Anhelos y conciencia

Dibujo y color / Drawing and Colour, Mi prosa / My Prose
©Rubal

Me he dado cuenta de que me he pasado toda la vida, prácticamente, pensando que me gustaba escribir, pero acabo de descubrir que no era cierto. Me gusta escribir, sí; pero no me gusta tanto inventarme historias. Porque una cosa es que tengas la capacidad de montarte una historia, o una película, sobre algún tema en la cabeza, o bien que seas un gran lector de cualquier cosa, casi, y que por ello te apetezca alargar las tramas in aeternum o ad infinitum —mira qué bien me ha quedado—, y otra cosa muy diferente es que te apetezca o te figures que quieres escribir. No podría haber imaginado en el pasado el beneficio y el alivio que esta toma de conciencia me brindaría en el futuro. Qué descanso. Ahora leo con mucho más placer y leo, y veo, lo que me da la gana, incluyendo lo que «intelectualmente» se consideraría más patético.

Hace unas cuantas entradas dije que no podría participar con la regularidad con la que me gustaría en WP, porque había retomado mi actividad laboral después de una larga sequía. Creo que en el fondo lo que me pedía era hacer lo que me diera la gana cuando me diera la gana hacerlo. Creo que estaba ya tomando conciencia de algunas cosas que llevaba arrastrando desde vete tú a saber cuándo —aunque lo sé— y quería sacudírmelo de aquella manera, publicando en un espacio compartido, donde probablemente no tengamos tanto tiempo para leer tanto, pero sí ganas de sociabilizar a nuestra manera o de darnos a conocer, a veces con cierta desesperación por la incomunicabilidad de la propia sociedad de la que formamos parte.

La realidad es que no me importa si no puedo publicar con regularidad, porque lo hago cuando me apetece. Mi ritmo de trabajo de ahora me ha permitido priorizar y darme cuenta de qué me hace disfrutar. Antes me dedicaba a lo mismo, mis clases de inglés, pero siempre andaba con una esperanza, con asir algo que se me escapaba. Desde luego en cuanto escritura, siempre me andaba con ese rollo de que tenía esa «historia» en la cabeza que un día debería sacar. Menos mal que pasó. Durante unos años después, en dique seco en lo laboral forzosamente por la familia, las cosas se alborotaron en mi cabeza, pero finalmente y en este momento presente, al entrar de nuevo en un aula o al enfrentarme a un alumno en sus necesidades particulares, me recordó lo bien que me sentía en esos instantes. Solo puedo compararlo a cuando dibujo. Me pierdo y me desvanezco. Me olvido de mí misma para ceder ante lo que surge. No me ocurre cuando escribo. Es tan sencillo como eso. Encontrar tu elemento.

Daría lugar a páginas para hablar de encontrar tu propio elemento —psicoanálisis no, por favor, a estas alturas; no me interesa— y ya alguien como el especialista en educación Ken Robinson ha dedicado casi una vida entera de libros y conferencias hablando al respecto, así que para qué intentar repetirlo. Me basta con tomar conciencia de ello.

Por haber encontrado mi elemento y por volver a disfrutar de aquellos que sí escriben con vocación de fabular y hacerme soñar y olvidarme de mí misma cuando los sigo en sus tramas e historias, por todo ello, he podido ver que la regularidad con la que te dedicas a hacer algo, sea publicar en WP o socializar en la calle o en el propio hogar, no siempre depende del tiempo, sino de estar en sintonía con tus deseos o anhelos y con tu propia naturaleza.