.

La verdad es que me he hartado de tener que justificar lo que hago escribiendo o dibujando, o siquiera cocinando… Hago lo que me sale realmente del… alma. No quiero pensar en nada que tenga que ver con el análisis de las cosas, y es difícil, lo sé, pero me agota hacer y luego tener que pensarlo. Me gusta trabajar los materiales, usarlos hasta donde me apetece y dejarlo cuando no me apetece. Al fin y al cabo, gracias a ¿Dios?, no me pagan por ello. No es mi salario.

Según mi dibujo, entonces, mi alma es verde y actúa a tres bandas, y con respecto a su peso, si el alma pesa 21 gramos, cada parte de las tres pesará 7 gramos. Intento evitar caer en el análisis, pero es curioso que ambos números hayan tenido siempre su respectiva carga de significado.

Feliz mes de octubre. Arranque de los cursos y los verdaderos nuevos propósitos.

Con afecto eterno,

Una admiradora

Silencios y temas recurrentes

Cruce de caminos / Crossroads, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

Hace tiempo me castigaba por tener momentos en los que no quería coger para nada el bolígrafo para escribir, así como momentos en los que no me apetecía coger el lápiz para dibujar. Pero un día, y no sé cuándo fue, ocurrió que me dije «basta» y me rebelé contra el degenerado subconsciente que me dictaba desde no sé qué experiencia del pasado, o bien desde la conducta o el hábito mal aprendidos, lo que debería estar haciendo; misteriosa y mágicamente todo supuesto de obligación se disipó. Dejé de hacer por obligación y descansé y disfruté. Me dije: «Como si no me regresa el deseo nunca más. No pasa nada». Y en esos días estoy ahora. De hecho, cuando estoy de ese ánimo, asoma otra actitud, que es la de la lectura y otras actividades que me dan alimento. Leo, observo y contemplo. Me da tiempo para asociar y conectar ideas. Lo decía muy bien Bertrand Russell —y no solo él, estoy segura de ello—. Russell aseguraba —y la referencia se puede encontrar en su obra La conquista de la felicidad— que era en esos momentos de silencio, aparentemente inactivos, donde se resolvían sus problemas. Cuando regresaba al trabajo obtenía el resultado deseado. Algo así como un período de incubación que muchos tratadistas de la Creatividad con mayúsculas ya dan por hecho. Sin embargo, nosotros nos encontramos todavía en los lugares comunes y recurrentes, castigándonos por nuestros silencios creativos, en lugar de descansar e incubar. O puede que las cosas ya estén cambiando…

En cualquier caso, este es mi tiempo de asociar ideas, conectar y divagar. Es el tiempo en el que, en lugar de inventar, practico con lo que se me viene a mano. Tomo apuntes, esbozo, copio formas. Escribo lo que se me viene a la cabeza como si fuera un recordatorio de la compra… Y si el tiempo lo permite, me doy a la lectura, al cine y a las series. Pero, desde luego, es época de asociación de ideas, con pocas restricciones. Luego se van colocando ellas solas, si es que se colocan.

Así, por ejemplo, ocurre que después de realizar algunas lecturas recientes, haya llegado a la reflexión personal que he anotado arriba.


Hace algún tiempo leí el ejemplar de Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes —publicado por la editorial Acantilado—, que compila una serie de ensayos suyos, entre los que se encuentra el que se titula en español «Mi oficio». En él, la autora nos habla en un tono llano e íntimo sobre lo que la escritura significa, o significaba, para ella. No voy a destriparlo. La razón de mencionarlo ahora es porque volví a leerlo ayer noche, y porque al leerlo de nuevo me ha dado pie para reflexionar sobre los temas comunes y recurrentes en las personas. Uno de esos temas, desde luego, es el de comprender para qué estás hecha y qué quieres hacer. A veces se sabe desde el principio y a veces se averigua más tarde. Lo importante es averiguarlo con el fin de ahorrarnos el menor pesar posible en una cuestión tan simple como conocer nuestras destrezas, y también forzarnos lo menos posible a caminar una senda que nos reporta más bien poco.

Lo interesante es que he tenido oportunidad de leer las páginas de «Acerca de» de las personas que sigo en este espacio de WordPress, y veo que en muchos aspectos tienen el mismo tono que leí en Ginzburg. Es ese tono que me hace conectar con ellas y que me hizo conectar con Natalia Ginzburg. El tono que habla de estar construyendo, de ir averiguando lo que hacen sobre la marcha y de cómo sus páginas de «Acerca de» se transforman según avanzan en un sentido un otro.

Hay una lectura, y no es una página de «Acerca de», sino un libro publicado que me ha dejado en algunos de sus pasajes el mismo regusto que el escrito de Ginzburg. Pertenece a Evavill y se llama Primer párrafo. En esta obra hay momentos en el que el personaje protagonista parece reivindicar un lugar en su mundo, en su entorno, y parece encontrarlo en la escritura; aunque no lo haga de una forma evidente, se intuye, se revela.

Hay otra serie de coincidencias bellas entre ambas lecturas, con las que me identifico verdaderamente, pero no es este el momento ni el lugar para contarlas.


Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes

«Cuando escribo algo, suelo pensar que es muy importante y que yo soy una gran escritora. Creo que a todos les ocurre igual. Pero hay un rinconcito de mi alma donde sé muy bien y siempre lo que soy, es decir, una escritora pequeña, muy pequeña. Juro que lo sé. Pero no me importa mucho.»

Natalia Ginzburg, «Mi oficio» en Las pequeñas virtudes.


Paloma Mozo San Juan, Primer párrafo

«Formaba parte de esa construcción de uno mismo tener un objetivo vital, definirse, así nos lo hacían creer desde pequeños cuando nos hacían la odiosa pregunta, al menos para mí, sobre qué queríamos ser de mayores. A lo mejor no resulta una cuestión antipática si sabes con claridad lo que quieres ser o al menos tienes una idea aproximada, pero yo no lo sabía.»

Paloma Mozo San Juan, Primer párrafo.

Decálogos – 1

Bilingüe/Bilingual, Decálogos / Decalogues, Dibujo y color / Drawing and Colour
Lápiz y grafito ©Rubal

Empezar a escribir en una página impar.
No forzar la palabra.
Si algo no inspira, ni intentarlo.
No pensar cuando estoy cansada.
Mirar de frente el impulso sin hacer nada.
Dejar correr el tiempo para comprender ese impulso.


Begin to write on an odd-numbered page.
Not to force the word.
Not even try when something does not inspire.
Not to think when I am tired.
Look straight at the impulse without doing anything.
Let time pass by in order to understand that impulse.

©Rubal

De formatos y necesidades

Bilingüe/Bilingual, Cartas / Letters, Dibujo y color / Drawing and Colour
Equilibrium (Pastel) ©Rubal

Carta – 9

Querido escritor/a:

Escribimos, dibujamos, pintamos o fotografíamos; unos usamos una forma de expresión, otros cualquier otra. La cuestión es cuánto tiempo dedicamos a expresarnos simplemente y cuánto a pensar en por qué nos expresamos de esta o aquella manera; en si nos bloqueamos, y si ciertas formas están permitidas o se llevan; en si somos buenos o malos en lo que hacemos y si merece realmente la pena dar cuenta de ello…

Sin embargo, esta es la mochila con la que he amanecido esta mañana:

Cuando encontramos la forma de expresión que mejor le va a nuestra forma de ver la vida, de apreciarla o criticarla, de disfrutarla o de dolernos, es un momento realmente mágico y único. Pero lo realmente mágico y único es descubrir que no hay una «única» forma de expresar y que no hay un único formato. Dejemos las categorías para la razón de los filósofos.

Una vez descubramos nuestro «formato», no deberíamos soltarlo; deberíamos correr veloces con ello —no sea que nos atrape la duda— hasta donde nos lleve. Mientras tanto, sobrevolar los escenarios sin descuidar nuestro entorno, sin obviar la vida, sin olvidarnos de respirar y tomar resuello. Porque se trata de disfrutar, y disfrutar de lo que es nuestro, de lo que nos pide la cabeza y el cuerpo. Puede que en algún momento necesitemos silenciar ese «formato» por un tiempo, y será bueno. O incluso puede que queramos silenciarlo para el resto de nuestras vidas, y eso será también bueno, porque será de necesidad que lo hagamos. La expresión es una necesidad; de ella surge y en ella desaparece. No es tan complicado.

Con eterno afecto,

Una admiradora


Letter – 9

Dear writer:

We write, draw, paint or photograph; some use a form of expression, others use another. The question is how much time we spend simply expressing ourselves and how much we think about why we express ourselves this way or the other; whether we block ourselves, and if certain forms are allowed or follow the trend; whether we are good or bad at what we do and if it is really worth showing it at all…

However, this is the backpack with which I woke up this morning:

When we find the form of expression that best suits our way of seeing life, of appreciating or criticizing it, enjoying it or hurting from it, it is a truly magical and unique moment. But the really magical and unique thing is to discover that there is no «unique» way of expressing and that there is no single format. Let us leave categories for the reasoning of the philosophers.

Once we discover our «format», we should not let go of it; we should run fast with it —lest the doubt catch up with us— as far as it takes us. Meanwhile, we should fly over the scenery without neglecting our surroundings, nor desregarding life, nor forgetting to breathe and take a breath. Because it is about enjoying, and enjoying what is ours, what the head and body asks us to do. At some point we may need to silence that «format» for a while, and it will be good. Or we may even want to silence it for the rest of our lives, and that will also be good, because it will be necessary for us to do so. Expression is a necessity: it arises from necessity and it disappears in necessity too.

With eternal affection,

Your admirer

¿De qué va la Odisea?

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing
©Rubal
La ira de Poseidon contra Odiseo después de que este deja ciego a su hijo, el cíclope Polifemo. Este incidente retrasa «un poco» más el regreso de Odiseo a Ítaca.

Poseidon’s wrath against Odysseus after the latter has blinded his son, the one-eyed giant Polyphemus. The return of Odysseus to his home in Ithaca is therefore a little delayed.
©Rubal
Penélope teje y desteja un sudario para el rey Laertes durante veinte años para evitar caer en manos de cualquiera de sus pretendientes. La idea es que no podrá aceptar ninguna propuesta —en ausencia de su marido, Odiseo— hasta terminar dicha tarea. Eso les dice. Fiel a su pareja, desteje el paño a escondidas hasta que el engaño es descubierto. Afortunadamente, Odiseo llega a tiempo…

Penelope weaves and unweaves a shroud for king Laertes to avoid her suitors. The idea being that she will not be able to accept a marriage proposal from any of her suitors —in the absence of her husband, Odysseus— before she gets to finish such task. That’s what she tells them. Loyal to her partner, she undoes the shroud when unseen, but eventually the deceit is disclosed. Fortunately, Odysseus comes in time…

¿De qué va la Odisea? ¿Del viaje o de la espera?

Son veinte años de ausencia y veinte años de espera. Veinte años…

Con frecuencia se cree que la aventura está en el viaje, en la marcha, en la huida, en el distanciamiento. Sin embargo, mientras transcurre el viaje, la marcha, la huida, el distanciamiento, ¿qué ocurre con los que se quedan esperando la noticia del regreso? Son veinte años de fortaleza interior. Las pruebas de trabajo o dolor de una persona que viaja son las mismas pruebas de trabajo y dolor de la persona que permanece.

Entonces, dónde está realmente la «odisea»?


What is the Odyssey about? Is it about the journey or the waiting?

Twenty years of absence and twenty years of waiting. Twenty years…

Adventure is often believed to be in the journey, the leaving, the escape, the distance. However, while the journey —the leaving, the escape or the distance— takes place, what happens to those who are left to wait for a piece of news of the return? It is twenty years of inner strength. The toil and pain of a person who travels are the same as the pain and toil of the person who stays.

So, where is actually the «odyssey»?


This one goes for you, Outosego, who, of all I have met in these whereabouts, is more likely to get a better picture of the Odyssey (and its alternate ending), at least of the wonderful land where the story takes place.

Viento de septiembre

Mi prosa / My Prose, Paisaje urbano / Urban Landscape

CAMBIO

Los wind chimes, o carillones de viento, andaban como locos. El sonido a través de la grabación asemeja una cristalería en «crisis», pero en la realidad, cuando pasaba por la acera donde estaba el puesto era algo indescriptible al oído. Pura magia del aire. Y como no quiero ponerme poética, porque tampoco me lo da el día, prefiero dejarlo en la imagen. Es el viento de septiembre. Es el anuncio de un cambio.

VIENTO DE SEPTIEMBRE
CAMBIO

De la calle de la Alameda a la Cuesta de Moyano

Cruce de caminos / Crossroads, Paisaje urbano / Urban Landscape

No soy fotógrafa, pero disponer las imágenes en este espacio, como en un álbum, da sentido a una jornada y una experiencia que existió la semana pasada. Hacía mucho tiempo que no andaba por el Barrio de las Letras, en Madrid, así que…

Calle de San Agustín. Al fondo, perpendicular a la misma, corre la calle de Lope de Vega. A la izquierda la imagen de Miguel de Cervantes, de cuya cabeza emergen Don Quijote y Sancho Panza.

Mi recorrido se dio por buscar un libro. Desde la calle de la Alameda hasta la calle de la Magdalena. Desde la librería La Fábrica hasta la librería Sin Tarima Cogí el Google Maps y me dejé llevar. No se puede andar por Madrid, por esos lares más antiguos, creyendo que vas a encontrar paralelas y perpendiculares. Es un territorio donde la construcción siguió su propio antojo. Un patchwork de ladrillo y adoquines.

Andando con el móvil en la mano, mirando la pantalla para ver por dónde la lucecita azul, es decir, mi yo virtual se movía y a dónde se dirigía… En fin, me quedé frente a este edificio, poco antes de cruzar la calle de Atocha. Si me dicen que estoy en Toledo o en Segovia, me parecería lo mismo. Sabía que era Madrid porque no había cogido el tren por la mañana. Había llegado andando. Pero por cómo me movía, buscaba y sacaba fotos, parecía una turista.
Por mí, perfecto 🙂

Por supuesto, la lona verde, perteneciente a una obra de fachada, en la parte superior de la izquierda, lo delata todo. No había duda. Estaba en Madrid.


Ya de vuelta de la segunda librería y con el ejemplar en la mano, en la mochila, tiré por la calle de Atocha —una calle que recorrí muchas veces durante mis años de instituto y alguno de carrera— hasta llegar a la Cuesta de Moyano. Era mi territorio en aquella época, hace mucho tiempo.


Te dedico esta entrada, Evavill, ya que fue por buscar tu libro, Primer párrafo, que pude volver a recorrer este camino rememorando parte de mi pasado.

Variaciones sobre un tema

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Variaciones de color naranja sobre fondo marrón ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

1

Cosas que no me interesan:
Mirarme en un espejo muy de cerca
y perder la noción del tiempo.
Borrar los límites de mi contorno
y emborronar el espacio negativo
que no ocupa mi presencia.
Omitir el sonido del discurrir en mi cabeza.
Olvidarme de cerrar los ojos,
parpadear siquiera.

2

Cosas que no me interesan:
En un espejo mirarme

de cerca;

perder la noción del tiempo

y anular

el espacio negativo
que no ocupa mi presencia;

omitir

el discurso de la mente,

y evitar

que los ojos se ensombrezcan.
Ni un parpadeo siquiera.


1

Things I am not interested in:
Looking at myself into a mirror,
very closely, and losing track of time.
Clearing the boundaries of my contour
and blurring the negative space that
my presence does not occupy.
Skipping the rumour in my head.
Forgetting to close my eyes,
or even blink.

2

Things I am not interested in:
Looking at myself into a mirror,

closely;

losing track of time

and removing

the negative space that
my presence does not occupy;

omitting

the speech of the mind,

and preventing

the eyes from darkening.
Not even a blink.

©Rubal

El asistente médico espiritual

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose
Lápiz, grafito, lápiz de color ©Rubal (Septiembre 2019)

X estaba recostada sobre el asiento con los brazos extendidos hacia delante y apoyados sobre la mesa electrónica delante de una caja de pastillas. En la pantalla, el asistente médico espiritual sonreía.

—Lo puedes tomar como un paracetamol de un gramo. A cada seis u ocho horas mínimo. Calculas el tiempo y te da para hacerlo hasta tres veces al día, procurando que no sea durante un tiempo demasiado prolongado —dijo el asistente.

—¿Y si me paso?

—Si te pasas, te acostumbras.

—Pero no sería peor que el duelo.

—No me refiero a que te acostumbres como adicción, sino que deje de hacerte el mismo efecto.

—Pero no puede ser peor que el duelo, ¿no? Quiero decir que habrá una alternativa, un refuerzo…

—Sup…ngo…

—Es cuestión de ver qué compensa al final, ¿verdad? —insistió X.

—Su…png…

—¿Me oyes?

—Ssss…pnnn…ooo…

—¿Me oyes?

Una lluvia de cuadraditos de colores desfiguró la sonrisa del asistente, y al cabo de brevísimos segundos, cubrieron la pantalla entera.

Escrito en octubre de 2018 ©Rubal

Luz

Bilingüe/Bilingual, Mi poesía / My Poetry

Amo la luz, la luz del mediodía,
luz de la tarde, de la mañana, y
por la noche, cuando se marcha,
la quiero, la quiero aún más todavía.

No me importa la noche
que me priva de luz sin permiso.
No me importa el alba
que me devuelve la luz sin rencor.

Me importa que llegue el momento
en que sus motitas luminosas,
sin motivo y porque sí,
no regresen más algún día.


I love the light, the light of noon,
the light of the afternoon, of the morning,
and at night, when it leaves the day,
I love it, I love it even more.

I don’t care about the night
that deprives me of light without permission.
I don’t care about the dawn that repays
me the light with no remorse.

I care about the time when
its luminescent spots,
for no reason and outright,
do not come back one day.

©Rubal

La palabra precisa

Bilingüe/Bilingual, Cruce de caminos / Crossroads, Dibujo y color / Drawing and Colour
Inspirado en las imágenes compartidas por El bosque silencioso ©Rubal
(Acrílico sobre papel figueras)

Antonio Pavón Leal del blog El bosque silencioso compartió unas imágenes me inspiraron para hacer esta pintura en acrílico sobre papel figueras. Espero que tengáis oportunidad de visitar la entrada donde aparecen porque merecen la pena. La luz, ese azul, esas ramas enredándose en el aire… Gracias, Antonio, por compartirlas 🙂

Aquí dejo unas palabras dedicadas:

La palabra precisa
llega a la tinta.
Tú, aún, en el aire.


The precise word
reaches the ink.
You, though, in the air.

©Rubal

El universo en blanco

Sin categoría

Verónica tenía letra de monja, y como era de esperar, acabó en un convento. Solía blandir el lápiz contra el papel para crear un surco profundo en el margen izquierdo de su diario. De ese modo expandía su deseo sin que nadie pudiera localizarlo.

Abría y cerraba libretas según consumía los sueños que le acosaban en mitad de la noche o del día, como si fueran tickets de compra. Bajo prescripción médica del alma, le aconsejaron que no dejara detalle vivo a la intemperie, que empuñara el grafito toda vez que asomaran a su cabeza, ya fuera que estuviera durmiendo o sufriera de insomnio. Lo esencial atacaba al recuerdo y a la imaginación, y para ambos casos no habría una circunstancia exacta o propicia para la cura. Debía escribir o moriría de depresión nostálgica. Pero hacía tiempo que Verónica no hacía caso del sano consejo del gurú de las letras y los significados. Los pensamientos se arremolinaron entorno a las posibilidades pasadas, y de ese modo, sucumbió a un sinfín de excusas en blanco.

A los dos días de encontrarla en su celda, muerta por un infarto cerebral, la madre priora del convento descubrió el último de los cuadernos que Verónica guardaba debajo de su almohada. Lo atesoró bajo los pliegues de su hábito y esperó una semana para leerlo. Al cumplirse el último minuto de su promesa, sin más demora que un segundo y medio, la madre priora lo abrió por la primera página. Con los ojos secos por el asombro, contempló un infinito universo en blanco tan solo delimitado por una honda zanja de esperanza en el margen izquierdo.

Escrito en algún momento del verano de 2016 ©Rubal

(679) – Emily Dickinson

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

La mayoría de encuentros o descubrimientos con poetas han sido tardíos para mí. Con frecuencia, sin embargo, he oído hablar de Emily Dickinson. Desde luego no en mis estudios de lengua inglesa, porque dependía del profesor que te tocase y de sus gustos —al mío le entusiasmaba Walt Whitman y poco más—, sino más tarde. A pesar de ello, no fue hasta hace poco que me quedé fascinada por la «persona» de la poeta. No sé cuánto de verdad hay en el mito acerca de su vida, de que apenas salió de su casa, de su dormitorio, y de que no editó (a excepción de algún caso) ninguno de sus poemas, y de una serie de cuestiones alrededor de su credo sobre la vida, la escritura de su poesía, que encierran, para mí, un aura mística ligada a la tierra. Esto último es muy propio de la época literaria de parte del siglo XIX en Estados Unidos —es ese movimiento que llaman «Transcendentalism»—, pero en Emily Dickinson se hace patente. Al menos en la figura que nos muestran los manuales y biografías. Vi, además, no hace mucho una película, Historia de una pasiónA Quiet Passion— dirigida por Terence Davies y protagonizada por Cynthia Nixon en el papel de la poeta, que ilustra muy bien la leyenda. El arte de Terence Davies me acercó más aún a las palabras de Emily Dickinson.

De todas formas, agradezco haber descubierto su poesía más tarde porque no creo que hace treinta años hubiera sabido apreciarla de la manera en la que la aprecio ahora.

Sus poemas están numerados, sin títulos.

«(679)

Cuando la noche casi ha terminado
y está tan cerca ya el amanecer
que se vuelven palpables las distancias
es el momento de alisarse el pelo,

retocar las mejillas, preguntarse
si de verdad debió de preocuparnos
esa antigua, borrada medianoche
que una hora antes nos estremeciera.»


El poema en su inglés original:

«(679)

When night is almost done,
And sunrise grows so near
That we can touch the spaces,
It’s time to smooth the hair

And get the dimples ready,
And wonder we could care
For that old faded midnight
That frightened but an hour.
»

Fuente de procedencia de la traducción y del inglés original: Publicación original de la Editorial Renacimiento (2016). Traducción de José Cereijo y María Taibo.

Poetas pequeñas

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Lápiz y lápices de color ©Rubal

A las poetas pequeñas que escuchan,
que se dejan invadir por sus voces,
que no temen al lápiz o a la pluma,
o a la hoja que ensuciar no permite,
y con fuerza acometen los días,
con el acto, la idea o la palabra,
la feroz contienda de sus errores,
sus menudos deseos y esperanzas,
las indómitas treguas y derrotas
de su interior sometido a prueba
a lo largo de sus capaces vidas.
Para todas ellas, que son pequeñas.


To the little women poets who listen,
who let themselves be invaded by their voices,
who do not fear the pencil or the pen,
or the blank sheet that avoids the dirt,
and struggle through the days,
with the act, the idea or the word,
the fierce contest of their mistakes,
their small desires and hopes,
the untamed truce and defeat
of their interior ever on trial
all along their capable lives.
To all of them, who are little.

©Rubal

Poiesis

Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing

La «poiesis» es el término griego que comprende el concepto de creación. Esto se lo leí por primera vez a George Steiner en una de sus maravillosas obras, Presencias reales. Aun así, todavía me quedaba la duda de si se refería a la poesía tal y como se ha entendido tradicionalmente (más o menos el género lírico) o si se refería a la creación artística en toda su extensión.

Presencias reales. Escrito por George Steiner y publicado por la editorial Destino (1992)

No fui una estudiante aplicada ni de niña ni de adolescente, por lo que es probable que en algún caso me hubieran hablado de estos conceptos y que yo no les prestara atención. Nunca he profundizado en la poesía que nos enseñaban en el colegio, en el instituto. Y la verdad es que, por lo general, todo se reducía a los cuatro o cinco nombres prominentes; fechas colindantes que marcaban el final y el principio de distintas épocas; una o dos generaciones espontáneas de fenómenos —del resto, si existieron, no importaron—; resúmenes de las introducciones de las sempiternas ediciones críticas (Castalia, Cátedra, Gredos, etc., ¿a quién puede no sonarle?) y una pasable nota después de aprenderme cuatro líneas claves uno o dos días antes del examen, que se inflaban en la hoja gracias a la capacidad de improvisación sin que rezumara demasiado conocimiento. Perorata de papagayos. Todavía no clavo las fechas de los períodos artísticos ni de los autores ni de las generaciones, salvo las que llevan incorporada la fecha —desconozco la plana completa de quienes las integraban—. Pero de la poesía como hecho, como «poiesis», como creación, yo no oía nada. No quiero ser desagradecida; quizá no prestara la suficiente atención, como ya he dicho.

Llegó después la carrera. Me definí como estudiante de Filología por aquello del inglés y porque estaría así próxima a los libros. Poco más razonamiento puedo darle a mi decisión. Tampoco en los años de universidad atisbé signo alguno de la «poiesis». Es cierto que me daba por escribir poesía —ya lo hacía desde antes—, pero era más bien una pulsión. Aparecía cuando no dibujaba, o no leía, o no escribía mis muchos cuadernos de experiencia, o no realizaba mis pinitos en la construcción de pequeñas historias. Sin embargo, no me detenía a observar si cumplía con una métrica determinada —yo no dominaba ese conocimiento—. Me dejaba llevar por un ritmo y a veces, por casualidad, me encontraba con una rima, intentando evitar la que sonaba manida. Pero de ahí a conocer la métrica antigua, la clásica, las derivaciones de ambas, las innovaciones posteriores, las características de la creación poética, sus géneros o variantes, las implicaciones derivadas de distinguir entre poesía y prosa, etc., etc.,… Sobre todo, el conocimiento ampliado de la existencia de poetas —mujeres y hombres—, de evoluciones, de consideraciones contemporáneas acerca del quehacer poético; de todo esto sabía poco o nada. Una total ignorante, que sigo siendo, aunque en menor medida.

Insisto en que no le culpo a nadie. Podría ser desinterés. Pero, ¿cómo se puede sentir desinterés y a la vez escribir poesía, o esa suerte de líneas que juntas en una disposición concreta —en una columna— parece no sonar tan mal al oído? Esto es lo que me ha costado comprender durante mucho tiempo. Hay un misterio encerrado en esta contradicción que puede que se me desvele en algún momento. Esta es mi particular búsqueda últimamente.

En cualquier caso, lo bueno de buscar es la búsqueda misma, y lo más interesante es hallar en las pequeñas, humildes, cosas. Esto es lo que me ha ocurrido al leer Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena Medel.

He leído este ensayo muy lentamente. Ya es el segundo libro publicado por la editorial Ariel que no me ha dejado indiferente —el primero fue Sobre el bloqueo del escritor de Victoria Nelson—; anoto esto como curiosidad solo.

Todo lo que hay que saber sobre poesía de Elena de Medel es una sencilla forma de presentar la evolución de la poesía. Muestra de una forma dinámica y atractiva el repertorio más prominente de autores en este género. De hombres y mujeres por igual, dentro de lo que la historia ha permitido. Destacando los olvidos sin neutralizar lo conocido. No tiene pretensiones de obra magna; es evidente. Pero sí es un catálogo que trata con justicia los elementos de que se compone, abarcando desde los primeros tiempos de que se tienen datos (a.C.) hasta nuestros días. Así he descubierto la poesía cinética, la digital, la ciberpoesía, la del algoritmo, etc. Y aunque el término «poesía» inunda todo el ejemplar de principio a fin, probablemente en el sentido en el que se nos ha dado a conocer, esto es, desde la enseñanza programada del sistema establecido de turno, yo aquí sí he atisbado, por fin, ese concepto de «poiesis» o creación que anega la escritura creativa en todas sus vertientes y no solo la que se refleja en el llamado género lírico, ese que se debate constantemente entre alinearse en una columna o puja por expandirse en un párrafo.

A pesar de la sencillez de esta obra, he encontrado en ella un estímulo para seguir conociendo, y conociendo, además, de una forma ordenada y tranquila. Un estímulo para seguir conociendo y para seguir haciendo, o siquiera solo para seguir leyendo y disfrutando de las enormes posibilidades y variantes de la expresión «poética» o «poesía».

Sigo sin saber si George Steiner, en sus Presencias reales, se refería a la poesía en sí al hablar de «poiesis», o a la creación artística en toda su extensión, pero por lo menos ya tengo una senda por la que empezar a caminar.

Todo lo que hay que saber sobre la poesía. Escrito por Elena Medel y publicado por la editorial Ariel (2018)

Artesanía

Cartas / Letters

Carta – 8

Querido escritor/a

He asistido a clases de literatura, a talleres de escritura y he leído ensayos donde ha surgido la eterna y extraña pregunta —como si del origen de la humanidad se tratara— de qué es «poesía». Las respuestas, desde luego, resultaban atractivas, filosóficas y metafísicas. Pero lejos de perseguir quimeras en lecciones de estética, yo siempre he esperado recibir señales más prosaicas, más ceñidas al quehacer real de una artesana, a la lengua que se manipula, a lo que funciona o no funciona en un ritmo determinado, a lo que suena o no suena bien dentro de una corriente melódica. Y aunque no voy a negar que a veces me gusta andarme por las ramas, estar en la parra y subirme a las alturas del Olimpo, sin derecho de entrada, más me hubiera gustado haber vivido, o vivir, esa experiencia científica y terrenal del laboratorio clandestino donde todo consiste en hacer prueba, error, prueba, error y, si acaso finalmente, hallazgo, aunque ni esto haga falta.

Con afecto eterno,

Una admiradora

El color de las cosas

Bilingüe/Bilingual, Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi poesía / My Poetry
Impatiens Wallerana. Acuarela ©Rubal.o

No sé dónde está el color de las cosas,
ni el trazo de los pensamientos buenos;
mis ojos no alcanzan a comprehenderlos,
solo me dejo llevar por su sombra.

Desato y despliego estas dos manos
—en una tibia mañana de acero
bañada en agua de eterno recuerdo—
y abordo la hoja con un fin lejano.

Este es el día en el que yo me olvido
de aquellos que no moran en mi casa,
de los que muestran sus gestos omisos.

Regresa pues mi labor de artesana
para encontrar los instintos más finos,
pensamientos y colores que sanan.


I don’t know where the color of things is,
nor the trace of good thoughts;
My eyes fail to aprehend them,
I let myself be carried away by their shadow.

I unfold and unleash these two hands
—on a warm steely morning
drenched in water of eternal memory—
and I approach the paper with a distant purpose.

This is the day when I forget those
who do not dwell in my house,
those who show their neglectful gestures.

I then return to my work as a craftswoman
to find the finest instincts,
healing thoughts and colours.

©Rubal

El humor – Cantinflas

Mis temas favoritos / My Favourite Topics

El humor, qué bárbara cualidad para el ser humano. En serio…

Precisamente, ayer por la noche pusieron la película basada en la vida de Mario Moreno, «Cantinflas», —bueno, parte de ella—, dirigida por Sebastián del Amo y protagonizada por Óscar Jaenada. Me quedé viéndola, sobre todo, porque me encanta el personaje de Cantiflas y sus películas. Horas después veo que Julie Sopetrán, en algún lugar de la blogosfera, comparte este vídeo. No he podido resistirme a «tomarle» la idea porque me encanta la escena. ¡Gran Cantiflas! ¡Gracias, Julie, por compartirlo!

Como decía el maestro: «Pues ahí está el detalle».

Su excelencia. Película dirigida Miguel M. Delgado en 1966 y protagonizada por Mario Moreno, «Cantinflas».

The Road Not Taken – Robert Frost

Bilingüe/Bilingual, Incapaz de reseñar / Incapable of Reviewing
Imagen ©Rubal

Debo confesar que, aunque no creo en los talleres de escritura, sí he asistido a unos cuantos; ha sido siempre por razones ajenas a las de aprender a escribir y nunca lo he hecho del tirón un curso entero. En cualquier caso, he obtenido beneficios y uno de ellos fue conocer la poesía de Robert Frost. Todo surgió a raíz de un ejercicio de escritura que nos propuso el que era entonces, hace dos años, nuestro profesor. Fueron momentos extraños. No fui una alumna regular porque las circunstancias familiares no lo permitían y, sin embargo, procuré no perder la pista de esas sesiones donde la cabeza podía morar por unos minutos en otra parte. No me resultaba fácil, pero era mejor que nada. En una de esas ocasiones en las que asistí, cayó un ejercicio curioso. Se trataba de leer el poema de Robert Frost —que anoto a continuación— y recrear a partir de él una historia donde cada uno de nosotros fuéramos los protagonistas. Si lees el poema, verás que en un momento dado el personaje debe elegir el camino a seguir, y que después de hacerlo duda de la decisión tomada. Se trataba de ponernos en su misma situación y ver qué se nos ocurría. Algo así. Yo escribí el texto que se llamaba Difference.

«EL CAMINO NO ELEGIDO

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, 
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie 
Mirando uno de ellos tan lejos como pude, 
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente, 
Y habiendo tenido quizás la elección acertada, 
Pues era tupido y requería uso; 
Aunque en cuanto a lo que vi allí 
Hubiera elegido cualquiera de los dos. 

Y ambos esa mañana yacían igualmente, 
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día! 
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante, 
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos. 

Debo estar diciendo esto con un suspiro 
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, 
Yo tomé el menos transitado, 
Y eso hizo toda la diferencia.
»

Versión en español de Agustí Bartra (Fuente de procedencia: http://amediavoz.com/frost.htm#EL%20CAMINO%20NO%20ELEGIDO )

El poema en su inglés original:

«THE ROAD NOT TAKEN

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.
»

(Fuente de procedencia: https://www.poetryfoundation.org/poems/44272/the-road-not-taken)